El desafío de cultivar azafrán en Río Negro: ensayos clave en el Valle Inferior

Investigan la adaptación del azafrán en suelos del Valle Inferior. Un ensayo del INTA y la UNCo busca sumar esta alternativa para la agricultura familiar.

Trabajo en equipo: La ingeniera del INTA Teresa Doñate y la estudiante Mercedes Mollo Mamani lideran el ensayo de azafrán en el Valle Inferior.

¿Será posible el desarrollo de una especie tan preciada a nivel mundial como es el azafrán en suelos del Valle Inferior? La rotación de cultivos y la posibilidad de desarrollar producciones agropecuarias que abran nuevos mercados a nivel mundial hace ilusionar a muchos. La Patagonia sorprende cada día con la adaptación de especies que se creían exclusivas de regiones áridas y calurosas.

Impulsado desde el INTA por la ingeniera agrónoma Teresa Doñate y desarrollado por Mercedes Mollo Mamani, estudiante de la Universidad Nacional del Comahue, un ensayo de campo analiza la adaptación del cultivo a la zona. El objetivo es brindar a la agricultura familiar una alternativa artesanal y de contraestación para diversificar la producción hortícola.

La producción de azafrán (Crocus sativus) suma nuevos capítulos de ensayo agronómico en la provincia de Río Negro. Si bien existen antecedentes de cultivo sostenidos desde hace años en el Valle Medio y en la zona andina —como El Bolsón—, además de experiencias acompañadas por el INTA en Mendoza y Salta, la investigación suma hoy un proyecto específico adaptado a la realidad territorial del Valle Inferior.

Ensayo en marcha: El INTA y la UNCo evalúan la adaptación del azafrán a los suelos del Valle Inferior.

Esta línea de trabajo es impulsada por la ingeniera agrónoma Doñate, técnica del INTA, quien convocó a Mollo Mamani, estudiante avanzada de la Licenciatura en Gestión de Empresas Agropecuarias de la UNCo, para llevar adelante los ensayos de campo y la recopilación de datos técnicos.

Por tal motivo, Doñate adelantó que “nuestro objetivo principal es conocer cómo se adapta este cultivo a las condiciones climáticas y, fundamentalmente, a las características de nuestros suelos”, señaló.

El estudio busca determinar la factibilidad técnica y económica de incorporar esta especie como un cultivo de contraestación, capaz de aportar un ingreso complementario y optimizar el uso del suelo durante el otoño e invierno, período en el cual gran parte de las chacras de la zona permanecen en desuso o desocupadas.

Alternativa para la chacra: Buscan que la producción artesanal de azafrán sea un ingreso complementario para la agricultura familiar.

El reto agroclimático: suelo, frío y viento

En relación con los requerimientos del suelo, la técnica del INTA remarcó la importancia del tipo de terreno donde se desarrolla la experiencia: “El azafrán tiene requerimientos muy específicos, prefiere suelos sueltos, arenosos y con excelente drenaje”, señaló. En este orden, añadió que “ante la realidad de los suelos del IDEVI, que tienden a ser arcillosos y pesados, con el equipo del INTA se plantea este ensayo como una etapa de aprendizaje fundamental”.

A estas características del suelo se suma el monitoreo del clima local. Las observaciones del ensayo indican que el cultivo ha completado sus fases fenológicas fundamentales en la zona (siembra, brotación, floración, cosecha de estigmas y desarrollo vegetativo), demostrando buena resistencia a las condiciones de frío árido sin registrarse daños por heladas ni por quemaduras solares.

Sin embargo, dado que la especie es propia de climas secos y prefiere terrenos de muy buen drenaje, la presencia de temporadas atípicas con lluvias abundantes en combinación con suelos pesados representa el mayor factor de riesgo de pudrición de bulbos por anegamiento.

El desafío del terreno: Los ensayos analizan cómo responde el bulbo a los suelos arcillosos y pesados de la región.

La reproducción agámica y la barrera del tamaño del cormo

Uno de los ejes centrales explicados por Mollo Mamani radica en comprender la dinámica de propagación de la especie. Al tratarse de una planta estéril, el azafrán no genera semillas botánicas verdaderas, sino que se multiplica por vía agámica (vegetativa) a través de un tallo subterráneo con forma de bulbo denominado cormo.

Los ensayos en el Valle Inferior buscan ratificar y evaluar localmente una restricción fisiológica clave sobre la que previamente había informado el INTA Bariloche: los cormos pequeños no ofrecen posibilidades de futuro.

En las pruebas conducidas por las investigadoras se comprobó que los ejemplares de siembra inferiores a este peso no llegaron a florecer o generaron cormos diminutos que no se pueden reutilizar al año siguiente para la producción formal.

Como consecuencia no produjeron las hebras que es ni mas ni menos el condimento que conocemos como azafrán.

El proceso completo de cría de cormos bajo tierra demandará cerca de tres años. El hito clave del ensayo se situará hacia el mes de noviembre, cuando se desentierren los cormos para evaluar su volumen, peso final y tasa de multiplicación efectiva.

Cultivo de contraestación: El azafrán aprovecha las parcelas durante el otoño e invierno, épocas de menor actividad agrícola.

Aporte concreto a la agricultura familiar

El proyecto impulsado por Doñate y ejecutado por Mollo Mamani combina la investigación académica con un marcado perfil socio-productivo. Las labores del cultivo son de carácter predominantemente manual y artesanal, adaptándose de forma directa a las dinámicas de la agricultura familiar del Valle Inferior.

Debido a que el manejo no difiere notablemente del de otras hortalizas locales, los productores pueden emplear las mismas herramientas y conocimientos previos sin incurrir en grandes inversiones de capital. Sumado al valor agregado del producto, la investigación busca ofrecer una alternativa técnica sólida para diversificar la matriz hortícola regional y aprovechar las parcelas en las épocas de menor actividad agrícola.

¿El clima húmedo y los suelos arcillosos lo permitirán? Habrá que seguir ensayando.