La preocupación no es menor. La garrapata común del bovino (Rhipicephalus microplus) es uno de los principales problemas sanitarios de la ganadería en las regiones donde está presente. Además de provocar pérdidas productivas por su acción parasitaria, puede transmitir enfermedades como la babesiosis y la anaplasmosis, que afectan la salud de los animales y generan costos adicionales para los establecimientos.
Una barrera sanitaria para el sur
Uno de los aspectos centrales de la estrategia es la regionalización del territorio según las condiciones ambientales y epidemiológicas. La normativa contempla una Región Ecológicamente No Apta, que comprende los territorios ubicados al sur del paralelo 31° de latitud sur, donde las condiciones climáticas no permiten completar el ciclo biológico de la garrapata.
Si bien esta clasificación representa una ventaja ambiental para buena parte de la Patagonia, es importante distinguir entre las regiones donde la garrapata no puede completar naturalmente su ciclo biológico, y aquellas que cuentan con un reconocimiento sanitario formal como zonas libres o de resguardo.
El SENASA refuerza los controles sanitarios para evitar la propagación de la garrapata bovina durante el traslado de animales. Foto: SENASA.
No todo el territorio patagónico tiene necesariamente la misma condición epidemiológica. Por eso, la vigilancia sobre el ingreso y movimiento de animales sigue siendo determinante para conservar el estatus sanitario de cada área.
Por eso, el SENASA pone especial atención en los requisitos de traslado y en la inspección de los animales antes de su circulación. La vigilancia en los establecimientos de origen y destino constituye una herramienta fundamental para impedir que el parásito se disperse mediante el transporte de bovinos, bubalinos y equinos.
Controles y resistencia a tratamientos
Entre las medidas incorporadas, se destaca la inspección previa al despacho de tropas, que debe ser realizada por técnicos y veterinarios acreditados cuando corresponda. También se establece que, si durante los controles en tránsito o en el establecimiento de destino se detectan garrapatas vivas, la tropa deberá regresar al campo de origen en un plazo máximo de 48 horas.
Otro punto relevante es el seguimiento de la resistencia a los productos veterinarios. Para eso, la normativa incorpora el bioensayo garrapaticida, una prueba de laboratorio que permite determinar qué principios activos mantienen su eficacia frente al parásito. Los resultados sirven para orientar los tratamientos y evitar aplicaciones inadecuadas que favorezcan la aparición de poblaciones resistentes.
La estrategia también busca promover un control integrado, que no dependa exclusivamente de productos químicos, sino que combine tratamientos, manejo de potreros, rotación y descanso de pasturas, entre otras herramientas sanitarias.
Para la ganadería patagónica, el desafío es sostener una vigilancia permanente sobre el ingreso de animales y reforzar los controles en los circuitos comerciales. Aunque las condiciones ambientales representan una barrera natural para la expansión de la garrapata, la prevención sigue siendo indispensable para conservar el estatus sanitario de la región.
FUENTE: SENASA