Diversos estudios indican que, en términos generales, el precio del trigo representó históricamente entre el 8 y el 10% del costo del pan. Un desglose de los distintos rubros involucrados en ese producto de la canasta básica, indica que los costos internos de la panadería representan entre el 60 y el 65% del costo, determinados por alquileres, energía, y mano de obra. Los impuestos entre el 23 y el 25%, y la harina (molino) del 3 al 5%.
Vale aclarar que el 80% del costo de la harina, es el valor del trigo, que pasó de $260.000 la tonelada el mes pasado a casi $290.000 la tonelada en Rosario, lo que representa un incremento que ronda el 12%.
Por este motivo, la bolsa de harina de 25 kilos que se vendía en torno a los 13.000 en Buenos AifresAires (en Neuquén no se consigue por menos de 21.000 pesos), el incremento es de unos 1.000 pesos por bolsa.
Y va a seguir subiendo
Las perspectivas a futuro no son buenas para el consumidor, porque los productores con el aumento de los insumos (combustibles y fertilizantes) ven que el negocio puede ser no tan bueno. Igual, margen tienen, porque si bien la urea subió un 65% y representa entre el 30 y el 40% de los costos directos, el trigo viene con una suba del 27%.
Y si bien aún faltan algunos meses para sembrar el trigo de la próxima temporada, los sondeos previos indican que hay pesimismo entre los productores y que sus estimaciones de superficie sembrada están a la baja.
Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), se proyecta una reducción de 300.000 hectáreas sembradas con trigo respecto del ciclo anterior, lo que implica una caída interanual del 17% en la intención de siembra.
Por lo tanto, el año próximo puede haber menos trigo, con precios internacionales subiendo, con el consecuente impacto en los precios de los alimentos (pizzas, fideos, pan) y en la inflación.
Abriendo el paraguas
La SRA insistió en su comunicado que “el precio del pan surge de la interacción de múltiples factores a lo largo de la cadena —impuestos, costos laborales, logística, energía, alquileres y estructura comercial— que inciden en los márgenes de cada uno de los eslabones, por lo tanto, en sus decisiones. En este contexto, las variaciones en el precio del trigo tienen un impacto acotado sobre el precio final del pan”.
Y anticipándose al debate habitual ante estos incrementos que suelen protagonizar los panaderos, los ruralistas abrieron el paraguas y expresaron que “para un análisis adecuado, resulta necesario considerar lo que ocurre en cada uno de los eslabones que conforman esta cadena de valor, a fin de lograr una comprensión integral de su funcionamiento”.
Y acotaron que “resulta clave evitar simplificaciones que atribuyen a los productores responsabilidades que no reflejan la dinámica”.
FUENTE: Redacción +P