El proyecto tomó forma concreta en el verano de 2021-2022, cuando Ciurlanti asumió la producción de pasturas y cultivos en la Estancia Alice, también conocida como Cerro Frías, ubicada sobre la ruta que conduce al Parque Nacional Los Glaciares. El esquema combina tres actores: el establecimiento, propiedad de Alejandro Bárcena, que cede las hectáreas de trabajo; la empresa estatal provincial Santa Cruz Puede SAU, creada este año por el gobernador Claudio Vidal, que aporta maquinaria, insumos, fertilizantes y mano de obra; y AgroCalafate, encargada de la gestión técnica y agronómica del cultivo.
Durante la campaña 2025/2026, ese trabajo conjunto permitió completar por primera vez el ciclo productivo entero: implantación, desarrollo y cosecha de granos a escala comercial, sobre más de 300 hectáreas trabajadas. Los cultivos principales fueron avena y trigo.
Rendimientos que sorprenden
La preparación del suelo comenzó a fines de septiembre de 2025, con sucesivas pasadas de rastra desencontrada, rastra niveladora y rastra de dientes para formar la cama de siembra. El ciclo productivo en la región sigue una lógica particular: el trabajo de suelo se concentra en otoño, el perfil se recarga con agua de deshielo tras el invierno y la siembra se realiza en primavera, con cosecha a partir de mediados de enero.
Estancia Alice, a 40 km del glaciar Perito Moreno: comenzó la cosecha del trigo.
La Nación
En los lotes con mejores antecedentes de manejo agrícola y condiciones físicas de suelo más favorables, los rendimientos alcanzaron cifras que sorprendieron incluso a los propios técnicos del proyecto: 3.500 kilos por hectárea en avena y 3.000 kilos por hectárea en trigo. Según explicó Ciurlanti, estos números confirman el potencial productivo real de la región bajo condiciones adecuadas de manejo y planificación.
Desafíos climáticos y lecciones para la próxima campaña
No todo el proceso fue lineal. Entre marzo y abril, un período de precipitaciones muy superiores a las habituales complicó especialmente la cosecha del trigo. A eso se suma que buena parte de la superficie trabajada correspondía a campos prístinos, sin antecedentes agrícolas, donde la estructura del suelo todavía requiere desarrollo y ajuste de variables agronómicas. En esos sectores el rendimiento fue notablemente menor, un dato que el equipo capitaliza como información técnica para mejorar la próxima siembra.
Para sostener la operación, AgroCalafate debió construir un parque de maquinaria prácticamente desde cero: incorporó un tractor de 200 HP, rastra de disco pesada, balanzón y rastrón nivelador, además de alquilar sembradora y un segundo tractor grande en la provincia. El hito no fue solo agronómico: también se realizó el primer silo bolsa en la historia de Santa Cruz, mientras se termina de montar una planta de industrialización en Río Gallegos.
Proyección: una cadena de valor para toda la Patagonia
El impacto ya se percibe en la zona. Otros productores locales se acercaron a AgroCalafate para consultar e incluso iniciar actividad en campos propios, generando lo que Ciurlanti describió como un efecto contagio. La imagen de tractores y cosechadoras compartiendo los caminos de ripio con vehículos turísticos rumbo al glaciar grafica el cambio de paisaje productivo en la región.
El objetivo de largo plazo excede el grano: los socios de AgroCalafate piensan en una cadena de valor completa, que incluya agregado de valor y canales de comercialización propios, con proyección hacia la ganadería vacuna, ovina, avícola y porcina. Para una provincia donde la agricultura extensiva prácticamente no existía, la campaña 2025/2026 marca un punto de inflexión: la prueba de que producir granos en el extremo sur argentino no solo es posible, sino que puede ser competitivo.
FUENTE: La Nación. Ahora Calafate con aportes de Redacción +P