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Argentina envía quinua al espacio para estudiar cómo sobrevivir en ambientes extremos

La quinua argentina inicia un viaje inédito que podría redefinir el futuro de los alimentos. El INTA detrás de esta iniciativa.

En un cruce cada vez más frecuente entre la ciencia espacial y la producción agropecuaria, una iniciativa internacional pondrá en órbita semillas de quinua desarrolladas en la Argentina. Se trata de la variedad Morrillos (Chenopodium quinoa), un material genético conservado y caracterizado durante más de una década por investigadores del INTA, que ahora será protagonista de un experimento destinado a comprender cómo responden los sistemas biológicos a condiciones extremas fuera del planeta.

La elección de esta planta nativa de los Andes no es casual. Su capacidad para adaptarse a ambientes hostiles —con alta salinidad, sequías prolongadas y marcadas amplitudes térmicas—, sumada a su elevado valor nutricional, la convierten en un modelo ideal para estudiar tolerancia biológica bajo estrés. En este sentido, el espacio aparece como un laboratorio natural único: allí se conjugan factores como la radiación intensa, la escasez de agua y las condiciones térmicas extremas, imposibles de replicar con exactitud en la Tierra.

Una red científica que trasciende fronteras

La experiencia forma parte de una red científica internacional que articula el trabajo de la Universidad de San Pablo-T, representada por los investigadores Matías Rhomer y Catalina Lonac, junto con equipos técnicos del INTA en San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y diversos socios del exterior. El objetivo común es ambicioso: generar conocimiento que no solo aporte a futuras misiones espaciales, sino que también impulse innovaciones en la agricultura terrestre.

Las semillas serán integradas en una cápsula especialmente diseñada para registrar variables ambientales durante el vuelo. Este tipo de ensayos permite analizar cómo influyen factores como la radiación en la viabilidad, el desarrollo y la genética de los organismos vegetales. La investigación no parte de cero: desde 2019, el equipo viene trabajando en colaboración con la Universidad de York, en Canadá, donde ya se realizaron estudios sobre semillas expuestas a irradiación energética comparable con la del espacio. Los primeros resultados, publicados en 2022, abrieron nuevas preguntas sobre los mecanismos de adaptación de las plantas.

El envío del material vegetal se formalizó mediante un Acuerdo de Transferencia y Evaluación de Material (ATM) entre el INTA y la Orion Space Generation Foundation. Este convenio no solo establece el uso exclusivo del material para fines científicos, sino que también garantiza la trazabilidad, la confidencialidad y la protección de los recursos genéticos involucrados, un aspecto clave en tiempos de creciente interés global por la biodiversidad.

Del espacio al campo: impacto en la agricultura

Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA, subrayó la importancia de este paso en la trayectoria institucional. Según expresó, la participación en este proyecto internacional refleja años de trabajo en la caracterización y mejoramiento de recursos genéticos vegetales. Además, destacó que la iniciativa abre nuevas oportunidades de colaboración científica y posiciona a la Argentina en un campo de investigación de frontera.

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El experimento busca revelar cómo responden las plantas fuera de la Tierra y aplicar ese conocimiento en la agricultura.

Desde el equipo técnico, Lucas Guillén —uno de los investigadores del INTA San Juan— explicó que la quinua ofrece un modelo excepcional para estudiar la resiliencia vegetal. “Es una especie extremadamente resistente. Entender cómo responde a condiciones de alta radiación y estrés puede generar información clave para el desarrollo de cultivos más adaptados a escenarios futuros”, señaló.

Este punto resulta especialmente relevante en el contexto del cambio climático, donde la producción agrícola enfrenta desafíos crecientes. Los conocimientos obtenidos a partir de estas experiencias podrían trasladarse a programas de mejoramiento genético, orientados a desarrollar variedades capaces de sostener rendimientos en ambientes cada vez más exigentes.

El proyecto es coordinado por la investigadora tucumana Pamela Such Stelzer, vinculada al SETI Institute y a la Universidad de San Pablo-T. Su trabajo se centra en el desarrollo de tecnologías para el aprovechamiento de recursos in situ en la exploración espacial, un campo que combina biología, ingeniería y ciencias planetarias.

Así, una semilla nacida en los Andes argentinos se proyecta más allá de la atmósfera terrestre. En ese viaje, no solo lleva consigo información genética valiosa, sino también la promesa de respuestas que podrían transformar tanto la exploración espacial como la forma en que producimos alimentos en la Tierra.

Fuente: INTA con aportes de Redacción +P.