Gualtieri repasó, sin esquivar preguntas, tema por tema los cambios que se vienen para la pesquería del Golfo.
Los permisos no bajan
El proceso de transformación arrancó con la contratación de un equipo de investigadores del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos “Almirante Storni” (CIMAS), a través del Consejo Federal de Inversiones (CFI), para asistir a la subsecretaría en la formulación de los planes de manejo de las pesquerías del Golfo San Matías. Ese trabajo —definido como “Programa de asistencia técnica para la gestión sustentable de las pesquerías del Golfo San Matías”— releva cómo se maneja la actividad pesquera en otros países y provincias, bajo un criterio central: que las decisiones se tomen en conjunto entre la administración y los operadores.
“En ningún momento dijimos que ese número de 82 embarcaciones lo vamos a reducir”, aclaró Gualtieri, y advirtió que aún faltan reuniones de las mesas de trabajo sectoriales antes de cualquier definición. "Lo cierto es que hoy hay 82 permisos”, remarcó.
Ese número, de todos modos, todavía no equivale a una cifra cerrada de embarcaciones habilitadas para operar en el golfo bajo el nuevo esquema: según se desprende de sus propias respuestas sobre cupos y mesas sectoriales, esa definición final recién va a quedar establecida cuando terminen las mesas de trabajo y se fijen los cupos por especie.
El origen de todo
Las lanchas artesanales del Golfo fueron pensadas para pescar merluza con anzuelo. El problema llegó con el langostino, que sí o sí se pesca con redes de arrastre: ahí empezaron los cruces con Prefectura, porque las embarcaciones no estaban diseñadas ni habilitadas para ese tipo de pesca. El año pasado, un relevamiento de la fuerza había encontrado poco más de 50 lanchas en regla.
Ante este panorama, el funcionario destacó que “nosotros nos tenemos que abocar a las cuestiones pesqueras. Las cuestiones de otras instituciones, como Prefectura, podemos acompañar, ayudar, pero no meternos en cuestiones que son propias de ellos. Es cierto que desde la Subsecretaría a los pescadores artesanales los estamos asistiendo para que se puedan poner en condiciones con la normativa de Prefectura."
Con ese fin, la Provincia contrató un ingeniero naval que está a cargo de los planos y la documentación técnica que exige la normativa, para que las embarcaciones puedan regularizarse. "Nosotros no tenemos nada que ver con Prefectura, pero por una cuestión de seguridad de la gente que va arriba, les pedimos que se pongan en condiciones. Y lo entendieron", agregó Gualtieri, que además destacó un cambio de clima en la pesquería: "Nos estamos entendiendo en muchas cosas que antes era prácticamente imposible."
Bajo la conducción de Carlos Banacloy en el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, el subsecretario de Pesca, Gustavo Gualtieri, avanza en la reestructuración del Golfo San Matías mediante cupos de captura e inversiones estratégicas en infraestructura.
Un consejo pesquero "bien escrito"
Consultado sobre si comparte el criterio de un manejo colegiado —consejo pesquero, cupos y participación de todos los actores—, Gualtieri tomó como referencia al Consejo Federal Pesquero nacional, el organismo que lleva adelante la política pesquera a nivel país. Para él, los planes de manejo funcionarían como una guía para que las decisiones no dependan de una sola persona sino del conjunto de los integrantes del sector.
Pero avisó que un organismo así no se arma de un día para el otro: "Armar un consejo como ese no es tarea fácil. No digo que sea imposible. Que estamos de acuerdo en que debemos participar todos, sí, totalmente de acuerdo." El camino, dijo, todavía tiene varios pasos: "Eso lo tendremos que ir implementando poco a poco, hay que escribirlo bien, hay que hacer un manual, después hay que ponerlo por decreto del gobernador."
Dos planes de manejo antes de fin de año
Ya se hizo una primera reunión con todos los actores de la pesca invitados, en la que se les explicó de qué se tratan los planes de manejo. Lo que sigue son las mesas de trabajo sectoriales, con un objetivo de calendario claro: que para fines de octubre o principios de noviembre estén listos los planes.
Habrá dos, separados por tipo de pesquería: uno para merluza y langostino, y otro para moluscos y bivalvos —una actividad que en general se hace a través del buceo.
El objetivo declarado es ordenar y simplificar. "La idea es simplificar todo. Que queden dos, máximo tres normativas —ley, decreto y una resolución— y que esas deroguen todas las anteriores", explicó Gualtieri. "Hoy por hoy, con la cantidad de parches que se fueron haciendo, hay muchas normativas dando vueltas, y se hace muy engorroso para todo el mundo poder tener en la memoria todo lo que hay."
El otro pedido que llegó desde el sector pesquero, según el subsecretario, es empezar a participar de las decisiones sobre otorgamiento y cantidad de permisos, tanto industriales como artesanales. Puntualmente, el sector artesanal pide revisar el régimen actual: los permisos son individuales e intransferibles, siguen vigentes, aunque no se usen, y se pierden cuando la persona deja de trabajar o fallece, sin poder transferirse. "Todas esas cuestiones el sector pide un cambio, y en ese sentido es que estamos trabajando", dijo Gualtieri.
Cupos: arranca por la merluza
Definir cupos exige primero establecer la captura máxima permisible que admite el Golfo. Ese número surge de los estudios que se vienen haciendo a bordo de buques del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), con investigadores del CIMAS embarcados: ya se hicieron campañas en 2022 y en 2024, y hay una nueva prevista para octubre de este año. Con esa información, dijo Gualtieri, se va a establecer la captura máxima permitida y, en base a ese número, se definirán los cupos para cada actor de la pesca vigente en la provincia.
Desde +P le preguntamos a Gualtieri su es, a la luz de estos avances, partidarios de los cupos, y adelantó que “tenemos que empezar a trabajar en eso y empezar a cupificar, por lo menos, la merluza, que es la que hoy en día tiene cupo. A nivel nacional, la única especie que tiene cupo, de las que tenemos en el Golfo, es la merluza. El langostino no está cupificado. Se está hablando de eso, pero de momento no hay cupo, sino que hay autorizaciones de captura. Así que estoy de acuerdo en cupos, acordes a cada empresa, y el sector artesanal tendrá el cupo propio. Todo eso va a salir de las mesas de trabajo."
La provincia proyecta presentar dos planes de gestión sustentable antes de fin de año con el objetivo de unificar la normativa vigente y avanzar hacia la creación de un consejo pesquero participativo.
Los observadores
La pregunta obligada surge en la charla: ¿Y qué pasa si entra el langostino, que de verdad conviene más porque representa más dinero, y se arroja al mar -como se hacía- la merluza muerta? ¿Qué se hace para que no se vuelva a repetir?
Gualtieri sostiene que existe un sistema de observadores que dependen del gobierno. "Lo que se hace se ponen observadores a bordo, que toman los datos necesarios, y se va monitoreando marea a marea. En los barcos industriales se hace bastante seguido, y en las lanchas artesanales se hace en la medida en que se pueda ir embarcando un observador. Es más que nada un tema de espacio."
Ante la posibilidad de que una lancha chica no tenga lugar para llevar a un observador, el subsecretario respondió que la Provincia tiene registrado el tamaño de cada embarcación, por lo que sabe de antemano cuál puede llevarlo y cuál no. Además del monitoreo a bordo —donde el observador "no es un policía de pesca", aclaró, sino que releva datos—, se suman los muestreos de desembarco: personal capacitado del CIMAS controla al azar cajones de distintas embarcaciones cuando el pescado entra a planta, y de ahí se sacan datos sobre tallas, sexo y otras variables biológicas que después definen las estrategias de aprovechamiento.
Es un procedimiento rutinario, según Gualtieri: "Eso lo venimos trabajando, no de ahora, sino desde hace bastante. Y se lleva marea a marea. Nunca se tuvo tanta participación en este sentido dentro de la pesquería como ahora. Y es bueno, porque tenés datos mucho más precisos, sobre todo con los desembarcos."
El molusco y la primicia: una planta de congelado
Distinta de la merluza y el langostino, la pesca de moluscos tiene una flota estable: unas 12 embarcaciones se dedican todo el año exclusivamente a esa actividad y no cambian de rubro cuando aparece el langostino o sube el valor comercial de la merluza. Dentro del molusco, hoy está de moda la panopea (navaja), y siempre se busca la vieira.
La producción se vende entera o viva a uno o dos intermediarios que les compran a todas las embarcaciones, y en general termina en Buenos Aires, en restaurantes del barrio chino, que son los principales compradores. La actual ley de pesca artesanal permite sacar el producto entero, aclaró Gualtieri, pero uno de los objetivos que persigue la Provincia es que esa práctica deje de ser la única opción.
El ejemplo que dio fue concreto: parte de esa producción hoy se vende a compradores que la procesan en otras provincias, donde la convierten en "media valva" —la cáscara con la pulpa—, la congelan y la envasan en bolsitas o bandejitas. Ese procesamiento, que hoy no se hace en Río Negro, es justamente lo que el gobierno provincial quiere empezar a retener adentro.
Y en medio de las explicaciones técnicas, surge el adelanto: el Estado provincial va a invertir un equipo de congelado que funcionará en la terminal pesquera artesanal de San Antonio Este. Hoy la terminal solo tiene una máquina de hielo autónoma, con compresor propio. El plan es “sumar una sala de máquinas con un compresor de frío mucho más grande, placas de congelado, un túnel de congelado y cámaras para almacenar la mercadería”.
El cambio de escala es lo que persigue Gualtieri: un producto fresco dura apenas unos días, mientras que congelado se conserva 18 meses. "Si podemos hacer congelado, primero abrís el abanico de posibilidades para colocar tu producción. Y en segundo lugar, no tenés que salir a malvenderla porque se te pasan los días y el fresco dura pocos días", explicó.
La inversión, admitió, "es alta", aunque no precisó un monto. El proyecto ya está presentado ante las autoridades del municipio de San Antonio Este (por las adecuaciones edilicias necesarias) y el próximo paso es socializar el proyecto con el Arco Pesquero, muy posiblemente en el auditorio del CIMAS.
El otro objetivo es sumar destinos de exportación que hoy la terminal no tiene habilitados: Estados Unidos y la Unión Europea, que exigen requisitos específicos sanitarios de SENASA para que la planta esté en condiciones de exportar. "Vamos a intentar cumplir con estas inversiones edilicias, más allá de todo el equipamiento", dijo Gualtieri, que anticipó que el edificio de la terminal también deberá ampliarse.