“Hace un año y medio que el INTA viene reduciendo su personal. Hoy tenemos mil personas menos”, retrucó Pereda, quien no solo negó el supuesto exceso de personal, sino que también explicó que los vehículos son “herramientas de trabajo” indispensables para desarrollar tareas de investigación y extensión rural en todo el territorio nacional. “No son un lujo”, subrayó.
El funcionario también se refirió a su propia designación como director nacional, aclarando que fue producto de un concurso público y no de una designación arbitraria, como insinuaron desde algunos sectores del oficialismo. “Mi nombramiento fue legítimo. Es parte del modelo institucional que garantiza la independencia técnica del INTA”, señaló.
Uno de los puntos más delicados de su intervención fue la denuncia de un intento del Ejecutivo por modificar la composición del directorio del INTA para tener mayor control político sobre sus decisiones. En este sentido, Pereda advirtió que se trata de una jugada peligrosa que amenaza con romper la estructura histórica del organismo, construida con un equilibrio entre actores públicos y privados del sector agropecuario. “El INTA no perdió el foco en 70 años gracias a esa estructura. Nunca tuvo un crecimiento desmedido de personal”, aseguró.
Además, expresó su preocupación por el proyecto del Gobierno de vender unas 100 mil hectáreas productivas pertenecientes al INTA. Estas tierras, distribuidas en distintos puntos del país, son utilizadas para actividades de investigación y desarrollo tecnológico, y resultan claves para sostener la productividad y la innovación en el agro argentino. “Esto va mucho más allá de un recorte: es un vaciamiento”, lamentó.
Durante la entrevista, Pereda también hizo referencia a la situación general del sistema científico nacional, en sintonía con los reclamos que vienen expresando trabajadores del CONICET, del Hospital Garrahan y de otras instituciones afectadas por los recortes. “Yo soy investigador del CONICET además del INTA. Estamos viviendo un cientificidio, con sueldos paupérrimos y una destrucción sistemática de instituciones fundamentales para el desarrollo del país”, afirmó.
Las declaraciones de Pereda, que ya habían sido adelantadas por el portal especializado Bichos de Campo, reflejan la tensión creciente entre el Gobierno de Javier Milei y los organismos científicos y tecnológicos, que denuncian una política de ajuste que amenaza con desmantelar décadas de conocimiento acumulado y servicios públicos estratégicos.
En ese contexto, el INTA se encuentra en una encrucijada: mantener su autonomía técnica y su misión histórica al servicio del desarrollo agropecuario o someterse a un proceso de transformación impulsado por criterios puramente fiscales. Para Pereda, la respuesta es clara: “No se puede pensar el futuro del campo argentino sin ciencia. Sin INTA, el país pierde una herramienta vital para su soberanía y su progreso”.