Sofia recordó la premisa de la entidad: “Ninguno de nosotros es tan bueno, como todos juntos”, y aclaró que el número de 35 no es un cupo fijo, sino que siempre están abiertos a nuevas incorporaciones.
Los une la necesidad de defender mejor su producción, la posibilidad de tener en la cooperativa un interlocutor válido con el gobierno, y las ganas de mejorar algunas de sus prácticas tradicionales, como el acumular animales sin tener en cuenta si son o no productivos.
Unas 5.000 ovejas se llevan mediante arreo al galón de Cancha Huinganco para la esquila.
Vienen dando algunos pasos en esa dirección, como incorporar a sus majadas reproductores de raza Merino, para ir dejando atrás la oveja “cara negra”, que si bien entrega más kilos de carne, su lana tiene un precio insignificante porque es demasiado gruesa.
Además, recuperaron un viejo galpón de esquila que hacía más de 30 años que estaba abandonado. “Se lo había utilizado para cualquier otra cosa, menos para lo que era”, contó Galavaniesky en una larga charla con +P, en la cual desgranó el día a día de los crianceros, sus metas y las dificultades que asoman en el horizonte. La principal, es que a fines de noviembre, primeros días de diciembre, se van a encontrar con unos 2.500 corderos, y saben que tienen muy pocas chances de comercializarlos.
Las comunidades vecinas son pequeñas, y el frigorífico de Chos Malal, es el principal cliente, y el cordero enfrenta una dura competencia, como es el “chivito del norte neuquino”.
Crianceros y jóvenes recibieron una capacitación en las técnicas del Prolana para mejorar el manejo del vellón y los precios.
El año pasado, desde la CORDEC pasaron para el mes de febrero comprando algunos corderos. Y ese sí es un problema, porque el animal está listo para ser consumido cuando pesa unos 10 kilos, y como no hay ventas, los llevan a la veranada, engorda hasta los 18 kilos, consume pasto, y queda expuesto a depredadores, y el precio es el mismo, porque se paga por unidad: Un cordero vale lo mismo pese 10 o 18 kilos. A pesar de las adversidades, Galavaniesky aclaró que “estamos agradecidos con CORDEC, porque fue el único comprador este año de corderos”.
El gobierno de la provincia, además de entregarle en préstamo el galpón de esquila (que para las refacciones los productores tuvieron que ponerse manos a la obra y echar mano al bolsillo), les otorgó 3 fondos rotatorios.
Ese dinero lo administra la cooperativa y se usa para la compra de insumos al por mayor (vacunas, por ejemplo), y forraje para pasar el invierno. Si el productor cumple y devuelve las cuotas, el fondo se renueva en un círculo virtuoso. Hasta ahora, el recupero “es muy positivo”.
“Trabajamos bastante bien, es una cooperativa que está al día con los papeles, no tiene deuda, y tenemos muy buena asistencia y acompañamiento de la provincia, de la subsecretaría”, resume al inicio de la entrevista Galavaniesky.
Los productores necesitan vender sus corderos antes de partir rumbo a la veranada.
Se hace camino al andar
El fin de la mayoría de las cooperativas de este perfil, es poder negociar en una posición de fuerza a la hora de vender la zafra de lana. De a uno, en un contexto de bolsillos flacos, los compradores intentan sacar tajada bajando los precios. Cuando el lote es grande cambian las condiciones.
El planteo es claro: “Nosotros acá dependemos de otras organizaciones para hacer la venta conjunta, entonces la idea es tener nuestra propia organización, en nuestra zona”. La necesidad esta surge porque hoy dependen de la Asociación de Fomento Rural (AFR) de Guañacos, la cual “nos queda bastante lejos”; y que además cobra un 3% de comisión a cada productor por la gestión de la venta en conjunto.
En esta zona de la provincia, la ganadería funciona en muchos casos como un complemento o adicional de los ingresos familiares. “Obviamente que cada uno tiene su oficio, otros tienen un trabajo estatal, y hay algunos que se dedican exclusivamente al campo”, describe Sofía. En cuanto al ganado, “la mayoría tiene chivas, vacas y ovejas, no solamente es lanera esta zona”.
Otro paso de la cooperativa fue “después de muchísimos años”, poner en funciones las instalaciones para hacer el baño de las ovejas contra la sarna.
Número abierto: Aunque hoy son 35 los socios activos, la cooperativa aclara que no hay cupo fijo y que siempre reciben nuevas incorporaciones.
Hábitos
El campo neuquino hoy está en plena parición. Es la época del año más demandante para el criancero porque debe estar junto a sus animales. Después viene la señalada y luego ya se van a la veranada. Y las rutinas de las majadas deja no más de 4 o 5 momentos del año para poder reunirse. “En esta época a los crianceros no los vemos”, dice la flamante presidente.
Como parte de calendario de trabajo, los productores tienen dos momentos donde se reúnen. Y es en la esquila preparto y en la esquila postparto. “Después, recién nos volvemos a ver todos en abril, cuando bajan de la veranada”, una práctica que realizan todos los asociados a la cooperativa.
Para la esquila de este año, contrataron a una “comparsa” privada de la zona de Los Menucos y Villa Curí Leuvú. Como algunos jóvenes locales habían recibido capacitación, hicieron alguna changa en esa empresa.
Pudieron acceder a ese trabajo luego que desde la cooperativa insistieron mediante correos y mensajes para que, por primera vez, se hiciera una capacitación en el sistema de esquila y acondicionamiento fijado por el Prolana. La actividad se organizó junto al municipio de Tricao Malal. “Fue un paso fundamental que abrió oportunidades laborales y fortaleció la identidad local”, dijo la dirigente sobre este curso.
Y como ya es tradición (una que tiene origen en el fondo de los tiempos de la ganadería), el dueño de las ovejas le debe dar de comer a los miembros de la comparsa. Desayuno, almuerzo y merienda. Es mucho esfuerzo físico y desgaste de calorías. La cooperativa organiza los turnos, y cada productor llega al galpón arriando sus propios animales.
Galpón recuperado: El viejo galpón de esquila, abandonado por más de 30 años, volvió a funcionar gracias al trabajo y al aporte de los propios crianceros.
Cambio de raza
Esta temporada, “lana blanca la pagaron muy bien. La que fue muy mal pagada fue la cara negra. No alcanzamos ni a salvar ni la mitad de la lata por oveja (costo por esquilar el animal que fue de $7.500). Nos pagaron 1000 pesos el kilo aproximadamente”. A 4 kilos por animal, no sacaron más de 4.000 pesos.
El cara negra, “tiene lana mucho más gruesa y vale menos en el mercado porque es muy pesada, tiene muchos micrones”, pero sin embargo es el tipo de oveja que predomina en esta zona de la provincia. La lana “blanca” o Merino tiene entre 17 y 21 micrones. La del “cara negra” entre 25 y 27.
Galavaniesky explica que “la oveja blanca te da la lana, pero no te da la carne. La oveja cara negra te da la carne, pero no te da la lana. Acá estamos todos en las mismas condiciones: tenemos un poquito de ambas. Son contados los productores que tienen todo el lote cara negra, y contados los que tienen todo el lote blanco”.
Lana de calidad: La lana Merino tiene entre 17 y 21 micrones, contra los 25 a 27 del "cara negra", y se paga mucho mejor en el mercado.
Así, asoma una encrucijada de corto plazo: Tomar el camino de la producción orientada a la lana de mayor calidad, o quedarse en la producción de carne. “Ahora estamos intentando irnos más a la oveja blanca. Estamos cambiando reproductores, ya sacamos todos los reproductores que no que no suman, digamos, los carneros de color que tenían la lana gruesa. Ahora estamos enfocados en los carneros blancos. Todos estamos haciendo el cambio”, adelantó la dirigente.
De todos modos, aún el “cara negra”, en el norte neuquino “tiene un valor muy significativo”; por eso “la idea es seguir mejorando la genética progresivamente”
Por el momento, al carnero Merino “se lo echamos a una oveja cara negra, y ya empieza como a afinarse un poco la lana”.
Hoy el manejo de la genética es más bien “casero”: “nos intercambiamos (reproductores) entre nosotros mismos. Por ejemplo, tenés un canero todavía tiene utilidad, pero ya cumplió su el ciclo en tu ganado, entonces lo cambiás con otro”.
Nueva conducción: Sofía Galavaniesky asumió la presidencia de la Cooperativa Productores Unidos, en reemplazo de Rodolfo Herrera.
El sueño de la feria propia
Y ahí asoma otro anhelo de este grupo de crianceros: “Con el tiempo queremos lograr los remates acá, ya sea de animal chico como de grande (vacunos), y también hacer intercambio de reproductores, la venta de refugo (animales improductivos), y lograr vender la lana en conjunto”.
Porque si ellos venden su lana, el dinero que paga el productor de comisión, “queda en nuestra zona”. Guañacos les queda a 105 kilómetros. Casi 3 horas de viaje, y ese fue otro incentivo para poner de pie una nueva cooperativa: “es una zona muy lejana para nosotros”.
Y a la par de incorporar más reproductores de raza Merino, otros hábitos también comenzaron a cambiar, como los de la esquila. “Antes estábamos todos en noviembre”, y los trabajos se extendían casi por un mes.
Pero de haber un solo productor que hacía esquila preparto (se hace a fines de agosto), se pasó a 10. Con esa práctica, el cordero que nade “come mejor y la lana tiene mejor precio”.
“Calculo que nos va a quedar la mitad de los animales para noviembre, cuando antes era un mes de esquila completo”, reconoce Galavaniesky.
Sobre el manejo de la cooperativa, sabe que la tarea no es fácil. Se lamentó porque no tuvieron acceso a una capacitación y que le faltan conocimientos para hacer un buen manejo administrativo. Pero le ponen ganas y, tal vez lo más importante, lograron contagiar ese entusiasmo.
Fondos que circulan: Los socios acceden a fondos rotatorios para comprar insumos y forraje, y el recupero de las cuotas es muy positivo.
Del desengaño a la asociación
“Tenemos en la cooperativa gente que nunca participó de organizaciones. Gente que debe tener 40 o 50 años. Y tenerlos hoy en una organización que participen, que escuchen, que asistan, es un montón”, comenta sobre uno de los principales activos de esta iniciativa colectiva.
Algunos de esos crianceros “son productores que realmente han apostado al campo y tienen su capital. Lo cuidan, lo trabajan, pero no eran parte de nada. Algunos eran muy solitarios. Si les llegaba una ayuda, bien. Y si había que hacer algo lo hacían. Pero no se involucraban”, dice la presidente a modo de radiografía de los diferentes tipos de crianceros que se hallan dispersos en la cuenca del Curi Leuvú.
Ahora, “tenemos un grupo bastante variado, con gente que nunca participó, y también gente que estuvo en un montón de organizaciones y les fue mal. Porque mucha gente al principio no quería saber nada, porque no querían otro fracaso”.
Experiencia y desconfianza: Algunos socios pasaron por otras organizaciones con malos resultados y al principio no querían saber nada de volver a intentarlo.
Es en este punto es cuando asoman las falencias: “Nosotros acá no tenemos acceso a las herramientas para potenciarnos, para capacitarnos. Nos hemos echado al ruedo solos, como quien dice”.
Con errores y con aciertos, lo cierto es que la cooperativa se ha constituido en un interlocutor válido, sobre todo para que los funcionarios de la provincia bajen sus planes de trabajo y puedan llegar con más facilidad con el asesoramiento técnico.
“Trabajamos muy bien con la subsecretaría de producción. El acompañamiento técnico y veterinario lo tenemos”, aclara, pero al mismo tiempo reconoce que “nos falta el asesoramiento. Más que nada para lo administrativo, la parte de tesorería, contaduría, esa parte más finita para poder brindarle un buen servicio al socio”.
En el corto plazo, tiene como “un objetivo grande”, comprar una prensa, para poder compactar la lana y vender los fardos ya terminados. Hoy tienen una prestada. “Esa herramienta es fundamental, sino no se puede hacer la venta”.
La cooperativa funciona sobre la ruta 41, a 10 kilómetros al oeste de Tricao Malal, y reúne a unos 35 productores.
El gran dilema
Si se parte del dato de que la mayoría de los asociados tienen entre 300 y 500 ovejas, por estos días de inicio del período de pariciones, “el gran dilema que nosotros tenemos es que el cordero no se está vendiendo”. Y genera gastos: si entro sarna, hay que bañarlo “y es otro gasto más porque te cobran por oveja”, el servicio que prestan los veterinarios por certificar la realización de esa práctica.
El año pasado pasaron a comprar esta categoría de animales desde la Corporación para el Desarrollo de la Cuenca del Curí Leuvú (Cordec), la empresa con participación estatal mayoritaria, con sede en Chos Malal.
“Iban a buscar los corderos al puesto de cada uno, pero la Cordec fue el único comprador. El año pasado la venta estuvo muy complicada, y algunos logramos vender recién en marzo de este año. Fue muchísimo tiempo de tener el cordero en el campo, o en la veranada, corriendo el riesgo de que se pierda, o que te lo mate el puma, o el zorro”, es la realidad que deben atravesar estos crianceros.
Uno de los aspectos de esta preocupación, es que “este año van a cosechar todos (los 35 socios), arriba de los 50 corderos cada uno. ¿Qué vamos a hacer con ellos en noviembre o diciembre?”. La pregunta es oportuna, porque “el deseo de todos es poder vender los corderos antes de que cada uno emprenda viaje a la veranada. Porque arriarlo es un problema, por los riesgos que implica, además, el animal no espera y hay que esquilar y cosechar corderos año a año. Lo mismo pretendemos con la venta”.