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Regar mejor para producir más: la eficiencia de riego, clave para el futuro de los valles

En un contexto de cambio climático y menor agua disponible, medir riego y humedad del suelo es clave en Patagonia Norte. El INTA creó un módulo.

En un contexto de cambio climático y menor disponibilidad hídrica, medir cuánta agua se aplica, con qué uniformidad se distribuye y cómo evoluciona la humedad del suelo se convierte en una herramienta estratégica para los productores de Patagonia Norte. El INTA desarrolló un módulo de evaluación y gestión eficiente del riego en sistemas presurizados que responde a ese desafío.

Los valles irrigados de la Norpatagonia —desde el valle medio de la cuenca del río Colorado, el Alto Valle de Río Negro hasta los nuevos oasis productivos del Neuquén— viven un proceso de expansión en un contexto de cambio climático. Los glaciares retroceden, los caudales de los ríos se vuelven imprevisibles y la competencia por el recurso hídrico entre el agro, la industria y el consumo urbano se intensifica año a año. En ese escenario, regar bien no es solo una cuestión de productividad, sino de sustentabilidad ambiental.

Frente a este panorama, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) -con el trabajo del equipo de la Agencia de Extensión Rural de 25 de Mayo (La Pampa), encabezado por Carolina Aumassanne- y Dardo Roy Fontanella desarrolló un Módulo de Evaluación y Gestión Eficiente del Riego en Sistemas Presurizados. La herramienta permite, entre otras cosas, medir la lámina de agua que se está aplicando, evaluar la uniformidad de distribución de los emisores, monitorear la presión de los equipos, la humedad del suelo en tiempo real y calcular el balance hídrico. Pilares técnicos que, bien usados, pueden transformar la forma en que se riega en la región.

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Sistemas de riego presurizado en pleno funcionamiento en los valles irrigados de la Norpatagonia.

¿Cuánta agua estoy aplicando realmente?

Uno de los problemas más frecuentes en los sistemas de riego presurizados —goteo, microaspersión, aspersión— es la brecha entre la lámina de diseño y la lámina que realmente llega al cultivo. Un equipo puede estar calibrado para entregar determinados milímetros por hora, pero variaciones en la presión, obturaciones en los emisores o degradación de los componentes pueden desviar sensiblemente esa cifra.

El módulo de INTA integra pluviómetros con data logger y caudalímetros portátiles ultrasónicos que permiten medir con precisión el caudal entregado y calcular la lámina aplicada en cada sector. Al contrastar ese dato con los requerimientos hídricos del cultivo en cada etapa fenológica, el productor puede ajustar los tiempos de riego y evitar tanto el déficit —que reduce rendimientos— como el exceso —que derrocha agua, energía y puede salinizar o saturar el suelo.

En la Norpatagonia, conocer la lámina real aplicada es además una herramienta de planificación: permite optimizar cada turno/cupo disponible y demostrar el uso eficiente del recurso ante los organismos de cuenca o consorcios de regantes.

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Caudalímetros portátiles ultrasónicos miden con precisión el agua entregada por los equipos de riego.

Que el agua llegue igual a toda la chacra

Un sistema de riego puede aplicar la lámina correcta en promedio y, aun así, tener sectores con encharcamiento y otros donde el cultivo sufre estrés hídrico. En ese caso se llama falta de uniformidad de distribución: la variación en el caudal o la presión que hace que los emisores no entreguen lo mismo en toda la superficie.

La evaluación de uniformidad es uno de los servicios centrales del módulo de INTA. Mediante la combinación de presóstatos, molinetes hidrométricos y medidores de velocidad electromagnéticos, y con pluviómetros, se evalúan las diferencias en la distribución del agua. Con esa información, es posible corregir problemas de diseño o mantenimiento —como desequilibrios de presión entre laterales, emisores obturados o tuberías subdimensionadas— antes de que se traduzcan en pérdidas de rendimiento.

Para los valles en expansión de Norpatagonia —donde muchos sistemas de riego son relativamente nuevos y aún están en proceso de ajuste— esta evaluación resulta especialmente valiosa. Un índice de uniformidad de distribución bajo puede significar que, aunque se invierta en agua y energía, una parte importante del lote nunca llegue a su potencial productivo o esté limitado por la oferta de agua.

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El INTA desarrolló un módulo para evaluar la eficiencia del riego en sistemas presurizados.

El suelo como reservorio

Más allá del sistema de riego en sí, el módulo de INTA incorpora una dimensión fundamental: el comportamiento del agua en el suelo. Las sondas de humedad del módulo —que miden el contenido de agua a diferentes profundidades a través de la conductancia dieléctrica— permiten saber en tiempo real cuánta agua hay disponible en la zona radical del cultivo.

Esta información, integrada con los datos de precipitaciones, la evapotranspiración del cultivo y los caudales aplicados, permite construir un balance de agua en el suelo, el cual indica cuándo regar, cuánto y con qué frecuencia. El resultado es un riego guiado por la demanda real del cultivo y el estado del suelo, no por rutinas fijas o estimaciones empíricas.

En la Norpatagonia, los suelos presentan una gran variabilidad de texturas —desde las arenas gruesas de terrazas fluviales hasta los suelos francos de mayor capacidad de retención— que hace que este monitoreo sea especialmente relevante. Un suelo arenoso puede llegar a capacidad de campo y drenar por debajo de la zona de raíces en pocas horas; sin medición, esa agua se pierde sin que el cultivo la aproveche.

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La uniformidad de distribución del agua entre los emisores evita pérdidas de rendimiento.

El contexto que hace urgente este conocimiento

La Norpatagonia no es ajena a las transformaciones que el cambio climático impone sobre los sistemas hídricos. Las proyecciones indican una reducción en los aportes níveos a los ríos Colorado, Limay, Neuquén y Negro —columna vertebral del riego regional— junto con una mayor variabilidad interanual de los caudales. Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas eleva la demanda evapotranspirativa de los cultivos, lo que significa que las plantas necesitan más agua justamente cuando el recurso se vuelve más escaso.

En este contexto, los valles en expansión —aquellas áreas que en los últimos años incorporaron nuevas hectáreas bajo riego, desde el norte neuquino hasta el Alto Valle extendido hacia el este— enfrentan un doble desafío: crecer productivamente con menos agua garantizada (por cambio climático y aumentos en la demanda). La tecnología de evaluación de riego de INTA se inserta directamente en esa ecuación: al conocer con precisión la eficiencia real de cada sistema, el productor puede hacer más con lo que tiene.

Además, la capacidad de registro y trazabilidad que ofrece el módulo —con datos almacenados a lo largo del ciclo del cultivo y de distintas campañas— permite a los consorcios de riego y organismos de cuenca contar con evidencia sólida para la planificación hídrica regional. Tener datos propios, objetivos y confiables es una ventaja estratégica para la planificación tranqueras adentro y dentro del consorcio de riego.

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Una agricultura eficiente en el uso del agua es clave para el futuro de Patagonia Norte.

De la evaluación a la acción

El módulo de INTA no es solo un conjunto de instrumentos de medición, ya que integra en un mismo diagnóstico la eficiencia del sistema, la uniformidad de aplicación, la lámina entregada y el estado hídrico del suelo. Así, el productor obtiene una radiografía completa de su riego y, con ello, las bases para optimizarlo.

Las ventajas son múltiples y se potencian mutuamente: ahorro de energía al reducir bombeos innecesarios, mayor vida útil de los equipos, mejor rendimiento y calidad de los cultivos, y —lo más importante en el largo plazo— un uso responsable del agua que garantice la viabilidad de los sistemas productivos para las próximas generaciones.

En los valles norpatagónicos, donde el agua es el recurso más valioso, saber exactamente cuánta agua se aplica, cómo se distribuye y dónde va en el suelo es el punto de partida de una agricultura para un desarrollo sustentable.

FUENTE: INTA — Evaluación y Gestión Eficiente del Riego en Sistemas Presurizados. Ing. Carolina Aumassanne (INTA 25 de Mayo, La Pampa).