Uno de los principales factores que afectó a la campaña fue el comportamiento climático registrado durante el invierno. Las temperaturas superiores a los promedios históricos redujeron la acumulación de nieve en las zonas montañosas que abastecen los sistemas de riego, generando limitaciones hídricas para los productores.
La menor disponibilidad de agua coincidió con un ciclo productivo complejo, dificultando el manejo de los montes frutales y afectando las expectativas de rendimiento en diversas explotaciones de los condados de Hood River y Wasco, dos de las principales áreas de peras del estado.
La psila agrava el escenario productivo
A los inconvenientes climáticos se sumó una de las peores infestaciones de psila reportadas en décadas. La plaga, considerada una de las principales amenazas para el cultivo de peras, provocó importantes daños sobre la fruta y las plantas.
La psila produce una secreción azucarada conocida como melaza que se deposita sobre frutos y follaje. Esta condición favorece el desarrollo de fumagina o moho negro, reduciendo significativamente la calidad comercial de la producción y, en numerosos casos, dejando la fruta fuera de los estándares exigidos por los mercados.
Productores de la región señalaron que la presión de la plaga durante la campaña 2025 superó ampliamente los niveles observados en años anteriores, incrementando los costos de manejo y reduciendo los volúmenes comercializables.
Mercado saturado y precios por debajo de los costos
Sin embargo, los problemas sanitarios y climáticos no son los únicos factores detrás de la crisis. El sector enfrenta además una delicada situación económica derivada de la sobreoferta de fruta y la caída de los retornos al productor.
La abundante cosecha de 2024, sumada al cierre de la planta procesadora de conservas de Del Monte en Yakima, Washington, alteró el equilibrio del mercado. Como consecuencia, una importante cantidad de peras originalmente destinadas a la industria terminó ingresando al circuito de fruta fresca, incrementando la oferta disponible y presionando los precios a la baja.
Según reportan medios locales, algunos productores recibieron liquidaciones finales equivalentes a apenas USD 150 por contenedor, mientras que los costos de producción rondan los USD 300 por unidad. Esta brecha evidencia una rentabilidad negativa y una situación financiera difícil de sostener para muchas empresas familiares.
Mientras los ingresos caen hasta un 50%, agricultores de Oregón advierten que la crisis podría provocar una ola de quiebras antes de la cosecha de 2026.
A diferencia de otros modelos comerciales, gran parte de los productores de peras de Oregón entrega su fruta a plantas empacadoras que comercializan el producto durante todo el año. Bajo este sistema, los productores reciben el resultado económico final varios meses después de la cosecha, una vez descontados los gastos de almacenamiento, empaque y comercialización.
Esta modalidad, si bien simplifica la logística, genera una elevada incertidumbre en contextos de volatilidad de mercado como el actual.
Productores al límite
La gravedad de la situación fue expuesta por Lesley Tamura, presidenta de la Asociación de Productores de Frutas de Columbia Gorge, quien advirtió que numerosos establecimientos se encuentran al borde de la insolvencia.
“Durante la última semana he hablado con productores que me han dicho que se están quedando sin opciones. No saben cómo van a cubrir sus gastos operativos ni cómo van a sobrevivir otra temporada”, señaló la dirigente.
Desde la entidad sostienen que muchos agricultores están recurriendo al endeudamiento para mantener la actividad, aunque advierten que en numerosos casos la recuperación económica será extremadamente difícil.
Pedido de asistencia federal
Frente a este escenario, la gobernadora de Oregón, Tina Kotek, solicitó al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) la declaración de desastre agrícola para los condados de Hood River y Wasco.
En una carta enviada a la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, la mandataria pidió una respuesta rápida para facilitar el acceso de los productores a programas federales de asistencia y recuperación.
De aprobarse la solicitud, los productores podrán acceder a líneas de crédito de emergencia administradas por el Servicio Agrícola del USDA y a programas de ayuda destinados a cultivos especializados.
Kotek advirtió que, sin apoyo financiero inmediato, numerosas explotaciones podrían enfrentar la bancarrota antes de la campaña 2026, con consecuencias no solo para las economías regionales sino también para el abastecimiento de peras frescas en el mercado estadounidense.
La evolución de las próximas semanas será determinante para una actividad que constituye uno de los pilares de la fruticultura del noroeste de Estados Unidos y que hoy enfrenta uno de los desafíos más complejos de los últimos años.
FUENTE: Fresh Fruit Portal con aportes de Redacción +P.