“En parte esta baja se da por la sequía, pero también está influenciada mucho la caída del consumo”, sentenció el economista y analistas de mercados ganaderos, Leonardo Klaps.
Aseguró que los bajos salarios y el creciente nivel de pobreza influye en el consumo de carne. Los datos del Gobierno Nacional destacan en este sentido que el consumidor mantiene la tendencia de abandonar la carne vacuna en busca productos alternativos como es el pollo y el cerdo, que son más carnes más económicas.
A nivel nacional el consumo de carne bovina, tomando como cierre marzo de este año -último dato oficial existente- se ubicó en 59,3 kilos por habitante. Desde 2019 cayó poco más del 11% y respecto de los últimos diez años se desplomó cerca del 25%.
“Lamentablemente por la sequía hay que sacar la hacienda de los campos. Hay lugares donde la seca ya lleva más de una década. Las explotaciones tienen un limite y sin pasto hay que vender los animales”, agregó Klaps en otra parte de la conversación.
Más hacienda para el sur
El informe del Senasa recopila un dato que es clave para analizar la matriz producto: los envíos de hacienda a la región Patagonia Sur.
Según detalla el informe del organismo sanitario, en el primer trimestre del corriente año las cabezas de bovinos destinadas a faena que salieron de Patagonia Norte a Patagonia Sur crecieron a una tasa del 37% interanual. En términos absolutos este índice equivale a 3.289 animales que se “exportaron” hacia esas latitudes.
Esta misma tendencia se observó en los envíos para invernada. En este caso el crecimiento se ubicó en el 18% representando unas 2.100 cabezas de ganado bovino.
Estas poco más de 5.300 cabezas orientadas hacia el mercado de Patagonia Sur reflejan, en parte, la crisis que está generando la sequía en los campos ganaderos de Río y Neuquén.