A la hora de repasar los datos de la estructura del crecimiento por producto, se obtiene esta foto del sector: El trigo registró un crecimiento del 29% en volumen exportado y el maíz aumentó un 4%, mientras que la soja y la cebada también aportaron al alza general. Asimismo, el arroz informó un salto impresionante del 109%, el maní creció un 55%, la forestoindustria un 36%, y productos como girasol y limón subieron un 27% y 23% respectivamente.
Motores del incremento
Los subproductos —especialmente pellets de soja y girasol— subieron un 13% y 44% respectivamente, sumando más de 660.000 toneladas adicionales. El despacho de aceites vegetales también avanzó un 10%, con un alza del 13% en aceite de soja y del 36% en aceite de girasol.
Argentina exportó a 93 países, con Asia como el principal destino(48%), seguida por América (20%), África (18%) y Europa (13%). Vietnam lideró como receptor principal con 5,4 Mt (+4%), seguido por Arabia Saudita (3,4 Mt, +62%) y Brasil (3,1 Mt, +19%). China, en cambio, retrocedió un 40%, quedando en cuarto lugar..
¿Es el dato un reflejo del potencial real o un espejismo?
El crecimiento del 4,5% en volumen se presenta como una señal positiva, pero debe analizarse con cautela. El repunte estuvo claramente potenciado por medidas fiscales temporales: el alivio en retenciones generó un flujo acelerado de mercadería y liquidación de divisas.
Asimismo, muchos de los complejos con mayor alza responden a productos de menor escala o valor agregado —como arroz, maní o girasol— cuyo impacto macroeconómico difiere del peso que representan la soja o el maíz en ingresos totales.
La dependencia en mercados clave como Vietnam o Arabia Saudita es positiva, pero la caída en China alerta sobre la necesidad de diversificar aún más destinos.
Finalmente, aunque el sector generó ingresos históricos, restará evaluar el ciclo completo, incluyendo el segundo semestre, para determinar si estos volúmenes se mantendrán sin el incentivo fiscal o si se diluirán una vez que las retenciones se estabilicen.