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Canteras de Buenos Aires: ¿futuros criaderos de pejerrey?

300 canteras abandonadas en Buenos Aires podrían transformarse en criaderos de pejerrey y destinos de ecoturismo gracias a una investigación del CONICET.

Cientos de canteras abandonadas e inundadas en la provincia de Buenos Aires representan un desafío ambiental y social sin resolver. Un equipo del CONICET propone convertirlas en una oportunidad productiva. Un equipo de científicos del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) desarrolla actualmente un proyecto para estudiar las características físicas, biológicas e hídricas de cavas y canteras abandonadas e inundadas en territorio bonaerense. El objetivo central es evaluar su viabilidad para la cría de pejerrey, especie autóctona de alto valor ecológico y económico, y para el desarrollo de iniciativas de socio-ecoturismo.

El proyecto tiene como punto de partida un acuerdo formal con la Subsecretaría de Minería de la Provincia de Buenos Aires y contempla el análisis de 20 canteras seleccionadas, de un total de aproximadamente 300 cubiertas de agua que existen en el territorio provincial. La mayoría de las relevadas hasta el momento se utilizó para la extracción de tosca y conchilla, materiales vinculados a la industria de la construcción.

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Las jaulas flotantes protegen las larvas de pejerrey y permiten el ingreso de alimento natural del ambiente.

Por qué las canteras son ambientes especiales

Comprender las diferencias entre una cantera inundada y una laguna tradicional es clave para entender los desafíos científicos del proyecto. Según Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA, las dimensiones son radicalmente distintas: mientras que la laguna de Chascomús ronda las 3.000 hectáreas, una de las cavas en estudio, ubicada en la localidad de Samborombón, tiene apenas 7 hectáreas.

Las diferencias no son solo de escala. A diferencia de las lagunas, las canteras no reciben aportes tributarios como arroyos o cursos de agua superficial. Esto genera un espejo de agua más quieto, con menor exposición al viento debido a sus paredes verticales —resultado de la excavación mecánica—, lo que reduce la mezcla hídrica y, en consecuencia, la disponibilidad de zooplancton, principal alimento de las larvas de pejerrey.

Sin embargo, esa misma quietud representa una ventaja: la ausencia de afluentes reduce el ingreso de contaminantes y disminuye la probabilidad de que especies competidoras colonicen el ambiente. "Las cavas ofrecen buenas oportunidades para la cría de peces justamente porque, al ser espacios más pequeños y estar menos expuestos a las inclemencias, el proceso puede realizarse de manera más controlada", explicó Javier García de Souza, investigador del CONICET en el ILPLA.

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Las cavas presentan agua más quieta que las lagunas, lo que reduce la disponibilidad de zooplancton.

El método de siembra de pejerrey en jaulas flotantes

El ILPLA cuenta con una trayectoria consolidada en acuicultura ecológica. A fines de los años 90, el instituto desarrolló un método innovador de cría de pejerrey en lagunas pampeanas que consiste en la colocación de jaulas flotantes con una bolsa de red fina, dentro de la cual se alojan miles de larvas. La red cumple una doble función: protege a los ejemplares de la agresión de otras especies y, al mismo tiempo, permite el intercambio de agua y el ingreso de zooplancton del ambiente. Al cabo de aproximadamente cuatro meses, el proceso produce grandes cantidades de alevinos o juveniles que son liberados en el cuerpo de agua.

Adaptar este método a las canteras implica resolver el principal obstáculo identificado: la baja disponibilidad de zooplancton. "El desafío es adaptar el método de tal forma que permita aprovechar las virtudes de las cavas, sustituyendo las condiciones que son favorables en las lagunas pero que en estos ambientes no están presentes", señaló Colautti.

Tecnología aplicada: ecosondas y mapeo tridimensional del fondo

Las campañas de muestreo en curso abarcan canteras de Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata. En cada salida de campo, el equipo recolecta muestras de agua y de microorganismos, además de registrar la estructura y el relieve del lecho de cada cava.

Para esta última tarea utilizan ecosondas, instrumentos que emiten pulsos acústicos que rebotan en el fondo y cuyo eco es captado por un receptor en la superficie. Los datos obtenidos permiten generar una representación gráfica tridimensional de la topografía subacuática de cada cantera, información esencial para determinar su aptitud para distintos usos.

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Ecosondas registran la topografía submarina de canteras inundadas en la provincia de Buenos Aires.

Ecoturismo y usos alternativos para canteras no aptas

No todas las canteras serán viables para la acuicultura. En los casos en que las condiciones no resulten adecuadas —por ejemplo, por escasa profundidad—, el equipo contempla alternativas de valorización como la implementación de actividades de socio-ecoturismo, la instalación de cartelería ambiental o la creación de senderos interpretativos. "Se puede intervenir sobre el ambiente de una manera más integral para generar nuevos atractivos para cada región", indicó Ailén Solanas, becaria del CONICET en el ILPLA e integrante del equipo.

Esta dimensión del proyecto responde también a una preocupación de los gobiernos municipales y provincial: las canteras inundadas son espacios con los que las comunidades locales ya interactúan de manera espontánea —para bañarse, pescar u observar aves—, pero sin regulación ni organización, lo que genera riesgos para la seguridad de los habitantes.

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Colautti, Garcia de Souza y Solanas lideran el relevamiento de 20 canteras bonaerenses seleccionadas por Minería.

Minería no metalífera y el contexto provincial

La actividad minera en Buenos Aires es no metalífera y se concentra principalmente en los sistemas serranos de Tandilia y Ventania, donde se extraen piedra partida, caliza, dolomita, arcilla y arena. Estos materiales son insumos esenciales para la industria cerámica y la construcción. Si bien en el subsuelo bonaerense existen minerales metalíferos como el oro y el cobre, la legislación provincial vigente impide su explotación comercial a gran escala.

El acuerdo con Minería no solo facilita el acceso logístico a las cavas para las campañas de muestreo, sino que también aporta financiamiento y abre la posibilidad de trabajo interdisciplinario. "Vamos a poder conocer ambientes de los que hasta ahora no se tiene información precisa, vincularnos con municipios y otros actores de la sociedad, y trabajar en articulación con expertos de otras disciplinas", concluyó García de Souza.

FUENTE: Conicet