Las exportaciones por el puerto SAE cierran otra compleja temporada
Con una caída del 22% interanual el puerto de SAE vuelve a evidenciar los desafíos estructurales del comercio frutícola patagónico.
El puerto rionegrino de San Antonio Este (SAE), tradicional punto de salida para la producción frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén hacia mercados internacionales, registró un fuerte retroceso en sus niveles de exportación durante los primeros siete meses del 2025. Según datos suministrados por la Terminal Portuaria Patagonia Norte (TPPN), al 31 de julio se habían embarcado un total de 113.400 toneladas de frutas y hortalizas, lo que equivale a aproximadamente 101.200 pallets.
Este volumen representa una caída del 22% en comparación con igual período del año pasado y un retroceso del 10% respecto del promedio quinquenal (2020-2024). Pero más allá de los porcentajes, la situación evidencia una tendencia sostenida a la baja que preocupa a productores, exportadores y operadores portuarios.
Para entender la magnitud del problema basta con mirar hacia atrás: en julio de 2005, las exportaciones desde SAE superaban los 507.000 pallets, casi cinco veces más que lo registrado este año. El contraste marca una pérdida de dinamismo alarmante para uno de los eslabones clave de la cadena agroexportadora patagónica.
Según explican empresarios del sector, este fenómeno se debe a una combinación de factores: problemas logísticos, menor disponibilidad de barcos, costos internos elevados y pérdida de competitividad frente a otros puertos regionales. El encarecimiento del transporte terrestre, los retrasos en la operatoria portuaria y las limitaciones para acceder a nuevos y tradicionales mercados agravan un cuadro que ya de por sí venía deteriorado.
Entre los productos que más se embarcan desde SAE, la pera sigue siendo la líder indiscutida, con una participación superior al 80% del total exportado. Sin embargo, este año las exportaciones de esta fruta han sido notablemente más bajas. Según la TPPN, se exportaron unas 97.000 toneladas de peras, lo que representa una caída del 28% interanual.
Esta merma equivale a unas 38.500 toneladas menos que las enviadas al exterior en igual período de 2024. Y la baja en los volúmenes tiene consecuencias directas en la rentabilidad del sector productor, que se ve forzado a buscar nuevos salidas para llegar a los mercados.
El desplome de las exportaciones a Brasil
Uno de los datos más impactantes del informe es la caída de las exportaciones de peras hacia Brasil, tradicional socio comercial y destino clave para la producción valletana. Mientras que en 2024 se habían exportado 17.700 toneladas al país vecino, en lo que va de 2025 esa cifra cayó abruptamente a apenas 46 toneladas. Esto significa un desplome del 99% interanual.
Las causas de esta retracción aún no están del todo claras, aunque se mencionan complicaciones con la logística del puerto que impide llegar con eficiencia a este mercado. Lo cierto es que la virtual desaparición del mercado brasileño por esta vía de salida implica un duro golpe para la economía regional.
Brasil no fue el único mercado que redujo su demanda. Holanda, otro destino habitual de las peras argentinas, pasó de importar 11.300 toneladas a 7.300, una caída del 35%. En tanto, Italia compró solo 10.500 toneladas, frente a las 15.160 del año pasado, marcando una baja del 30%.
Entre estos tres países se dejaron de exportar en conjunto más de 26.000 toneladas de peras. Aunque otros mercados como Rusia incrementaron su participación (un crecimiento del 8%), ese aumento fue insuficiente para compensar las pérdidas sufridas en los destinos principales.
La manzana resiste, pero no crece
El segundo producto en importancia dentro del esquema exportador de SAE es la manzana, que representa aproximadamente el 10% de los embarques. En 2025 se exportaron 12.700 toneladas, un volumen que se mantiene en niveles similares al año anterior. Aunque no hubo un retroceso significativo, tampoco se observa crecimiento, lo cual refleja un estancamiento preocupante en una industria que necesita renovarse para sostener su lugar en los mercados internacionales.
En cuanto a otras especies frutícolas y hortalizas, los movimientos fueron modestos. La cebolla mostró un crecimiento interesante en términos relativos, pero aún representa un volumen menor dentro del total exportado. Por su parte, las ciruelas alcanzaron las 660 toneladas exportadas, mientras que el kiwi dio la sorpresa del año al registrarse por primera vez su exportación desde el puerto de San Antonio Este, con destino a Rusia.
Este último dato, aunque pequeño, podría abrir una nueva puerta para la diversificación de la matriz exportadora de la región, un objetivo largamente buscado por productores y organismos públicos.
Lo cierto es que el puerto de San Antonio Este atraviesa un momento complejo. La caída de los volúmenes exportados refleja una crisis estructural que no se soluciona únicamente con buenos precios internacionales o condiciones climáticas favorables. Se requiere una reingeniería logística, inversión en infraestructura y una política exportadora coordinada que permita recuperar mercados perdidos y ganar nuevos destinos.
La fruta del Valle de Río Negro y Neuquén ha sido históricamente uno de los principales motores económicos de la región patagónica. Sin embargo, si la tendencia a la baja en los embarques continúa, se corre el riesgo de agravar aún más el escenario para productores, trabajadores y comunidades enteras que dependen directa o indirectamente del comercio exterior frutícola.
Fuente: Redacción +P con datos de TPPN.
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