La soja, el eslabón que frena la rueda
El análisis, elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso para IERAL de Fundación Mediterránea, descarta que el retraso sojero responda a un "efecto denominador". La producción estimada en 49,5 millones de toneladas está en línea con campañas anteriores, por lo que la demora refleja una desaceleración genuina de las ventas.
Detrás de esa decisión conviven varios factores: la mayor capacidad financiera de los productores para retener grano —gracias a los ingresos generados por cereales—, el cronograma de reducción de derechos de exportación anunciado por el Gobierno (que llevará la alícuota de la soja del 24% actual al 21% a fines de 2027 y al 15% en 2028), y el "valor de opción" que generan los antecedentes de rebajas transitorias, como la ocurrida en septiembre de 2025.
Tres escenarios para el cierre del año
El informe proyecta tres trayectorias posibles hasta el 31 de diciembre:
En el escenario de continuidad, que prolonga el ritmo actual sin cerrar brechas, las ventas del segundo semestre generarían US$11.592 millones de ingreso bruto y un valor potencial de exportación de US$14.252 millones.
El escenario de convergencia, que supone una aceleración de la soja hacia patrones históricos, elevaría el ingreso a US$13.881 millones y la capacidad exportadora a US$17.221 millones.
El escenario de adelantamiento, el más dinámico, llevaría los ingresos a US$15.313 millones y las divisas potenciales a US$18.380 millones.
La diferencia entre el escenario más conservador y el más optimista implica comercializar 13,2 millones de toneladas adicionales y sumar US$4.128 millones de capacidad exportadora extra.
Un impulso que trasciende al campo
Los autores subrayan que esta oportunidad cobra especial relevancia en un contexto de actividad económica debilitada: el EMAE retrocedió en abril y volvió a contraerse en mayo. Una aceleración de la comercialización, sobre todo de soja, movilizaría transporte, acopio, industria y servicios, además de reforzar la liquidez en las economías regionales y la oferta exportable.
El estudio aclara que no se trata de anticipar una reacción automática: la decisión de vender responde a una lógica intertemporal, sensible a precios, necesidades de caja y señales tributarias. Pero el potencial, insisten los autores, ya está producido y almacenado en los campos. Lo que resta definir es el momento en que se transformará en ventas, actividad económica y divisas.
FUENTE: Fundación Mediterránea con aportes de Redacción +P