Carne argentina: impacto del boom exportador en los precios internos y el consumo local
La suba del ganado y la mayor demanda externa ya empiezan a reflejarse en las carnicerías, en plena recuperación del consumo local.
La reapertura del mercado estadounidense a la carne argentina fue recibida con entusiasmo por el sector frigorífico y por el Gobierno, que la presentó como una señal de confianza internacional y una oportunidad histórica para aumentar las exportaciones. Sin embargo, detrás de los festejos empieza a asomar un “lado B” que ya se refleja en el mercado interno, con subas sostenidas en el precio del ganado y señales de alerta sobre el impacto que el mayor dinamismo exportador podría tener en el bolsillo de los consumidores.
En el Mercado Agroganadero de Cañuelas, principal referencia para la formación de precios, el novillito alcanzó los $5.000 por kilo vivo, lo que representa un incremento del 42% respecto de octubre y un 25% más que en diciembre. La suba se produce, además, en un contexto estacional de mayor consumo, lo que amplifica su efecto sobre la cadena cárnica.
El traslado a los mostradores ya comenzó. Según el último relevamiento de inflación de alimentos de la consultora LCG, el precio de la carne en las carnicerías aumentó un 4,1% en las últimas cuatro semanas. El dato cobra relevancia en un escenario en el que el consumo local muestra signos de recuperación: durante 2024, el consumo total de carnes cerró con un promedio de 116,4 kilos per cápita, de los cuales 49,9 kilos correspondieron a carne vacuna.
El regreso del debate: exportaciones versus precios internos
Como ocurre cíclicamente en la Argentina, la expectativa de un boom exportador volvió a reavivar el debate sobre la tensión entre el mercado externo y los precios domésticos. No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para recordar políticas de intervención que buscaron frenar las exportaciones en contextos de alta inflación, como sucedió durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y de Alberto Fernández, cuando se señalaba a la demanda china como responsable de presionar los precios internos.
En aquel entonces, el sector ganadero argumentaba que la carne demandada por China no competía directamente con la que consumen los argentinos. Hoy, el escenario es distinto. Estados Unidos es un mercado que demanda carne de alta calidad, lo que genera una superposición mayor con los cortes preferidos en el mercado interno. Las cifras lo confirman: aunque China concentra el 65% del volumen exportado, representa el 48% de los ingresos en dólares. En cambio, Estados Unidos, con apenas el 5% del volumen, explica casi el 8% de la facturación, según datos de la Fundación Mediterránea.
¿Debe preocupar una presión alcista sobre los precios locales? En condiciones normales, la respuesta sería negativa. Aun con el nuevo acuerdo, Argentina sigue siendo un proveedor marginal para Estados Unidos, con apenas el 2% de sus importaciones. Las 100.000 toneladas anuales contempladas equivalen, por ejemplo, a lo que Uruguay exportó el año pasado a ese destino. Además, países como Australia, Canadá, Brasil, Nueva Zelanda y México ocupan posiciones muy superiores en ese mercado.
Escasez de novillos y una demanda externa que no afloja
No obstante, el contexto productivo introduce matices. Desde hace meses, especialistas advierten sobre una escasez de novillos y una reducción del rodeo, justo cuando la demanda internacional se intensifica. La especulación cambiaria y la caída de márgenes afectaron las decisiones de inversión, y si bien la reciente suba de precios mejoró el panorama, la ganadería está sujeta a ciclos biológicos que limitan una respuesta rápida de la oferta.
El novillito ya sube más de 40% y las carnicerías empiezan a ajustar valores ante un escenario de mayor demanda.
Desde el sector frigorífico transmiten confianza en la capacidad de recomposición del stock, aunque reconocen que el proceso podría implicar entre uno y dos años de precios elevados. Incluso, algunos analistas ya mencionan la posibilidad de importar carne brasileña para amortiguar los picos de consumo. “Hoy tenemos precios de hacienda que son récords históricos y eso es una condición necesaria para crecer en oferta”, señaló Daniel Urcía, presidente de FIFRA.
Del lado externo, la demanda estadounidense aparece como un factor estructural. El rodeo vacuno de ese país cayó a un mínimo histórico de 95 millones de cabezas, insuficiente para abastecer al mayor mercado consumidor del mundo. El USDA anticipó que en 2026 también caerá la producción en Oceanía, Brasil y Estados Unidos, lo que abre una ventana de oportunidad para la carne argentina.
En términos de divisas, el mayor acceso al mercado estadounidense podría aportar hasta 800 millones de dólares adicionales. El desafío, como advierten los analistas, será sostener una oferta constante y de calidad sin desatender el equilibrio del mercado interno, una ecuación históricamente sensible para la economía argentina.