Desafíos de la fruticultura: la energía más cara del país pone en jaque a productores
El sector enfrenta una fuerte asimetría tarifaria. Mientras el mundo compite por eficiencia, la región produce con costos eléctricos que duplican la media nacional y superan a Brasil y Chile.
La fruticultura, corazón productivo de Patagonia Norte, ha encontrado en las tarifas eléctricas un techo que amenaza su viabilidad. Según el ultimo informe del Observatorio de Tarifa Eléctrica Argentina -elaborado por el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur y el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (UNS-CONICET)-, producir una pera o una manzana en el Comahue implica pagar una factura de luz que, en muchos casos, es el doble de lo que paga un competidor en otra región del país o del Mercosur.
El almacenamiento en frío de la fruta de pepita y el funcionamiento de los galpones de empaque requieren un uso intensivo de electricidad. Sin embargo, las tarifas de Gran Demanda Industrial han alcanzado niveles críticos.
De acuerdo al informe, en Neuquén, el Ente Provincial de Energía (EPEN) registró valores de $266 por unidad monómica, lo que representa un 98.6% por encima del promedio nacional. En Río Negro, la distribuidora EDERSA también mantiene valores que superan la media, situando a los productores regionales en una desventaja directa.
El costo eléctrico ya no es un gasto operativo más; se ha convertido en un factor que erosiona la rentabilidad y podria estar funcionando como un freno a la inversión en tecnología de punta.
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Las tarifas eléctricas en el Comahue llegan a duplicar los costos de otras regiones del país, con valores que en Neuquén superan el promedio nacional en un 98,6%. Gráfico: Informe del Observatorio de Tarifa Eléctrica Argentina, diciembre de 2025.
Producir en la "cuna de la energía" sale más caro
Resulta paradójico que la región que genera la mayor parte de la energía hidroeléctrica del país pague las tarifas más altas. La fragmentación del sistema y el Valor Agregado de Distribución (VAD) crean brechas insólitas dentro del mismo valle:
En Neuquén: Mientras la cooperativa CALF operó con un monómico de $215, el EPEN —que llega a zonas productivas de menor densidad— escaló a los $419, un excedente del 101.2%.
En Río Negro: La disparidad se repite, con valores en Bariloche, por ejemplo, que superan ampliamente los de las zonas urbanas de mayor densidad, impactando en las cooperativas y pymes del sector servicios que asisten a la fruticultura.
Esta asimetría se explica por la baja densidad de usuarios por kilómetro cuadrado en las zonas rurales, lo que encarece el mantenimiento de las redes de riego y distribución en las chacras.
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La brecha de costos con el Mercosur es crítica: mientras las distribuidoras locales facturan unos 215 USD/MWh, competidores en Brasil y Chile pagan entre 162 y 174 USD/MWh. Gráfico: Informe del Observatorio de Tarifa Eléctrica Argentina, diciembre de 2025.
Competencia desigual en el Mercosur
Para la fruta argentina, el mercado es el mundo. No obstante, al comparar los costos locales con el Mercosur, la fruticultura regional corre con lastre. SIguiendo el reporte, en 2024, mientras distribuidoras como EDERSA mostraban facturaciones cercanas a los 215 USD/MWh, competidores directos en Brasil (como Copel) pagaban 162 USD/MWh y en Chile (Enel) 174 USD/MWh.
Esta brecha de casi 50 dólares por MWh es la diferencia entre ganar o perder un mercado internacional, especialmente en sectores electro-dependientes como el frío industrial.
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La presión impositiva: El socio invisible
A los costos operativos se suma una carga tributaria que asfixia al sector. Las distribuidoras de la región lideran el ranking de mayor carga impositiva en la factura:
CALF: $129 por cargo impositivo.
EPEN: $111 (48.3% de variación respecto al costo base).
EDERSA: $108 (44.4% de variación).
Entre impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales, la factura de luz se transforma en una herramienta de recaudación que distorsiona el precio real de la energía y resta competitividad a los productores de peras y manzanas.
Con el primer trimestre de 2026 mostrando una tendencia alcista, todo parece indicar que el desafío para la fruticultura es existencial. La capacidad de reacción del sector, que ha demostrado ser resiliente ante las heladas y el granizo, encuentra hoy en la factura de luz un obstáculo burocrático y estructural que limita la expansión de la frontera productiva y la modernización de los frigoríficos.