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Estudió en EE.UU., se enamoró de Neuquén y hoy deja un legado único: "La confianza se cultiva"

En Junín de los Andes, la Estancia Alinco se convirtió en un referente de caballos Cuarto de Milla, superando sequías y desafíos patagónicos.

Celina Cabezas viene de una familia de descendientes italianos de parte de su abuelo materno, de apellido Bencich, oriundo de Trieste. Su abuelo llegó a la Argentina en la primera década del 1900 y se dedicó a la construcción en Buenos Aires. Hizo los famosos edificios Bencich, diseñados por el francés Eduardo Le Monnier, declarados patrimonio histórico del microcentro porteño.

“Él decía que argentina era un país santo”, recuerda Celina en diálogo con +P, y “a medida que le empezó a ir bien compró campos en La Pampa y en Corrientes”, explica sobre sus raíces.

Alfredo Cabezas, padre de Celina. "Me transmitió el amor por los caballos", asegura.

El amor por el campo también vino de parte de su abuelo paterno, de origen español, que se dedicaba a la fabricación textil y al transporte, pero a medida que podía, también compró campos. “En mi familia apenas tenías un peso, te decían, ‘Compráte tierra’".

Con esta premisa, el padre de Celina adquirió campos en la provincia de Buenos Aires en Cañuelas y Pehuajó. Con su familia siempre vivieron en la ciudad de Buenos Aires, pero los fines de semana y durante las vacaciones se instalaban en el campo.

Amor por los caballos

“Por el hecho de tener ganadería, teníamos cría de caballos”, recuerda Celina Cabezas sobre su niñez y cómo comenzó su amor por estos animales desde que nació.

“Siempre le tuve mucha confianza a los caballos” cuenta sobre esa relación especial. “Hoy en día esa esa confianza es fundamental para tener una buena relación con tu montado” explica la criadora.

Estancia Alinco: cría de caballos basada en el respeto y la confianza mutua.

A diferencia de cómo se criaba antes, su método se basa en la filosofía del respeto y la no violencia con el caballo, donde se entabla una relación de confianza.

“Mi maestro se llama Monty Roberts… un cowboy americano que transformó y dió vuelta la relación entre el ser humano y el caballo. Es un genio, tiene 90 años” afirma Celina sobre su guía.

Los mallines patagónicos, el refugio natural donde pastan caballos premiados.

Entre mallines y coirones

Cuando terminó el secundario Celina estudió agronomía en la facultad, hasta que se casó y se fue a vivir a Estados Unidos, donde se formó en Ciencias Equinas.

Luego de 10 años volvió con su familia a la Argentina y decidieron comprar el campo en Patagonia en el 2003, cerca de la localidad neuquina de Junín de los Andes.

Estancia Alinco, se encuentra sobre la ruta 40 en el pasaje San Ignacio en el kilómetro 2200. “Me enamoré de este lugar”, asegura sobre este proyecto familiar.

Con la cría de caballos Cuarto de Milla comenzaron en el 2005, cuando compraron el primer padrillo y unas potrancas jóvenes, además trajeron material biológico de Estados Unidos.

"Con Monty Roberts, el maestro del Join - Up, una filosofia de domar sin violencia basada en la confianza mutua entre el ser humano y el caballo", cuenta Celina.

Un campo con historia

El campo de Junín de los Andes perteneció a una familia italiana de apellido Mirena. “En los años 30 el señor Mirena plantó los primeros árboles… Hay más de 400 frutales en nuestro parque”, detalla Celina sobre la historia del lugar.

“Algunos de estos árboles tienen casi 100 años. Vivieron inviernos duros, veranos cortos y primaveras explosivas. Y cada año, sin falta, vuelven a dar frutos”. Con esas frutas crearon una fábrica de dulces que venden ahí mismo.

El arte de criar en la Patagonia: desafíos entre volcanes, pumas y sequía.

A pesar de la extensión, las secciones donde hay mallines con pasturas naturales donde comen los caballos, son pocas. En esos lugares no se puede sembrar y, si hay sequías como ahora, hay que suplementar a los animales.

“Cuando vino mi papá a conocer el campo me preguntaba dónde estaban los microorganismos, veía todo piedra, y cuando vio los mallines lo entendió”, recuerda sobre su padre, quien le enseñó el valor del trabajo y el cuidado de la tierra.

Ejemplares versátiles y premiados en la Exposición Rural de Junín de los Andes.

Celina y sus Cuarto de Milla

Hoy la actividad principal del campo es la cría de caballos Cuarto de Milla, además de la ganadería vacuna, actividad que ejerce su esposo Jorge. “Mi marido quiere más vacas y yo más caballos… Pues cada uno tiene su pasión” asegura.

“El Cuarto de Milla es una raza americana y su nombre se debe a que es el caballo más veloz en los 400 metros, un cuarto de la milla. Hay dos ramas: la rama de carrera y la de trabajo, que es en la que nosotros nos especializamos”.

elina junto a sus caballos: "El mayor logro es el reconocimiento emocional".

Este tipo de caballos es de carácter manso, son ideales para el trabajo en el campo y para cabalgatas. “Empezamos comprando un padrillo en Texas que cumplía con la idea del plan de cría”, recuerda sobre los comienzos.

Este plan busca que los caballos “tengan buena conformación, buen carácter… que sean ágiles en lo que hagan, que tengan mucha funcionalidad, porque necesito caballos que puedan trepar y bajar la montaña” explica sobre las características que tienen sus animales.

Desafiando al clima extremo para dejar un legado de formación equina.

Caballos premiados

Hace 20 años que la estancia participa en la Exposición Rural de Junín de los Andes, “Hemos tenido buenos premios”, asegura. Durante el 2026 compitieron en las disciplinas de Conformación, Andares de Campo, Clasificación de Hacienda y Aparte Campero. Y, además, “nos divertimos en los Juegos Libres”.

Obtuvieron premios en la categoría Grandes Campeones y el primer puesto en Aparte Campero. También se llevaron el premio al Caballo Más Versátil.

Sin embargo, lo más importante para Celina es cuando sus clientes le mandan mensajes diciendo que “disfrutan nuestros caballos. Te diría que ese es mi mayor logro a nivel emocional”.

Estancia Alinco, un proyecto familiar que late al ritmo de la Patagonia.

Desafíos patagónicos

Como muchos productores Celina Cabezas mira con preocupación la sequía de la zona, que le parece “grave”. “Estamos muy preocupados porque hemos tenido una sequía brutal el año pasado y este año venimos muy mal con el régimen de lluvias”, explica sobre esta problemática.

Producir en la Patagonia implica grandes desafíos, el clima extremo y los llamados depredadores. Sin embargo, Celina asegura que tiene buena relación con los pumas y se considera “una amante de los animales”.

Patagonia extrema: arreando en medio de las cenizas del volcán.

“También tenemos los volcanes…. Hubo un año que fue durísimo tuvimos un metro de ceniza. Después están los ciervos, que no matan a otros animales, pero si compiten por el alimento” asegura.

A pesar de esto, uno de los peores factores que describe Celina es el "malseco", un hongo que está en una planta y que puede producir la muerte de los caballos. “Eso pasa sólo en la Patagonia, me cobró más muertes a lo largo de estos 20 años…”, afirma.

Alfredo Insaurralde, encargado de Estancia Alinco, en el Gran Campeon Macho, Alinco Domino.

Un lugar de formación

El sueño de Celina es que Alinco sea un lugar de formación, “de poder dejar un legado y enseñar lo que más podamos a que los jóvenes y toda la gente que quiera dedicarse a trabajar con los caballos lo haga de esta manera”, dice convencida.

“Mi agradecimiento es enorme con toda la gente que trabaja con nosotros, especialmente con Alfredo Insaurralde, que es nuestro encargado”, finaliza.

Entre los mallines patagónicos, donde el clima pone a prueba cada proyecto productivo, Celina Cabezas sigue apostando por una forma distinta de criar caballos. Con su propia convicción, la de cuidar la tierra, respetar a los animales y entender que la confianza también se cultiva.

Fotos: gentileza de @beloyuste y Eliseo Miciu.