Menor requerimiento de frío y mayor eficiencia productiva
Uno de los principales avances logrados por los investigadores es el bajo requerimiento de frío. La nueva variedad necesita alrededor de 260 horas para completar la ruptura de la dormancia, menos de la mitad de lo que demandan las tradicionales variedades del grupo Gala, ampliamente difundidas en la producción mundial.
Esta condición permite ampliar las posibilidades de cultivo en regiones subtropicales y ofrece una herramienta para enfrentar uno de los mayores desafíos que atraviesa actualmente la fruticultura: la reducción de las horas de frío como consecuencia del cambio climático.
Desde el punto de vista productivo, los ensayos realizados por el IDR-Paraná muestran un potencial superior a las 50 toneladas por hectárea, acompañado por una buena adaptación a las condiciones ambientales, elevada sanidad y resistencia frente a las principales enfermedades que afectan al cultivo.
Otro aspecto que sobresale es la simplificación del manejo del monte frutal. La nueva variedad no requiere poda verde, una práctica habitual para controlar el exceso de brotes vegetativos. La eliminación de esta tarea reduce significativamente la demanda de mano de obra y disminuye los costos de producción, un aspecto cada vez más valorado por el sector.
La nueva variedad necesita apenas 260 horas de frío para romper la dormancia y ofrece un potencial productivo superior a las 50 toneladas por hectárea.
En cuanto a la calidad de la fruta, los investigadores destacan que presenta frutos uniformes, pulpa firme y crocante, buen equilibrio entre dulzor y acidez y una coloración atractiva para el mercado de consumo en fresco.
Décadas de mejoramiento genético
El desarrollo es el resultado de décadas de trabajo en mejoramiento genético. Desde hace más de treinta años, el entonces Instituto Agronómico de Paraná (Iapar), hoy integrado al IDR-Paraná, mantiene un programa destinado a obtener variedades adaptadas a zonas de bajo requerimiento de frío sin resignar productividad ni calidad.
Ese trabajo ya permitió el lanzamiento de materiales como Eva, Anabela, Carícia y Julieta, que actualmente se cultivan no sólo en distintos estados brasileños, sino también en otros países con climas subtropicales.
"Detrás de cada nueva variedad hay años de investigación, cruzamientos y selección de materiales superiores. Nuestro objetivo es poner a disposición de los productores tecnologías capaces de responder a los desafíos reales de la actividad", señaló el presidente del IDR-Paraná, Altair Sebastião Dorigo.
Por su parte, la directora de Investigación e Innovación del organismo, Vania Moda Cirino, sostuvo que la incorporación de nuevas variedades fortalece la competitividad de la fruticultura, mejora la sustentabilidad de los sistemas productivos y contribuye a incrementar la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.
Los resultados obtenidos durante los ensayos también fueron destacados por el investigador Clandio Medeiros da Silva, quien afirmó que el nuevo material posee el potencial suficiente para generar un impacto significativo en la producción de manzanas en Brasil.
Un desarrollo con proyección regional
Si bien el desarrollo fue pensado para las condiciones productivas de Brasil, el avance también resulta de interés para otros países productores de la región. En Argentina, donde la incorporación de nuevas variedades y portainjertos forma parte de la estrategia para sostener la competitividad de la fruticultura, la aparición de materiales con menor exigencia de frío refleja una tendencia que gana protagonismo a nivel internacional.
La obtención de variedades capaces de mantener altos rendimientos, reducir los costos de manejo y adaptarse a escenarios climáticos cada vez más variables se perfila como uno de los ejes centrales del mejoramiento genético en los próximos años, tanto para Brasil como para el resto de los países productores de manzanas.
FUENTE: Abrafrutas con aportes de Redacción +P.