Argentina se posiciona para competir con Chile en el mercado de almendras
Mientras Chile lidera la producción regional, Argentina avanza con nuevas plantaciones y una estrategia de largo plazo.
La producción y el comercio internacional de almendras atraviesan un momento de cambios estructurales, marcados por una demanda sostenida, mayores exigencias de calidad y una oferta global cada vez más expuesta a los efectos del cambio climático. En este escenario,Argentina comienza a perfilarse como un país con alto potencial para expandir su producción y transformarse, en el mediano y largo plazo, en un competidor relevante para Chile, según advirtió Jorge Ovalle, director de la Asociación de Frutos Secos (AFRUSEC).
En declaraciones a la prensa, Ovalle delineó un panorama donde el consumo mundial de frutos secos mantiene una tendencia creciente, impulsada por consumidores más informados y preocupados por la salud. “Hay una demanda constante y en aumento por los frutos secos”, señaló, destacando el rol de la almendra como una “fruta nutracéutica”, asociada a beneficios para la salud neurológica y el bienestar general. Este posicionamiento ha permitido que la almendra gane espacio en dietas saludables, snacks funcionales y productos con valor agregado en mercados de alto poder adquisitivo.
Demanda sostenida y una oferta global más frágil
El crecimiento de la demanda contrasta con una oferta internacional cada vez más vulnerable. Ovalle advirtió que los cambios climáticos han introducido lo que definió como una “inflación climática”, es decir, alzas de precios originadas en pérdidas productivas causadas por eventos extremos como heladas, sequías, olas de calor y plagas. El caso más ilustrativo es California, principal productor mundial de almendras, donde se concentran cientos de miles de hectáreas de almendros.
Si bien los reportes oficiales de Estados Unidos proyectan para 2025 una cosecha de 1,36 millones de toneladas de almendras —un 10% más que en 2024, sobre una superficie cercana a las 560.000 hectáreas—, la realidad productiva es heterogénea. Medios especializados han documentado pérdidas localizadas por plagas y eventos climáticos extremos, que elevan los costos y afectan la disponibilidad en ciertas zonas. Esta combinación de altos volúmenes a escala estatal, pero con cuellos de botella a nivel predial, explica en parte la volatilidad de precios que hoy enfrenta el mercado internacional.
En este contexto, Ovalle sostuvo que Chile está mejor posicionado de lo que muchas veces se reconoce. Aunque importa almendras desde California para abastecer el mercado interno y cubrir pedidos puntuales, la producción nacional tiene atributos diferenciadores. “Chile importa almendras. ¿De dónde? De California. ¿Ese es nuestro gran competidor? No”, afirmó, subrayando que la almendra chilena ocupa nichos específicos donde la calidad, la trazabilidad y la estabilidad logística pesan tanto como el precio.
Argentina: potencial productivo y mirada de largo plazo
Más allá de la situación actual, el director de AFRUSEC puso el foco en el futuro y lanzó una advertencia estratégica: “De aquí a 20 años Argentina va a hacer mucha competencia para Chile”. La afirmación se basa en el avance concreto del país vecino en la plantación de almendros y en el atractivo de sus valles productivos. “Tiene valles muy interesantes, los están plantando y me están llevando a mí para analizarlo”, comentó Ovalle, reconociendo el interés argentino por desarrollar el cultivo con apoyo técnico especializado.
Almendras ovalle jorge
“Hoy Chile no tiene competencia directa en almendras, pero de aquí a 20 años Argentina sí la tendrá”, advirtió Jorge Ovalle, destacando el avance del país en nuevas plantaciones y valles productivos.
Hoy, la producción de almendras en Argentina es modesta a nivel mundial, con volúmenes que oscilan entre 2.500 y 3.200 toneladas anuales en los últimos años, aunque con picos proyectados hacia 2025. Mendoza lidera ampliamente el sector, concentrando cerca del 90% de la producción nacional, seguida por San Juan y San Luis. Sin embargo, el consumo interno supera largamente la oferta local, lo que obliga al país a importar alrededor de 10.000 toneladas anuales de almendras.
Este déficit ha impulsado una estrategia clara de sustitución de importaciones. El cultivo de almendras se presenta como una alternativa rentable para productores que estén dispuestos a invertir en tecnología, manejo profesional y adaptación varietal. Si bien enfrenta desafíos importantes —como heladas tardías, altos costos de implantación y la necesidad de riego eficiente—, el sector avanza en la búsqueda de nuevas variedades y en la exploración de regiones no tradicionales, como Río Negro y el sur de la provincia de Buenos Aires.
Competencia regional y oportunidades para Chile
Para Chile, el crecimiento del sector argentino representa un desafío en el mediano plazo, pero también una oportunidad para reforzar su posicionamiento. Con una producción anual de entre 11.000 y 12.000 toneladas métricas y más de 8.000 hectáreas plantadas, el país cuenta con una base productiva sólida y una reputación asociada a calidad y cumplimiento.
En un escenario global donde el consumo de frutos secos sigue creciendo y la oferta internacional se vuelve más incierta por el clima y las plagas, se abren ventanas comerciales relevantes. Ovalle subrayó que la clave para productores y exportadores chilenos será capturar la preferencia del retail y del canal saludable, especialmente cuando el hemisferio norte enfrenta mermas productivas y los precios reflejan la llamada inflación climática.
Así, mientras Argentina avanza desde una base pequeña pero con gran potencial de expansión, Chile enfrenta el reto de consolidar su ventaja competitiva. La competencia regional en almendras parece inevitable, pero también puede impulsar mayores niveles de innovación, profesionalismo y valor agregado en ambos países, en un mercado global que demanda cada vez más calidad, estabilidad y sustentabilidad.
Fuente: El Agro TV, Diario Frutícola y aportes de Redacción +P.