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Antes de pulverizar, mirar los frutales: la clave para controlar las arañuelas

Con la llegada de la primavera, las arañuelas vuelven a ocupar un lugar central en la sanidad de los montes de frutales. Especialistas de la UNCo advierten sobre los cuidados y las estrategias de control.

En los montes frutales del Alto Valle, la primavera no solo anuncia el crecimiento de las plantas y el desarrollo de los frutos, también marca el comienzo de una etapa de intensa actividad para numerosas plagas. Entre ellas, las arañuelas requieren especial atención cuando las temperaturas comienzan a subir y las poblaciones empiezan a modificarse.

Para el ingeniero agrónomo Leandro Pisano, de la cátedra de Terapéutica Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, hay una premisa que debería guiar cualquier decisión sanitaria: el control comienza con el monitoreo. No se trata simplemente de comprobar si hay o no arañuelas, sino de conocer qué está sucediendo dentro del monte.

En la fruticultura regional tienen particular importancia tanto la arañuela roja europea (Panonychus ulmi), como la arañuela parda (Bryobia rubrioculus). Ambas pueden presentar poblaciones integradas por diferentes estadios de desarrollo, una característica que resulta determinante al momento de elegir una estrategia de manejo.

Una plaga que cambia con la primavera

En el caso de la arañuela roja europea, los primeros nacimientos comenzaron en septiembre y continúan durante octubre. Los huevos que atravesaron el invierno se encuentran principalmente sobre la madera y, con el avance de la primavera, aparecen nuevas generaciones que se desarrollan sobre las hojas.

Por eso, la recomendación es hacer un seguimiento en dardos, brindillas y sectores cercanos a las yemas y continuar sobre el follaje. En esta etapa pueden convivir huevos que todavía no eclosionaron, huevos estivales, larvas, ninfas y adultos.

Esa diversidad de estadios hace que una fotografía aislada del monte no sea suficiente. El monitoreo debe permitir determinar qué especie está presente, cuántos individuos se observan, dónde están concentrados y, sobre todo, si la población está creciendo, se mantiene estable o comienza a disminuir.

Los especialistas de la UNCo aseguran que el monitoreo es, en definitiva, una herramienta para anticiparse. 

Los especialistas de la UNCo aseguran que el monitoreo es, en definitiva, una herramienta para anticiparse.

Controles por especie

El estadio de desarrollo tiene una relación directa con la eficacia de los tratamientos. Los acaricidas no necesariamente actúan de la misma manera sobre huevos, larvas, ninfas y adultos. Por eso, dos montes que presentan arañuelas pueden necesitar estrategias diferentes.

Según recomendaron desde la UNCO, la abamectina es una de las herramientas utilizadas tradicionalmente para el manejo de estos ácaros, pero su presencia entre las alternativas disponibles “no significa que deba aplicarse automáticamente ante cualquier detección”. “El momento de intervenir debe surgir de lo que muestra el monte”, aclararon.

Cuando el producto no alcanza

La elección del acaricida es solo una parte del manejo. La tecnología de aplicación también puede determinar el resultado final. Cuando un tratamiento no logra el resultado esperado, la pregunta no debería ser solamente qué producto se utilizó, sino también “si el producto llegó hasta donde estaba la arañuela”, detallaron en el artículo publicado en la página web de la institución académica.

A esto se suma otro aspecto: dos productos pueden contener el mismo ingrediente activo y tener diferentes concentraciones o formulaciones. Por eso, antes de preparar una aplicación es fundamental consultar el marbete específico y respetar sus indicaciones.

El monitoreo es, en definitiva, una herramienta para anticiparse. Observar periódicamente los árboles permite prevenir. “El monitoreo debe generar la información suficiente para tomar las decisiones más adecuadas”, sostiene el ingeniero agrónomo Leandro Pisano La frase resume una idea sencilla pero fundamental: antes de decidir cómo combatir una plaga, primero hay que conocerla.

En la fruticultura del Alto Valle, donde cada intervención forma parte de un sistema productivo que busca preservar rendimiento, calidad y sanidad, observar el monte se convierte en una decisión productiva. Porque, muchas veces, la mejor estrategia de control comienza mucho antes de encender la pulverizadora.

FUENTE: UNCo con aportes de Redacción +P

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