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La fruticultura del Valle sigue en retroceso: en 2025 se perdieron otras 762 hectáreas de peras y manzanas

Según datos oficiales, la superficie implantada en Río Negro y Neuquén volvió a reducirse durante 2025. En los últimos 17 años ya desaparecieron más de 15.300 hectáreas de peras y manzanas.

La superficie implantada con peras y manzanas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén continúa reduciéndose y las estadísticas oficiales confirman que el proceso de abandono de chacras todavía no encuentra un piso definido. Según los datos difundidos por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) en su Anuario Estadístico 2025, durante el año pasado desaparecieron otras 762 hectáreas productivas de frutas de pepita en la región, profundizando una tendencia que ya lleva más de dos décadas.

La información oficial muestra que la mayor caída se registró en las plantaciones de peras. Durante 2025 la superficie destinada a este cultivo se redujo un 3,3%, lo que equivale a unas 562 hectáreas menos en comparación con el año anterior. En el caso de las manzanas, la retracción fue cercana a las 200 hectáreas, con una disminución interanual del 1%.

Los números vuelven a reflejar una realidad que desde hace años atraviesa a la principal región productora de frutas de pepita del país. El ajuste estructural de la actividad continúa expulsando superficie productiva, especialmente entre los pequeños y medianos productores, que enfrentan crecientes dificultades para sostener la rentabilidad de sus explotaciones.

Un proceso que lleva más de 20 años

La pérdida de hectáreas no responde a un fenómeno coyuntural. Por el contrario, forma parte de un proceso de reestructuración que comenzó a consolidarse a principios de la década del 2000 y que se profundizó con el paso de los años.

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Gran parte de las chacras que estaban en producción hace dos décadas presentaban problemas de productividad, estructuras varietales obsoletas y limitaciones tecnológicas que impedían competir en los mercados internacionales. A ello se sumaron sucesivas crisis macroeconómicas que deterioraron la capacidad de inversión del sector.

La combinación de bajos precios relativos, aumento de costos, dificultades financieras y escaso acceso al crédito terminó generando una fuerte descapitalización de numerosas explotaciones. En muchos casos, la falta de renovación varietal y tecnológica derivó directamente en el abandono de los montes frutales.

El resultado es visible en toda la región: menos hectáreas productivas, menor cantidad de productores y una creciente concentración de la actividad en establecimientos de mayor escala o integrados comercialmente.

General Roca encabezó las pérdidas en Río Negro

Dentro de Río Negro, provincia que concentra más del 70% de la producción regional de peras y manzanas, General Roca fue la localidad más afectada durante 2025. De acuerdo con los registros del SENASA, la ciudad perdió 180 hectáreas de superficie implantada durante el último año. El segundo lugar correspondió a Villa Regina, con una reducción de 52 hectáreas, seguida por Cipolletti, donde desaparecieron otras 51 hectáreas productivas. Lamarque también mostró una importante contracción, cercana a las 50 hectáreas.

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La excepción entre las principales zonas productivas fue Chimpay, que logró incorporar seis hectáreas adicionales de peras y manzanas, convirtiéndose en uno de los pocos distritos con saldo positivo durante el período analizado.

La situación en Neuquén refleja una tendencia similar, aunque con una escala menor debido a la menor superficie total implantada. Los datos correspondientes a 2025 muestran que Centenario fue la localidad que más superficie perdió, con una reducción de 79 hectáreas. Detrás se ubicó San Patricio del Chañar, donde se abandonaron otras 68 hectáreas de frutales.

Ambas localidades vienen registrando una disminución sostenida de sus áreas productivas durante los últimos años, en un contexto donde la expansión de otras actividades económicas y el crecimiento urbano también ejercen presión sobre los terrenos históricamente destinados a la producción frutícola.

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Más de 15.300 hectáreas menos desde 2009

Sin embargo, la verdadera dimensión del fenómeno se observa cuando se amplía la mirada histórica. Tomando como referencia las estadísticas consolidadas por SENASA desde 2009, la superficie implantada con peras y manzanas en Río Negro y Neuquén se redujo en más de 15.300 hectáreas durante los últimos 17 años.

La cifra representa aproximadamente el 35% de toda la superficie existente al inicio del período analizado, una caída que no tiene antecedentes de semejante magnitud en la historia reciente de la fruticultura regional.

En manzanas, la pérdida acumulada supera las 8.300 hectáreas, lo que implica una reducción cercana al 34% respecto de 2009. En peras, en tanto, desaparecieron más de 7.000 hectáreas, equivalente a una contracción cercana al 30%.

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Detrás de estos números aparece un cambio profundo en la estructura productiva del Alto Valle, donde miles de hectáreas dejaron de formar parte del circuito económico de la actividad.

En Río Negro, las mayores pérdidas acumuladas desde 2009 se registraron en Allen, que cedió cerca de 1.800 hectáreas durante el período. General Roca aparece en segundo lugar con aproximadamente 1.600 hectáreas menos, mientras que Chimpay ocupa el tercer puesto con unas 980 hectáreas perdidas.

Parte de estas superficies fueron abandonadas por falta de rentabilidad, mientras que otras terminaron destinadas a usos alternativos, principalmente desarrollos urbanos o actividades económicas diferentes de la fruticultura.

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En Neuquén, la mayor reducción acumulada corresponde a San Patricio del Chañar, donde desaparecieron más de 940 hectáreas desde 2009. Le sigue Centenario, con una caída superior a las 550 hectáreas.

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Los pequeños productores, los más golpeados

Los especialistas coinciden en que el impacto más severo del ajuste recayó sobre las explotaciones de menor escala. Las estadísticas muestran que las chacras de menos de 30 hectáreas concentraron gran parte de la superficie que salió del sistema productivo durante los últimos años. Se trata, en general, de establecimientos con menores niveles de productividad, dificultades para acceder a inversiones y escasa integración comercial.

La falta de escala económica dificulta la incorporación de nuevas tecnologías, la reconversión varietal y el acceso a mercados más exigentes, factores cada vez más determinantes para sostener la competitividad.

A ello se suma que muchos pequeños productores no participan de estructuras integradas de empaque, frío, comercialización o exportación, lo que limita aún más sus posibilidades de supervivencia en un contexto de costos crecientes.

¿Dónde está el piso? Actualmente, la superficie total de peras y manzanas en el norte de la Patagonia se ubica cerca de las 33.000 hectáreas. Diversos analistas del sector consideran que el proceso de ajuste aún podría continuar en los próximos años, especialmente sobre aquellas chacras que presentan problemas estructurales de productividad, escasa capitalización o variedades con baja demanda comercial.

Sin embargo, estiman que difícilmente la superficie total regional caiga por debajo de las 25.000 hectáreas, nivel que muchos consideran como el umbral mínimo para sostener una estructura productiva competitiva en el largo plazo.

Mientras tanto, las estadísticas de 2025 vuelven a confirmar una tendencia preocupante: la fruticultura del Alto Valle sigue perdiendo superficie y todavía no encuentra un piso definitivo. La continuidad del proceso dependerá en gran medida de la capacidad del sector para recuperar rentabilidad, atraer inversiones y avanzar en la modernización de aquellas explotaciones que aún permanecen rezagadas frente a las exigencias de los mercados actuales.

FUENTE: SENASA con aportes de Redacción +P.