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Con mucho esfuerzo, destraban biocombustibles

Argentina destraba en el Senado el debate de biocombustibles, mientras EE.UU. y Brasil aceleran inversiones en un mercado clave y estratégico.

Mientras los Estados Unidos y Brasil aceleran su carrera en materia de biocombustibles, Argentina recién logra destrabar (después de un año de discusiones “formales”, 4 cuartos intermedios, y 7 proyectos de ley), el dictamen de comisiones que permitirá el tratamiento del proyecto de ley en el recinto del Senado, lo que ocurriría este mismo mes.

Después vendrá Diputados, y es probable que recomience entonces la peregrinación por los pasillos. Pero algo es algo, y el dictamen de las Comisiones de Energía, Presupuesto, y de Minería (no se sabe porqué no se convocó a Agricultura) constituyó una señal muy importante, aunque todavía no alcanza para destrabar las inversiones que se mantienen en compás de espera.

Según lo acordado hasta ahora, se suben los porcentajes de “corte” de los bio con los combustibles tradicionales; tanto el etanol (maíz y caña de azúcar) como el biodiesel (soja, otras oleaginosas de “seguridad” ) se mantienen dentro de una misma ley (aunque algunos pretendían separarlas), se aumentó el lapso de “protección” para las pymes, y todo en un marco tendiente a la liberación total del mercado en la próxima década.

“Es lo mejor que se podía conseguir”, reconoció un empresario de la agroindustria, por ahora, uno de los principales puntales de este rubro en el país, aunque no se descuenta que otros, como los procesadores y hasta las destilerías, puedan invertir a futuro también. Tal vez por eso no se escucharon mayores quejas de las empresas extractivas, y tampoco de las provincias a las que, incluso, se les da (en el dictamen) la potestad de aumentar el porcentaje de “corte” en sus territorios.

Pero el asunto es mucho más trascendente que una mera pulsada entre sectores empresarios, o regiones del país. Se transformó en toda una definición de estrategia política mundial frente a lo que ya se está viviendo, y no solo por la creciente presión ambiental que, a esta altura, no es discutible.

Es que si bien hasta no hace tanto el desarrollo de los biocombustibles aparecía más ligado a su competitividad con el petróleo, haciéndolo factible solo cuando el barril sobrepasaba los U$S 70, los últimos conflictos bélicos, especialmente el de Irán-Israel/EE.UU. pusieron en evidencia la “fragilidad” logística de todo el sistema tradicional, con el Estrecho de Ormuz a la cabeza, capaz de encarecer, pero también “desabastecer” de petroleo a vastas regiones del mundo.

El dictamen que reactiva el debate legislativo: Tras un año de discusiones, las comisiones de Energía, Presupuesto y Minería habilitan el tratamiento en el recinto del Senado.

Así, lo que era una tendencia paulatina en biocombustibles, lógicamente encabezada por los principales productores agrícolas del mundo, que tenían la materia prima “a mano”, se transformó en una necesidad estratégica que determina también un club al que muy pocos países pueden llegar a pertenecer, y Argentina es uno de ellos.

Tanto es así, que la evolución del mercado de Chicago viene marcando el ritmo del conflicto con Irán, al impactar sobre los precios, especialmente de la soja y el maíz, básicos para los biocombustibles más extendidos (aceites y alcohol), y arrastrados por el precio del barril de petróleo. Contrariamente, las distensiones periódicas entre los contendientes, provocan abruptas bajas.

Por supuesto, que la distancia de Argentina con los principales productores mundiales, y las demoras en que se sigue incurriendo, con las marchas y contramarchas históricas de la economía argentina (y las demoras legislativas), hacen que los inversores (locales y extranjeros), se muestren cautos hasta que no haya un marco mínimo y la seguridad jurídica suficiente para avanzar (el stand by en el Congreso en materia de propiedad privada, no contribuye tampoco).

Y, para dar una idea de las diferencias, reconociendo además, que Brasil es líder en la materia ya que su Plan de Alconafta es de la década de los ´70, y su porcentaje actual de “corte” supera el 30%, las posiciones en biodiesel serían: EE.UU. 91 plantas, Brasil 50 plantas, y Argentina 32.

En etanol, mientras tanto, Brasil se ubica primero con 370 plantas; EE.UU. casi 200 (y 50 más para el año próximo), y Argentina 18.

Etanol y biodiesel, bajo una misma ley: Se suben los cortes obligatorios, se extiende la protección a las pymes y se avanza hacia la liberación total del mercado en la próxima década.

Algunos datos interesantes son que EE.UU. ya tiene 19 plantas de “biojet” (biodiesel), o SAF, el codiciado combustible de aviación que tiene en jaque a la industria de la navegación aérea, sindicada como uno de los rubros de mayor contaminación ambiental a partir de los combustibles tradicionales. El atractivo es que el producto será de uso obligatorio (mundial) y tendrá libertad de mercado.

Por supuesto que Brasil no va a tardar en avanzar también en esta materia, mientras que Argentina tendrá que ir en esa línea, si la ley finalmente se sanciona ya que, entre otras cosas, es uno de los pocos países que puede crecer en forma consistente en la producción de las especies oleaginosas capaces de proveer los aceites de mayor octanaje y sofisticación (además de la soja y otros aceites vegetales). En la actualidad, la producción de carinata, camelina, colza, etc., que de ellas se trata, aunque aún es baja, se exporta íntegramente a Europa (como semilla) para ser procesada allí.

Otro atractivo adicional, es el aprovechamiento de la “burlanda”, subproducto del etanol de maíz, considerado como un suplemento de gran calidad para la producción de carne, lo que hace que muchos feed lots (engorde a corral) de los EE.UU. se ubiquen en cercanía de las plantas de bioetanol para aprovechar fletes con distancias cortas.

¿Esta sería una posibilidad adicional para los nuevos maíces de ciclo muy corto de la Patagonia?

En todo caso, la sinergia entre ambas actividades -energía bio + agroindustria-, en un país de gran experiencia en esta última, además de atraer inversiones, y generar más recursos, retroalimenta también a los rubros más tradicionales, mejorando su integración, aumentando la demanda de mano de obra, y podría elevar en forma significativa el ingreso de divisas.

EE.UU. y Brasil lo tienen muy claro…