Ya controlan 750.000 hectáreas en Australia: la apuesta de una familia argentina
Con una inversión millonaria, el grupo sigue creciendo en el norte australiano y consolida su expansión global desde el campo argentino.
En el vasto mapa de la producción agropecuaria mundial, hay historias que no solo hablan de números, inversiones o hectáreas, sino de herencias invisibles: la cultura del trabajo, la adaptación a lo desconocido y la visión de futuro. Esta es una de esas historias. Una historia que comienza en los campos argentinos, entre silos, cosechas y generaciones de productores, y que hoy se proyecta a miles de kilómetros de distancia, en uno de los territorios más desafiantes y prometedores del planeta: el norte de Australia.
La reciente adquisición de la estación ganadera Aroona, en el Territorio del Norte australiano, por 44 millones de dólares, marca un nuevo capítulo en la expansión internacional de la familia Buratovich, un apellido que lleva más de un siglo ligado al desarrollo agrícola. Pero este movimiento no es un hecho aislado. Es la consecuencia de una construcción lenta, paciente y estratégica, que combina tradición e innovación, raíces profundas y ambición global. Esta es la quinta propiedad en el Territorio del Norte que adquiere la familia Buratovich, lo que eleva su cartera total a unas 756.000 hectáreas.
Un legado que nació con la inmigración
Para entender el presente, es necesario retroceder más de cien años. La historia de la familia Buratovich comienza con la llegada de Esteban Buratovich, un inmigrante croata que, como tantos otros a fines del siglo XIX, encontró en Argentina una tierra de oportunidades. Con una visión adelantada a su tiempo, se convirtió en pionero en el acarreo y acondicionamiento de cereal a granel, sentando las bases de lo que luego sería una empresa familiar sólida y en constante crecimiento.
Desde entonces, generaciones sucesivas tomaron la posta, manteniendo una línea de trabajo basada en la responsabilidad, el compromiso y la innovación. La empresa, fundada formalmente en 1915, creció al ritmo del país, expandiéndose desde la provincia de Buenos Aires hacia el norte argentino, especialmente en Chaco, donde consolidó una fuerte presencia productiva.
Hoy, la firma no solo se dedica al acopio y comercialización de granos, sino que también ofrece soluciones financieras, gestión de campos y servicios logísticos integrales. Atiende a más de 400 clientes y ha establecido vínculos comerciales con más de 20 países. Sin embargo, su esencia sigue siendo la misma: una empresa familiar que privilegia el trato personalizado y el conocimiento profundo del campo.
El salto al mundo: una decisión estratégica
En un contexto global cada vez más competitivo, la familia entendió que crecer implicaba mirar más allá de las fronteras nacionales. Así comenzó un proceso de internacionalización que los llevó a operar en países como Uruguay, Brasil y Estados Unidos, donde replicaron su modelo productivo con éxito.
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El territorio del Norte conforma parte de la Mancomunidad de Australia. Su capital y ciudad más poblada es Darwin.
Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2019, cuando decidieron apostar fuerte por Australia. No se trataba de un destino casual. El Territorio del Norte australiano ofrecía condiciones únicas: grandes extensiones de tierra, disponibilidad de recursos naturales, cercanía a mercados asiáticos y un marco institucional estable.
Ese año, a través de la firma Cross Pacific Investments, respaldada por la familia, realizaron una serie de adquisiciones estratégicas que marcaron su desembarco en el país oceánico. Entre ellas, la compra de Scott Creek Station por 12 millones de dólares y Manbulloo Station por 23,4 millones.
Scott Creek, con sus 101.000 hectáreas ubicadas a 60 kilómetros al suroeste de Katherine, despertó el interés de los Buratovich por su potencial agrícola. A diferencia del enfoque tradicional ganadero de la región, la familia vislumbró la posibilidad de desarrollar cultivos extensivos, trasladando su experiencia sudamericana a un nuevo contexto.
Incluso, en ese momento, dejaron en claro que no estaban interesados en las 7.000 cabezas de ganado incluidas en la operación, buscando socios para esa parte del negocio. Era una señal clara: su mirada estaba puesta en transformar el uso de la tierra.
Aroona: una adquisición clave
La compra de Aroona, concretada el 10 de marzo según registros oficiales del Territorio del Norte, representa un paso más en esa estrategia de expansión. Con una superficie de 147.510 hectáreas, la propiedad no solo incluye unas 15.000 cabezas de ganado y equipamiento, sino también un enorme potencial productivo.
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El río Flora atraviesa la estación de Aroona y termina en un parque protegido.
Ubicada sobre la autopista Victoria, a unos 90 kilómetros al suroeste de Katherine, Aroona cuenta con características geográficas diversas: llanuras onduladas, colinas bajas, escarpes con mesetas, canales aluviales y zonas basálticas. Además, el río Flora atraviesa la propiedad, aportando un recurso hídrico clave en una región donde el agua define gran parte de la productividad.
Con una precipitación media anual de 900 milímetros, la estación es considerada una zona de cría de renombre. Sin embargo, lo que realmente la convierte en una joya estratégica es su potencial de transformación. A finales de 2023, se aprobó un permiso de desmonte para casi 4.000 hectáreas, lo que abre la puerta a nuevos desarrollos agrícolas.
Esta adquisición eleva la cartera total de la familia en el Territorio del Norte a unas 756.000 hectáreas, consolidando su posición como uno de los actores internacionales más relevantes en la región.
Una tierra con historia y valor creciente
Aroona no es una propiedad cualquiera. Su historia reciente refleja el creciente interés global por las tierras australianas. En 2017, fue adquirida por la empresaria Gina Rinehart por 13,5 millones de dólares, a través de su empresa Hancock Prospecting. Durante su gestión, se invirtieron más de 3 millones de dólares en mejoras, incluyendo un moderno sistema de radio móvil digital.
En 2021, la propiedad fue vendida por 22,75 millones de dólares a la familia DiGiorgio, quienes la mantuvieron hasta la reciente operación con Cross Pacific Investments. El salto de valor en pocos años evidencia una tendencia clara: el aumento sostenido del precio de las tierras productivas en regiones con alto potencial.
Para los Buratovich, este contexto no es un obstáculo, sino una oportunidad. Su enfoque no se limita a la compra de activos, sino a su desarrollo integral. La combinación de agricultura y ganadería, sumada a la incorporación de tecnología, puede transformar estas tierras en sistemas altamente eficientes.
Adaptarse sin perder identidad
Uno de los mayores desafíos de operar en Australia es la adaptación. Las condiciones climáticas, los suelos, la logística y las regulaciones difieren significativamente de las de Argentina. Sin embargo, la familia ha demostrado una notable capacidad para ajustarse sin perder su esencia.
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Otra de las grandes adquisiciones: La estación Scott Creek en el Territorio del Norte, fue comprada en 2019 por 12 millones de dólares.
La contratación de expertos locales, como el veterano de la industria ganadera David Warriner, ha sido clave para interpretar el contexto australiano. Al mismo tiempo, la experiencia acumulada en Sudamérica les permite introducir prácticas innovadoras, especialmente en el manejo agrícola.
La visión de integrar cultivos en regiones tradicionalmente ganaderas no es nueva para ellos. En Argentina, han trabajado durante décadas en sistemas mixtos, optimizando el uso de la tierra y diversificando riesgos. Llevar ese conocimiento a Australia implica no solo un desafío técnico, sino también cultural.
El campo argentino como escuela
Más allá de las inversiones, esta historia refleja el valor del conocimiento generado en el campo argentino. Durante años, productores locales han enfrentado condiciones adversas: crisis económicas, cambios climáticos, volatilidad de mercados. Esa experiencia ha forjado una capacidad de resiliencia que hoy se traduce en ventaja competitiva.
La familia Buratovich es un ejemplo de cómo ese aprendizaje puede escalar a nivel global. Su crecimiento no se basa únicamente en capital, sino en una forma de entender la producción: eficiencia, diversificación, innovación y cercanía con el cliente.
En un mundo donde la seguridad alimentaria es cada vez más relevante, actores como ellos juegan un rol fundamental. No solo producen alimentos, sino que también generan modelos replicables en diferentes contextos.
Mirar hacia adelante
El futuro de la familia en Australia aún está en construcción, pero las señales son claras. La expansión de su cartera, la apuesta por el desarrollo agrícola y la integración de nuevas tecnologías marcan el rumbo.
La posibilidad de acceder a mercados asiáticos desde el norte australiano representa una ventaja estratégica significativa. A medida que crece la demanda global de alimentos, contar con bases productivas en distintas regiones del mundo permite diversificar riesgos y aprovechar oportunidades.
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La estación Scott Creek cuenta con aproximadamente 1400 hectáreas de terreno despejado y sembrado con pastos mejorados.
Al mismo tiempo, el desafío será mantener el equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad. El uso responsable de los recursos, la conservación del suelo y la gestión del agua serán factores clave en el largo plazo.
Una historia que trasciende fronteras
Lo que comenzó como el sueño de un inmigrante en la Argentina rural se ha convertido en una red productiva que abarca continentes. La historia de la familia Buratovich no es solo la de una empresa exitosa, sino la de una identidad que se adapta sin perder sus raíces.
En los campos del Territorio del Norte australiano, donde el horizonte parece infinito y las distancias se miden en cientos de kilómetros, hoy también late una parte del campo argentino. Una parte hecha de esfuerzo, de visión y de una convicción profunda: que el trabajo bien hecho no tiene fronteras.
Y así, mientras el sol cae sobre las planicies de Aroona y el ganado se dispersa entre los pastizales, una nueva página se escribe en esta historia centenaria. Una página que une continentes, generaciones y culturas, y que demuestra que, incluso en un mundo globalizado, las raíces siguen siendo el punto de partida de todo crecimiento.
Fuente: ABC Net Australia con aportes de Redacción +P.