Menos volumen y precios en baja: el duro balance de la cereza argentina
La temporada cerró con menor producción, mercados presionados por la oferta chilena y un fuerte impacto del clima en las principales zonas cereceras del país.
Latemporada de cerezas 2025/26 en Argentina se encamina a su cierre con un saldo complejo, marcado por un fuerte adelantamiento del calendario productivo, un impacto climático significativo en las principales zonas productoras y un contexto internacional desafiante por la sobreoferta chilena. Así lo describe Aníbal Caminiti, gerente de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI), quien traza un análisis detallado sobre el desarrollo de la campaña, los mercados externos, los costos y los desafíos estructurales del sector.
Según explica Caminiti, la temporada aún no había finalizado al momento de la entrevista, pero su cierre se produciría durante el primer fin de semana de febrero, aproximadamente diez días antes de lo habitual. “En años normales, la temporada termina alrededor del 20 de febrero. Este año va a terminar cerca del 7”, señala, subrayando que el adelantamiento no fue exclusivo de una región, sino un fenómeno generalizado en gran parte del país y del hemisferio sur.
El clima como factor determinante
Uno de los principales factores que explica este comportamiento atípico fue el clima. En particular, las altas temperaturas registradas durante enero aceleraron los procesos fenológicos de la fruta. “El año pasado la temperatura máxima de enero fue de 23 grados; este año llegamos a 34, con varios días por encima de los 30 grados. Eso es totalmente inusual”, remarca Caminiti.
Este escenario provocó una aceleración abrupta de la maduración y una fuerte superposición de variedades durante la cosecha. “Cuando llegué a una finca y pregunté qué variedad estaban cosechando, me dijeron ‘todas’. Eso grafica perfectamente lo que pasó”, explica. El mismo fenómeno se observó en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, donde la cosecha cerró alrededor del 12 de diciembre, cuando normalmente se extiende hasta Navidad o incluso más allá.
Para Caminiti, más allá de que aún no exista un análisis estadístico profundo que lo confirme, estos eventos comienzan a percibirse como recurrentes. “Es una apreciación personal, pero pareciera que estamos entrando en un nuevo patrón climático, con temperaturas más altas y un adelantamiento de los tiempos tradicionales de cosecha. Y eso tiene consecuencias muy concretas para la producción”.
Entre esas consecuencias se destaca la necesidad de una logística mucho más intensa y eficiente. “Cuando todo se achica y se concentra en menos días, se requiere más gestión, más coordinación y más costos en cosecha y poscosecha”, afirma.
Producción afectada y exportaciones en retroceso
En términos productivos, la temporada fue negativa, especialmente en la región del Alto Valle. Las pérdidas registradas en Río Negro y Neuquén tuvieron un impacto directo en el volumen exportable total del país. “El año pasado, el 56% del volumen exportado por Argentina se produjo en Río Negro y Neuquén. Al resentirse tanto esa región, el impacto fue muy fuerte”, explica Caminiti.
Las cifras reflejan esta situación: hasta fines de enero se habían exportado aproximadamente 4.660 toneladas, y con suerte se alcanzarán las 5.000 toneladas al cierre de la campaña, un volumen inferior al de temporadas anteriores.
“Es parte de las reglas del juego”, admite el gerente de CAPCI, aunque reconoce que la caída en los volúmenes complica la rentabilidad general del sector, especialmente en un contexto de precios internacionales presionados.
Precios a la baja y fuerte competencia chilena
En los mercados externos, el factor dominante fue la mayor presencia de cerezas chilenas. “Hubo más oferta chilena en todos los mercados y los precios fueron a la baja en todos”, resume Caminiti.
No obstante, en algunos destinos la fruta argentina logró diferenciarse. En Europa, Medio Oriente, Singapur y parte del sudeste asiático, la cereza argentina transportada por vía aérea pudo posicionarse por encima de la fruta chilena enviada por vía marítima, recuperando algo de valor en enero. Sin embargo, esa recuperación no fue suficiente para alcanzar los niveles de la temporada anterior.
Cerezas Chile 2024-25
La sobreoferta chilena, el remate de fruta y la caída de precios en los mercados internacionales marcaron una temporada compleja para la cereza argentina.
En Estados Unidos, la situación fue más compleja. La fuerte presencia chilena generó un ajuste generalizado de precios a la baja, con retornos menores para los exportadores argentinos, especialmente en enero. “No es lo mismo la fruta temprana de noviembre del Alto Valle que la fruta de Chubut, que aparece a fines de diciembre. Eso también influye en los resultados”, aclara.
China, por su parte, volvió a ser el mercado más relevante para Chile, absorbiendo cerca del 85% de su volumen exportado. Sin embargo, tampoco mostró la reacción esperada en precios. “El Año Nuevo Chino fue muy tardío y se desestacionalizó del pico de oferta chilena. Esa fruta estuvo dando vueltas en los mercados y los precios no levantaron”, explica Caminiti. Si bien se esperaba una reacción en los primeros días de febrero, el mercado ya venía debilitado.
El “purge” chileno y un cambio de escenario
Ante este contexto, Caminiti observa un proceso de ajuste estructural en la industria chilena. “Chile ya empezó un purge. Entre la temporada pasada y esta cerraron varias exportadoras, y eso va a seguir pasando”, asegura. El fenómeno no se limita a empresas exportadoras, sino que también alcanza a establecimientos productivos y plantas de empaque.
“Cuando hay márgenes, todos nos damos ciertas libertades. Cuando los márgenes desaparecen, quedan en el camino los que no son eficientes”, explica. La estrategia chilena de rematar contenedores para cubrir costos durante esta temporada complicó aún más a otros oferentes, incluida la Argentina.
Sin embargo, Caminiti marca una diferencia clave entre ambos modelos productivos. “Nuestras empresas son integradas: manejan desde la producción primaria hasta la exportación. En Chile, gran parte de la oferta proviene de productores que entregan su fruta a un packing. Eso cambia completamente los números”.
Esta integración permite a las empresas argentinas un mayor control de calidad, decisiones más precisas sobre el momento de cosecha y mayor flexibilidad comercial, especialmente en envíos aéreos. “Cuando trabajás con contenedores completos y grandes volúmenes, si el mercado no responde, estás obligado a rematar o tirar la fruta”, compara.
Costos internos y desafíos estructurales
Consultado sobre el tipo de cambio y la competitividad frente a países como Chile, Sudáfrica o Australia, Caminiti es cauto. Reconoce no tener un análisis comparativo detallado, pero enfatiza que el principal problema argentino no pasa exclusivamente por el dólar.
cerezas vista alegre 3
Costos en alza. Pese a los anuncios oficiales, los cambios estructurales para la economía todavía no llegan.
“El verdadero problema es la estructura de costos: mano de obra, impuestos, energía y logística. No tenemos cambios estructurales en esos aspectos”, sostiene. A esto se suma el alto costo logístico que enfrentan los productores del Alto Valle, que operan desde uno de los hubs más caros del país en plena temporada de exportación de perecederos.
Paradójicamente, Buenos Aires resulta más conveniente para exportadores chilenos que para los propios argentinos. “La tarifa aérea desde Buenos Aires es más barata para los chilenos cuando van a Europa o Asia, y además hay más vuelos. Pero eso a nosotros nos encarece los costos y nos deja sin disponibilidad de bodegas”, explica.
Mercado interno: mejor desempeño que temporada pasada
En cuanto a las importaciones, Caminiti confirma que continuaron creciendo, aunque con un comportamiento distinto al del año pasado. Según testimonios de productores y operadores del Mercado Central, la fruta argentina se posicionó mejor que la chilena en términos de calidad y precios.
“La fruta nacional fue más demandada. La chilena que llegaba, salvo excepciones, era de menor calidad. Este año se pudo defender mejor la cereza argentina en el mercado interno”, concluye.
El análisis final de la temporada se realizará hacia mediados o fines de febrero, cuando se completen todos los envíos y se consoliden los datos. Pero el panorama ya deja en claro que la cereza argentina enfrenta un escenario cada vez más exigente, donde el clima, la eficiencia productiva y los costos estructurales serán determinantes para sostener su competitividad en los próximos años.