Perros sueltos: 54 gallinas y 30 ovejas muertas, pero el dueño no aparece

Una jauría arrasó un gallinero en Villa La Angostura. Perros sueltos mataron ovejas. Los testimonios de un flagelo silencioso en Neuquén.

La vulnerabilidad del esfuerzo: Los destrozos en el gallinero de Villa La Angostura dejaron al descubierto la desprotección de los vecinos frente a los perros sueltos.

Eran las 8.30 de la mañana del 23 de septiembre cuando dos perros negros y grandes —uno de ellos con la cara blanca— entraron al gallinero de Elsa Mabel González, en Villa La Angostura (Neuquén). Intentaron romper la puerta, que quedó marcada; después saltaron los alambrados más fuertes y rompieron los más finos, los de los corrales internos donde se separan gallos, gallinas cluecas y pollos. En pocos minutos, las cincuenta y cuatro gallinas estaban muertas.

Las primeras personas en llegar todavía vieron a los perros adentro. Los animales huyeron hacia el cerco del fondo, el que linda con un terreno vecino cuyos alambrados, según González, están rotos desde hace tiempo por la caída de ramas y árboles, y cuya reparación reclamó "en incontables oportunidades".

No era un gallinero improvisado, porque según el relato de la mujer en sus redes sociales, “nuestro gallinero es nuestro orgullo, fruto de mucho tiempo de amorosa dedicación y trabajo", escribió ella en una carta. Se construyó con cercos y puertas, "y con buenas trabas", sin acceso desde la calle.

Luego de la matanza aclaró: "No quiero mencionarlas una por una a ellas, ni al gallo rojo, ni al negro… para no mezclar los sentimientos y mantener los pensamientos fríos ya que debo transmitir información", explicó.

Cuando la víctima tiene que demostrar que se cuidó

Lo que pasó después del ataque dice tanto como el ataque mismo. La primera reacción fue llamar a la policía, que llegó rápido. González destaca que los efectivos fueron "atentos y colaboradores": registraron la escena, le aconsejaron formalizar la denuncia en la comisaría y comunicarse con Zoonosis municipal, porque al tratarse de perros domésticos, ese organismo tiene responsabilidad sobre los animales sueltos en la vía pública.

Con la escena todavía intacta, llamaron a Zoonosis. La respuesta llegó en forma de pregunta: "¿Su gallinero estaba bien cercado?". González la recibió, en sus palabras, como "una puñalada". Después vino la indicación: enviar una nota, fotos del perro si las tenía y, si sabía quién era el dueño. Todo por WhatsApp.

Más que un corral: Para la dueña, el gallinero atacado representaba mucho más que animales muertos: era el fruto de años de amoroso trabajo y dedicación.

"¿En serio alguien piensa que se puede sacar una foto al perro en estas circunstancias? Y salir a averiguar quién es el dueño…", se preguntó. La carta que terminó publicando es, literalmente, la nota que le pidió el área municipal. En ella describe a Villa La Angostura como "una localidad que hace muchos años tiene serios problemas con los perros sueltos de los que nadie se hace cargo".

Y marca el límite de lo que se le puede exigir a un vecino: "No esperen que también salga a patrullar las calles ni a investigar a los dueños de los perros. Hay funcionarios que deben ocuparse de eso".

¿Doméstico o salvaje?

Entre los comentarios a la publicación apareció otra historia, de mayor escala. Joaquín Flores contó que hace dos años los perros asilvestrados le mataron 30 ovejas madres. Y que nadie respondió por ellas: "Por la declaración del guardaparque fueron los perros. Pero a mí nadie me devolvió nada”. Y acotó: “Como fueron perros salvajes, zafaron los dueños".

El caso de Flores expone una zona gris que atraviesa todo el problema. Mientras el perro es doméstico, la respuesta oficial le pide a la víctima que identifique al dueño; cuando se lo declara salvaje, el dueño desaparece de la ecuación. En ambos casos, el que pierde es el productor.

Un problema humano

La Sociedad Rural de Neuquén viene rechazando de plano esa lógica. Su presidenta, la ingeniera agrónoma Cecilia de Larminat, sostuvo en declaraciones a +P que "el perro no es un animal silvestre autóctono, es una especie doméstica de tenencia, es decir que es responsabilidad de su dueño y debe estar bajo su cargo y cuidado, igual que los caballos o las vacas o los chanchos caseros". Por eso, agregó, los daños que provoquen "son responsabilidad de quien los tiene en guarda, o sea sus propietarios".

La dirigente coincide con una conclusión que el INTA dejó por escrito en un documento técnico: "El del perro, es en realidad un problema humano".

Lo que en Villa La Angostura ocurrió en un gallinero, en el campo neuquino se repite con corderos, chivos y terneros. Las jaurías atacan de noche y el daño se descubre con la luz del día: animales muertos o mutilados, algunos con las orejas arrancadas.

Defensa en silencio: Ante la falta de respuestas institucionales, los afectados optan por afrontar los daños sin vías formales de contención.

El secretario de Producción de Neuquén, Diego García Rambeaud, describió a +P la mecánica del ataque: "La gente no percibe que, si deja suelta a su mascota, esta puede juntarse con otras y atacar una majada de ovejas en una chacra. Muerden al animal en la oreja, el hocico o los ojos hasta que la oveja se echa. Pasa con un ternero y pasa con una vaca".

Y puso números a la pérdida: "Es un daño enorme. Un productor nos contaba que de 18 ovejas le mataron 9. Hay que entender que ese animal es el capital del productor y el origen del alimento; hay mucho trabajo detrás".

El productor se defiende en silencio

El recorrido de González —policía, Zoonosis, una nota por WhatsApp— tiene su espejo en el campo. Según De Larminat, cuando el productor intenta el camino formal, choca con la misma pared: "Si va a las bromatologías municipales, no tiene respuestas, si vas a la policía, tampoco. Entonces, solo queda defenderse en silencio".

Ese silencio tiene un sentido concreto. "En el campo, la mayoría los va combatiendo en silencio, porque siempre está el fantasma de la denuncia de las protectoras de animales, que ponen a los perros en el mismo lugar de protección como si fuera fauna silvestre a proteger y cuidar", explicó. Profesionales vinculados a la ganadería neuquina confirmaron a +P que ya "hay productores con problemas legales por los perros".

La posición de la entidad rural es explícita: "Cuando un productor encuentra una jauría de perros dentro de su campo, corriendo, mordiendo, lacerando, desgarrando sus corderos, terneros o chivos, creo que tiene todo el derecho de abatirlos".

FUENTE: Redacción +P