El dilema laboral en el Valle: fruticultura compite con altos sueldos de Vaca Muerta
La competencia con el Oil & Gas y la brecha salarial fuerzan una transformación en el agro. Silvana Cimerilli, de Randstad, analiza la crisis de talento en el Valle.
En el corazón del Valle de Río Negro, la fruticultura atraviesa un momento de transformación profunda que admite diferentes análisis. En diálogo con +P, Silvana Cimerilli, consultora senior en Randstad, observa que la industria de Vaca Muerta compite ferozmente por los mismos recursos humanos en la misma geografía.
“Cada vez está más peleado, es recontra complicado y que también tiene que competir con el oil and gas, conviven en el mismo en la misma plaza geográfica. Es muy difícil.
Por ejemplo, quieren dar con un un gerente administrativo y los perfiles que quieren ya está trabajando en el oil and gas y está ganando hasta el doble de lo que se ofrece en fruticultura…”, contó Cimerilli.
El mercado laboral en la fruticultura se torna cada vez más peleado y complejo. Cimerilli conto que empresas del sector buscan, por ejemplo, perfiles administrativos y muchas veces los candidatos ideales ya trabajan en oil and gas, donde perciben hasta el doble de salario. Esta brecha salarial genera una fuga constante de talento.
En plena temporada alta —que se extiende con mayor intensidad desde octubre hasta abril—, según la especialista, la demanda se concentra en dos grandes ramas: perfiles para chacras y perfiles para empaque. En las chacras destacan los ingenieros agrónomos, laboratoristas y técnicos en seguridad e higiene. En los empaques, se requieren especialistas en control de calidad, administrativos y operadores calificados.
“Ingenieros hay”
Cimerilli destaca que los ingenieros agrónomos representan un perfil buscado, capaz de desempeñarse tanto en campo como en roles internos. Sin embargo, la disponibilidad no siempre coincide con las necesidades específicas. Aunque mantiene una base sólida de candidatos entrevistados y disponibles, nota un fenómeno preocupante: Aunque cada vez hay menos egresados de la Facultad de Ciencias Agrarias, de Cinco Saltos, lo cierto es que “agrónomos hay”.
“Noto que hay más ingenieros desocupados con ganas de cambiarse incluso de rubro, arrepentidos… Lamentablemente, me pasa mucho más eso que decirte, "Una empresa me está pidiendo un ingeniero agrónomo y no lo puedo cubrir". Eso no me sucede, ingenieros agrónomos hay”, aseguró.
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Chacras y empaques buscan control de calidad y seguridad: el talento escasea en especialidades.
Disponibilidad vs. especialización: el desafío real
En líneas generales, existen ingenieros agrónomos suficientes para cubrir la demanda estándar que recibe Randstad. Sin embargo, cuando las empresas solicitan conocimientos muy específicos —como en el rubro bodega o de enología, por ejemplo—, la oferta se reduce drásticamente.
En esos casos, la solución pasa por relocalizar profesionales desde regiones como Mendoza, lo que implica desafíos adicionales: desarraigo familiar, adaptación cultural y resistencia al cambio geográfico.
Un detalle llamativo ilustra la dificultad para captar estos perfiles: muchos ingenieros agrónomos no están activos en LinkedIn, la principal herramienta de los reclutadores. Cimerilli relata haber tenido que recurrir a Facebook para localizar candidatos puntuales, un proceso que describe como "terrible" y que evidencia la desconexión entre el sector agropecuario y las plataformas digitales habituales.
Temporada alta y tendencias del mercado
El sector se mueve con altas y bajas, pero la plena temporada concentra la mayor actividad. En este período, las búsquedas se aceleran y la competencia con el oil and gas se intensifica. Mientras Vaca Muerta genera un boom de contrataciones —con sueldos que en algunos casos alcanzan los $7 millones para ingenieros bajo esquemas rotativos—, la fruticultura lucha por mantener su atractivo.
El resultado es un mercado laboral tensionado, donde la retención de talento se convierte en uno de los principales desafíos para sostener la producción frutícola en el Valle.
La realidad del Valle de Río Negro muestra un panorama de coexistencia complicada entre dos mundos productivos que comparten territorio y recursos humanos. La fruticultura, con su arraigo histórico y cultural, debe reinventarse para no perder la pulseada frente a un sector energético en expansión que ofrece mayor remuneración, proyección y estabilidad.