Un crecimiento que llama la atención, aunque aún marginal
Los registros del organismo sanitario muestran que la tendencia de las importaciones de manzana viene en ascenso desde hace varios años, aunque con altibajos. El pico histórico se registró en 2017, cuando las compras externas rozaron las 8.000 toneladas. Desde entonces, los volúmenes descendieron, pero nunca volvieron a desaparecer del todo. El repunte observado en 2025 marca, sin embargo, uno de los crecimientos más significativos de la última década.
Ahora bien, el interrogante central es qué significa realmente este incremento de más del 40% para la industria manzanera argentina y, sobre todo, para el delicado equilibrio entre oferta y demanda en el mercado interno. A simple vista, los números permiten relativizar el impacto. Las proyecciones para el comercio interno de manzanas durante 2025 estiman un volumen total cercano a las 250.000 toneladas, lo que implica que las importaciones representan apenas el 1,2% del total comercializado en el país.
La mirada del sector productivo y el factor competitividad
Desde el sector privado, esta lectura es compartida. “Nos sentimos muy cómodos con las importaciones siempre que se realicen de manera sana y competitiva. Es decir, que tengamos las mismas posibilidades de colocar nuestro producto que las que tienen quienes importan”, señaló un importante operador del mercado interno de frutas, consultado sobre el tema. En el caso particular de la manzana, los productores locales aseguran contar con ventajas comparativas y competitivas claras, especialmente frente a Chile, principal —y prácticamente único— origen de la fruta importada.
El consumidor argentino, explican desde el sector, también juega un rol clave. La preferencia por el producto nacional, especialmente el proveniente del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, sigue siendo un factor determinante en la decisión de compra. Esa fortaleza explica por qué, pese al crecimiento de las importaciones, estas aún no tienen un peso significativo en el comercio doméstico.
Sin embargo, detrás de la calma relativa subyace una preocupación de fondo. La tendencia creciente de las importaciones podría transformarse en un problema a futuro si se combinan dos factores que hoy están sobre la mesa: el aumento de los costos internos medidos en dólares y la consecuente pérdida de competitividad derivada del atraso cambiario.
Precios, mercado interno y las proyecciones hacia 2026
El análisis mensual refuerza esta mirada. Al comparar las importaciones de 2024 y 2025 mes a mes, se observa que durante 2025 hubo incrementos significativos en la mayoría de los meses. Las únicas excepciones fueron septiembre y octubre, cuando el año anterior registró mayores ingresos de manzana del exterior. El resto del calendario muestra una clara expansión, alineada con la política de apertura comercial impulsada por el Gobierno.
De cara a la temporada 2026, las proyecciones empresariales indican que los volúmenes de importación se mantendrían en niveles similares a los actuales, con la posibilidad de un leve crecimiento. No obstante, coinciden en que, al menos por ahora, no se espera un impacto directo sobre la oferta argentina ni sobre la dinámica general del mercado.
Un aspecto clave del debate es el precio. Contrariamente a lo que suele temerse, la manzana importada no ingresa al país como un producto más barato que presiona a la baja los valores internos. Según datos del Mercado Central de Buenos Aires, las manzanas chilenas presentan precios mayoristas claramente superiores al promedio general, ocupando un segmento específico del consumo. Las estadísticas así lo confirman. Tomando un día al azar del mes de septiembre del año pasado, se observa claramente como el precio de la manzana se ubica por encima de la oferta local.
Así, el salto de las importaciones de manzanas en 2025 aparece más como un reflejo del nuevo rumbo económico que como una amenaza inmediata. Sin embargo, también funciona como una señal de advertencia para el sector: en un escenario de mayor apertura, la competitividad interna será el factor decisivo para sostener el protagonismo de la producción nacional.
Fuente: Redacción +P.