Las heladas afectaron especialmente a las variedades tempranas y de media temporada, que ya estaban en una etapa sensible del desarrollo cuando ocurrieron los descensos de temperatura. Si bien algunas áreas de menor altitud, donde la floración fue más tardía, se vieron menos perjudicadas, los signos de daño incluyen oscurecimiento de flores, bajo cuajado y afectaciones en los frutos en desarrollo. Esto anticipa una temporada con una notable disminución de producción, tanto en volumen como en calidad.
Turquía es el mayor productor mundial de cerezas frescas, con una media de producción que supera las 850.000 toneladas anuales, y una parte sustancial se destina a la exportación. Los mercados europeos como Alemania, Países Bajos, Escandinavia y el Reino Unido son los principales destinos, debido a la alta calidad de la fruta turca, reconocida por su tamaño, dulzura y vida útil prolongada.
Sin embargo, esta temporada adversa podría alterar ese equilibrio. “La cosecha será muy desigual entre regiones, lo que dificultará la planificación de recolección y exportación. Habrá que ser muy selectivos durante la cosecha, y esto, sumado a los mayores costos logísticos y menor productividad, puede poner en riesgo el cumplimiento de compromisos con compradores internacionales”, indicó Ahinöz.
Comercio de cerezas afectado
La situación no solo pone en jaque el comercio exterior: también impactará directamente en el mercado nacional. Se prevé un aumento generalizado de precios, tanto para la fruta de exportación como para la de segunda categoría. Ahinöz estima que los precios en los mercados mayoristas locales podrían aumentar entre un 30% y un 50%, dependiendo de la región y la variedad. Esta subida afectará a supermercados, mayoristas y consumidores finales.
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Las temperaturas llegaron a -7°C en algunas regiones con una duración de más de cinco horas.
Frente a esta coyuntura, los exportadores turcos, incluidos Poleks, analizan estrategias para mitigar el impacto. Entre ellas se encuentra priorizar a los compradores habituales de mayor rentabilidad, reducir temporalmente la presencia en destinos secundarios, e incluso reforzar los vínculos con minoristas nacionales si el volumen no alcanza para satisfacer la demanda internacional. También se contempla colaborar con otros productores para consolidar volúmenes exportables.
“Nos enfrentamos a una temporada corta, exigente y con muchos retos. Tendremos que minimizar el desperdicio, mantener los estándares de calidad y adaptarnos con rapidez”, concluye Ahinöz. Aunque las pérdidas son significativas, el sector confía en que una gestión estratégica permitirá mantener la rentabilidad y asegurar la posición de Turquía como potencia exportadora de cerezas.
La situación, además de sus repercusiones económicas, pone de relieve los riesgos que el cambio climático representa para la agricultura, incluso en regiones con larga tradición frutícola. Turquía, al igual que otros grandes productores, deberá fortalecer sus mecanismos de adaptación climática si quiere preservar su liderazgo en cultivos tan sensibles como la cereza.
Fuente: Cherry Times, Fresh Plaza con aportes de la Redacción +P.