Como primer punto a destacar, desde comienzos de 2024 hasta la actualidad se observa un crecimiento prácticamente ininterrumpido de los saldos adeudados por las empresas del sector.
Según la estadística publicada al 30 de junio de este año, los préstamos bancarios otorgados a empresas ganaderas —específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado bovino, excepto cabañas— ascienden a un total de USD 1.562 millones.
Esto representa una expansión del 38% durante los primeros seis meses del año y del 47% respecto de los saldos registrados doce meses atrás. A priori, los números absolutos muestran que, desde comienzos de 2024, los saldos de deuda contraídos por las empresas del sector se han más que triplicado, al pasar de menos de USD 500 millones a los actuales USD 1.562 millones.
No obstante, es válido aclarar que, puesto que los saldos se expresan en dólares a efectos de homogeneizar la comparación, la variación de los montos mencionados puede reflejar tanto cambios en el volumen de crédito como movimientos en el tipo de cambio y en la composición monetaria de dichos préstamos.
Crece la participación del crédito en dólares
A su vez, otro aspecto a destacar es el fuerte crecimiento observado en la proporción de préstamos nominados en moneda extranjera. Actualmente, el 43% de los saldos adeudados corresponde a este tipo de operaciones, frente al 30% registrado un año atrás, el 22% en junio de 2024 y menos del 10% durante los dos años previos.
Si bien la estabilidad cambiaria registrada durante el último año, junto con el menor costo nominal de las financiaciones en dólares, favorecieron las condiciones para la toma de este tipo de préstamos, también se observa una ventaja muy clara al comparar las tasas reales de las financiaciones nominadas en dólares y en pesos.
Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 53% anual para los préstamos en pesos.
Si bien es cierto que la historia reciente nos remite a tasas de hasta tres dígitos, especialmente durante el último tramo de 2023, previo al cambio de gobierno, la realidad es que, por entonces, la inflación en pesos llegaba a duplicar ese costo, por lo que el costo real del dinero resultaba negativo.
Hoy, con una inflación promedio fluctuando en torno al 33% anual, la diferencia simple es efectivamente 20 puntos porcentuales. Un año atrás, aún con una tasa nominal más baja, del 47%, pero con una inflación que todavía fluctuaba en torno al 39% anual, arrojaba una diferencia de apenas 8 puntos porcentuales, brecha que prácticamente se duplicó durante el último año.
En términos reales, considerando la relación entre ambas tasas, el costo financiero se ubica en torno al 15% anual frente al 6% resultante, un año atrás.
Distinto es el caso de las tasas nominadas en moneda extranjera. Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 6% anual para los préstamos en dólares, apenas 2 puntos porcentuales por debajo de lo registrado un año atrás. Sin embargo, al considerar la variación del tipo de cambio, tenemos que la inflación en dólares durante este último periodo fue del 7,5% anual, lo que se traduce en una tasa real negativa, para préstamos contraídos en moneda extranjera.
En este contexto, mientras que dos años atrás la inflación en pesos licuaba gran parte del costo financiero de la deuda contraída en moneda nacional, hoy este costo real aumentó significativamente.
En tanto, la mayor estabilidad del tipo de cambio frente a la variación del resto de los precios nominados en moneda nacional genera una inflación en dólares superior al costo de contraer financiación nominada en moneda extranjera. De este modo, la ecuación se invierte y la tasa real en dólares se torna ligeramente negativa, (-1,6% anual).
Claro está que, a medida que nos acerquemos al período electoral, estas alternativas de financiación vuelven a tornarse más riesgosas ante eventuales movimientos del tipo de cambio, en un contexto en el que la incertidumbre política tiende a crecer, más allá de la contención que genera la estabilidad de las variables macroeconómicas.
Crédito, precios ganaderos y oportunidades de inversión
No obstante, más allá del costo real que naturalmente debe tener el dinero en un contexto en el que las tasas pagadas por tomar financiación vuelven a ser positivas para cualquier actividad productiva, lo que el productor ganadero no debería dejar de contrastar es qué rendimiento genera efectivamente esa financiación dentro de su actividad.
En este sentido, el valor del ternero —por tomar la categoría de hacienda más representativa de la cría— creció durante el último año un 68% en términos nominales, frente a un costo de tomar dinero que, en promedio, se ubicó en el 53% anual. Si bien esta comparación no implica por sí misma que toda inversión financiada resulte rentable, sí refleja una relación de precios que, en principio, mejora el atractivo de apalancar determinadas decisiones productivas.
Esta relación favorable, que se viene registrando de manera prácticamente ininterrumpida durante los últimos tres años, genera un contexto potencialmente favorable para la inversión en producción.
Sin embargo, todavía existe un amplio margen para seguir afianzando el financiamiento del sector. La ganadería tiene ciclos productivos largos y una fuerte inmovilización de capital en hacienda. Por eso, no alcanza con que exista crédito: el plazo debe ser compatible con el ciclo biológico y comercial de la actividad. Esto será determinante para transformar las actuales condiciones favorables de la actividad en mayor inversión, crecimiento y oferta ganadera.
FUENTE: Rosgan.