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Exportaciones de manzanas caen al nivel más bajo de los últimos 10 años

Los envíos al exterior cayeron un 30% interanual y marcan un mínimo histórico. La menor cosecha y el auge del mercado interno explican el desplome.

Las exportaciones de manzanas argentinas registraron durante el primer trimestre de 2026 un desempeño que encendió señales de alerta en toda la cadena frutícola. Según datos difundidos por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), los envíos al exterior apenas superaron las 12.900 toneladas, un volumen que no solo resulta bajo en términos absolutos, sino que también marca un retroceso significativo frente a los niveles históricos del sector.

La caída interanual alcanza el 30%, mientras que si se compara con el promedio de las últimas cinco campañas (2021-2025), la disminución se ubica en torno al 18%. Sin embargo, el dato más contundente surge al analizar la serie de los últimos diez años: el primer trimestre de 2026 representa el nivel más bajo de exportaciones para ese período en toda la década.

Para dimensionar el contraste, basta recordar que en 2020 se alcanzó el pico más alto, con más de 24.800 toneladas exportadas en el primer trimestre, prácticamente el doble de lo registrado en la actual campaña. Esta diferencia no solo refleja una coyuntura adversa, sino también un cambio estructural en la dinámica productiva y comercial del sector.

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Una cosecha golpeada por múltiples factores

Los operadores del mercado coinciden en señalar que la principal causa detrás de este derrumbe exportador es la fuerte caída en la producción de manzanas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, principal región productora del país. Según estimaciones relevadas en el sector, la cosecha de esta temporada habría disminuido alrededor de un 40% respecto del ciclo anterior.

Detrás de este fenómeno confluyen tres factores clave. En primer lugar, las heladas tardías ocurridas durante la primavera afectaron severamente la floración, reduciendo el potencial productivo desde etapas tempranas. A esto se sumaron eventos de granizo que impactaron directamente sobre la fruta en desarrollo, generando pérdidas adicionales.

El tercer elemento, menos visible pero igualmente determinante, es el denominado “añerismo”, un comportamiento fisiológico característico del manzano. Este proceso implica la alternancia entre años de alta producción (carga) y años de baja producción (descarga). Tras una temporada previa con niveles productivos elevados, los árboles tienden a agotar sus reservas de nutrientes, lo que repercute en una menor floración y cuajado en el ciclo siguiente.

La combinación de heladas, granizo y añerismo terminó configurando un escenario productivo complejo, particularmente en las variedades de manzanas rojas, que fueron las más afectadas.

Brasil consolida su liderazgo como destino

En paralelo a la caída de los volúmenes exportados, también se observan cambios significativos en la composición de los mercados de destino. Brasil volvió a posicionarse como el principal comprador de manzanas argentinas durante el primer trimestre, concentrando poco más de 4.700 toneladas, lo que representa el 37% del total exportado.

Detrás se ubicaron Paraguay, con 3.100 toneladas, y Bolivia, con 1.800 toneladas. Este esquema confirma una tendencia que se viene consolidando en los últimos años: la creciente dependencia de los mercados regionales, en detrimento de destinos tradicionales de mayor distancia.

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El contraste con la situación de 2017 resulta ilustrativo. En aquel entonces, Paraguay lideraba las exportaciones con algo más de 3.500 toneladas, seguido por Rusia, que ocupaba un lugar relevante en el comercio exterior frutícola argentino. Hoy, ese mercado prácticamente ha desaparecido del radar en términos de volumen e importancia estratégica.

En este contexto, Brasil ha ganado protagonismo de manera sostenida, posicionándose como uno de los principales destinos de la manzana argentina. Actualmente, el país se ubica como segundo o tercer proveedor de este mercado, compitiendo con actores de peso como Chile e Italia.

Un mercado interno que gana protagonismo

Más allá de las dificultades productivas, existe otro factor que está incidiendo de manera directa en la caída de las exportaciones: el buen momento que atraviesa el mercado interno argentino.

Según destacan empresarios y operadores del sector, los precios de la manzana en el mercado doméstico se encuentran en niveles elevados, tanto en moneda local como en dólares. Esta situación genera un incentivo claro para que los productores y comercializadores prioricen la venta interna por sobre la exportación.

El mercado local ofrece, además, ventajas adicionales: pagos más rápidos, menor complejidad logística y reducción de costos asociados al transporte internacional. En un contexto de menor disponibilidad de fruta, estas condiciones terminan inclinando la balanza hacia el consumo interno.

Como consecuencia, una parte significativa de la producción que en otros años se destinaba a mercados externos está siendo redirigida hacia el mercado interno. Este cambio en la matriz de comercialización refuerza la tendencia de caída en las exportaciones.

Perspectivas para el resto del año

De cara a lo que resta de 2026, las expectativas no son particularmente optimistas en materia exportadora. Todo indica que la oferta seguirá siendo limitada, lo que dificultará una recuperación significativa de los envíos al exterior.

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De más de 24.800 toneladas en 2020 a apenas 12.900 en 2026: el fuerte retroceso en la manzana argentina.

La combinación de una cosecha reducida y un mercado interno firme sugiere que las exportaciones continuarán en niveles bajos durante los próximos meses. Solo un cambio relevante en las condiciones internacionales —como una mejora en los precios externos o una mayor demanda— podría alterar este escenario.

En síntesis, el sector manzanero argentino atraviesa un momento de transición marcado por menor volumen, reconfiguración de mercados y una creciente orientación hacia el consumo interno. Si bien esta dinámica permite sostener la rentabilidad en el corto plazo, también plantea interrogantes sobre la competitividad y el posicionamiento internacional de la fruta argentina en el mediano y largo plazo.

Fuente: Redacción +P.