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Exportaciones agropecuarias récord: el campo creció 32%, pero el modelo tiene grietas

El campo y la energía baten récords, pero la industria se hunde. ¿Es sostenible un modelo que no invierte en capital?

Argentina cerró los primeros cinco meses de 2026 con una balanza comercial positiva de niveles históricos. El resultado combina una fuerte expansión exportadora con una reducción en las importaciones, y coloca al país en una posición externa inédita para los últimos años. Sin embargo, un análisis más fino de los datos del INDEC revela una fotografía más compleja, con ganadores claros y sectores que enfrentan un deterioro silencioso pero preocupante.

El informe elaborado por IDESA, publicado el 21 de junio de 2026, desagrega los números y expone las tensiones que el titular del superávit tiende a ocultar. Las exportaciones de productos primarios crecieron un 32% en comparación con el mismo período de 2025, mientras que las exportaciones de combustibles y energía lo hicieron en un 34%. Estos dos rubros, protagonizados por el agro y por Vaca Muerta respectivamente, explican en gran medida el saldo positivo de la balanza comercial.

El campo, motor indiscutido del superávit

El sector agropecuario tuvo un desempeño excepcional. El buen clima favoreció la cosecha y el ingreso de divisas en la primera mitad del año, como ocurre de manera estacional. Pero en 2026 ese flujo tradicional se potenció con el aporte energético de Vaca Muerta, impulsado por la vigencia del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que atrajo capitales de gran escala hacia los hidrocarburos no convencionales.

A esto se suma el impacto del ajuste fiscal sobre las cuentas externas. El informe de IDESA subraya que, históricamente, el exceso de gasto público generó expansión de la demanda interna y, con ella, una presión insostenible sobre las divisas. Esa dinámica desembocaba en controles de capitales y, eventualmente, en devaluaciones traumáticas. Con el equilibrio fiscal alcanzado por la actual gestión, esa espiral se cortó y la balanza de pagos encontró un piso de estabilidad.

La paradoja de los bienes de capital

Aquí aparece la zona de sombra del récord exportador. Mientras el agro y la energía crecen a tasas de entre 32% y 34%, las importaciones de bienes de capital cayeron un 14% y las de piezas y accesorios para bienes de capital se desplomaron un 31%. Ambas categorías son insumos esenciales para la inversión productiva, la modernización industrial y el crecimiento de largo plazo.

El diagnóstico de IDESA apunta a una paradoja: la misma expansión exportadora que genera dólares también abarata el tipo de cambio, lo que erosiona la competitividad de los sectores que no exportan materias primas ni energía. En otras palabras, el éxito del campo y de Vaca Muerta presiona hacia abajo al resto de la economía, en especial a la industria manufacturera, que no cuenta con ventajas competitivas naturales equivalentes.

Que las empresas reduzcan sus importaciones de maquinaria y repuestos en un contexto donde la productividad es urgente resulta, en palabras del propio informe, "paradójico". Una economía que no incorpora capital difícilmente pueda aumentar su productividad, y sin productividad, la competitividad externa de los sectores tradicionales se deteriora aún más.

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El RIGI como isla y sus límites estructurales

El informe señala un fenómeno institucional revelador: el boom exportador de los hidrocarburos, y el que se anticipa en la minería, se produce dentro del RIGI, un régimen especial que funciona como una "isla" de calidad institucional. Las empresas que operan bajo ese esquema quedan eximidas del cepo cambiario, de los impuestos distorsivos y de la inseguridad jurídica que caracteriza al resto del sistema.

Eso implica que el éxito no es replicable sin reformas más profundas. La solución no pasa por generalizar el RIGI como un "Súper RIGI", ni tampoco por recurrir a una devaluación que alivie transitoriamente la competitividad. IDESA plantea con claridad que la salida estructural exige extender a toda la economía las condiciones que hoy solo disfrutan los grandes proyectos de inversión.

Las reformas pendientes

El camino que propone el informe es concreto. En primer lugar, normalizar el sistema cambiario mediante la eliminación definitiva del cepo e institucionalizar el régimen bimonetario con un Banco Central independiente. En segundo lugar, ordenar el sistema tributario: el paso más relevante sería que el IVA absorba el Impuesto sobre los Ingresos Brutos y las tasas municipales a las ventas, dos cargas que hoy distorsionan gravemente los costos de producción.

En tercer lugar, mejorar la infraestructura de transporte y logística para que las actividades urbanas puedan competir en el comercio interno y externo. A diferencia del campo o la energía, la industria manufacturera y los servicios no tienen ventajas competitivas naturales: dependen enteramente de la calidad institucional y del costo logístico para ser viables.

Un punto de partida, no de llegada

El superávit comercial récord de enero a mayo de 2026 es, sin dudas, una señal positiva. El equilibrio fiscal que lo sustenta es un logro de política económica con consecuencias concretas sobre la estabilidad externa del país. Pero los datos del INDEC advierten que el modelo actual premia a quienes exportan recursos naturales y castiga a quienes producen con trabajo industrial.

Argentina tiene hoy una oportunidad que no tuvo en décadas: consolidar una transformación económica de fondo. El desafío es que el récord exportador del campo y la energía no tape las reformas pendientes, sino que las financie y las impulse. Sin esas reformas, la brecha entre los sectores ganadores y los rezagados se profundiza, y con ella, la fragilidad estructural que históricamente llevó al país de crisis en crisis.

FUENTE: IDESA con aportes de Redacción +P