Los pueblos originarios también manejaban grandes rodeos. Una carta del cacique Saihueque, fechada en 1881, menciona hasta 50 mil cabezas entre vacunos, yeguarizos y ovejas. Esa hacienda criolla fue la base sobre la que se hicieron los primeros cruzamientos.
Niágara, el primer Hereford puro de pedigree del país, llegó en mayo de 1862.
Cruzas en el valle, Durham en la cordillera
El investigador Arturo Kenneth Berwyn reconstruyó este proceso en la revista Hereford. Según su relato, en el valle del Chubut la facilidad de las comunicaciones y la vía marítima con Buenos Aires permitían incorporar genética nueva. Allí las vacas del rodeo general se cruzaron con Hereford y Durham, y más tarde con Shorthorn.
En la cordillera el camino fue otro. Hacia 1901, tras un arreo hasta Concepción, en Chile, los colonos regresaron con diez vaquillonas y diez toros de raza Durham. El dato confirma que el Hereford no entró por una sola puerta ni en una sola fecha.
Dos regiones, dos recorridos
El norte y el sur patagónicos siguieron rumbos distintos. Berwyn señala que Río Negro y Neuquén recibieron la influencia de las provincias vecinas del norte y adoptaron pronto la ganadería vacuna, con predominio del Aberdeen Angus. Más al sur, Santa Cruz y Tierra del Fuego tardaron algunos años en dedicarse a los vacunos.
En Neuquén sobrevive un testimonio familiar. Inés Trannack cuenta que su bisabuelo materno, Juan Fernández Mendaña, llegó a fines del 1800 y fue pionero en introducir el Hereford en la región. La cabaña tomó forma en 1924, cuando el abuelo regaló a su nieta recién nacida 20 vaquillonas y un toro Hereford puro de pedigree. Hoy el establecimiento produce 40 toros de dos años que salen a la venta cada año. Se trata de historia oral de una familia y lo cierto es que ningún documento confirma que Mendaña fuera el primero.
Según la familia Trannack, Juan Fernández Mendaña fue pionero del Hereford en la Patagonia.
La barrera que cambió el juego
El salto de calidad llegó en la década del 70. Según Berwyn, la Barrera Sanitaria Barrancas–Río Colorado limitó el ingreso de hacienda general. Esa restricción empujó a los productores a traer vientres y reproductores puros registrados, y así la región formó un rodeo de calidad. En 1980, un crédito del Gobierno provincial permitió que ingresaran a Chubut más de dos mil vientres, en su mayoría Hereford puros controlados.
El resultado se midió años después. Los datos de septiembre de 2000 mostraban más de 125.000 vacunos en Chubut, casi el 80% en los departamentos del oeste.
Del fin del mundo hacia el mundo
Tierra del Fuego muestra el resultado más nítido de esa adaptación. Casi el 100% de la provincia es de raza Hereford, tras más de 70 años de adaptación, por su engrasamiento y su mansedumbre. Los índices productivos respaldan la elección: 95% de preñez y 87% de destete.
La genética patagónica también cruzó la cordillera. El ganadero chileno Jimmy Peede, nieto del productor que importó las primeras hembras desde la Patagonia 65 años atrás, logró reabrir la importación de toros en pie desde Argentina. Mientras tanto, la Asociación Argentina Criadores de Hereford cumple 100 años el próximo 3 de noviembre.
La historia que parecía comenzar con Niágara plantea una pregunta abierta. Lo cierto es que no existe un registro que fije cuándo ni quién trajo el primer Hereford a la Patagonia. Las fuentes ofrecen pistas dispersas: cruzas en el valle del Chubut, el relato de la familia Trannack en Neuquén y planteles consolidados a lo largo del siglo XX.
FUENTE: Berwyn, A. K. (2001), "Los vacunos en la Patagonia", revista Hereford; Asociación Argentina Criadores de Hereford.