El conflicto con la ganadería que expulsó al puma
Durante décadas, el puma fue un enemigo declarado para la ganadería ovina de la costa patagónica argentina. El felino atacaba a las ovejas de los campos y los productores respondían con una caza sistemática y sin tregua. Segun el estudio, esta dinámica terminó por desdibujar al gran depredador del paisaje regional.
El punto de inflexión llegó en 2004, cuando un grupo de conservacionistas impulsó la creación del Parque Nacional Monte León. El cese de la caza permitió que los pumas regresaran de forma gradual a un territorio del que habían estado ausentes durante largo tiempo, aunque el escenario que encontraron ya no era el mismo que dejaron atrás.
Un hallazgo que surgió de otra investigación
El estudio no nació con el objetivo de analizar la relación entre pumas y pingüinos. El ecólogo Mitchell Serota, entonces investigador en la Universidad de California en Berkeley, trabajaba junto a la Fundación Rewilding Argentina en un proyecto más amplio sobre cómo responde la fauna silvestre cuando se retira la presión humana de antiguas tierras ganaderas. Los pingüinos no formaban parte del plan original de trabajo.
En 2023, Serota y su equipo ya habían reportado que los pumas se alimentaban de estas aves, aunque en ese momento se interpretaba como una interacción menor, limitada a unos pocos ejemplares.
Para dimensionar la magnitud real del comportamiento, el equipo instaló 32 cámaras trampa distribuidas en todo el parque y equipó con collares GPS a 14 pumas adultos, entre septiembre de 2019 y enero de 2023. El cruce de estos registros con observaciones de campo mostró que los felinos se alimentaban de pingüinos con una frecuencia muy superior a la esperada, con presencia reiterada en las inmediaciones de la colonia.
La escala de la colonia ayuda a entender el atractivo de esta presa. Durante la temporada reproductiva, que se extiende aproximadamente de septiembre a abril, más de 40.000 parejas reproductoras de pingüinos de Magallanes anidan a lo largo de una franja costera de apenas dos kilómetros. Para un puma, cuyo territorio puede abarcar cientos de kilómetros cuadrados, esa concentración representa una fuente de alimento abundante, predecible y de bajo riesgo, aunque disponible solo durante parte del año.
Menos territorialidad, más tolerancia social
El hallazgo central del estudio no es la dieta en sí, sino su efecto sobre el comportamiento social del puma. Los investigadores comprobaron que los ejemplares que se alimentan de pingüinos comparten espacio con mucha más frecuencia que aquellos con otro tipo de dieta, y registran menos enfrentamientos entre sí de lo esperado para una especie considerada solitaria y territorial.
“Fui a la Patagonia para comprender los resultados de la restauración en términos generales. Los pingüinos no eran en absoluto el objetivo original”, señala Serota.
Este hallazgo resulta significativo porque, a diferencia de los grandes felinos africanos, los pumas patagónicos no necesitan agruparse para cazar presas de mayor tamaño, y, a diferencia de sus pares norteamericanos, no conviven con osos ni lobos que los obliguen a resguardarse. En la Patagonia son el depredador dominante y, aun así, la abundancia estacional de pingüinos redujo la necesidad de defender el recurso, lo que habría favorecido una mayor tolerancia entre individuos.
Un dato relevante matiza el fenómeno: la densidad poblacional de pumas en la zona, de aproximadamente 13 ejemplares cada 100 kilómetros cuadrados, se mantuvo estable independientemente de la presencia o ausencia de pingüinos. Es decir, la colonia no generó un aumento en el número de felinos, sino un reordenamiento en la forma en que estos comparten el territorio.
El guanaco, la incógnita pendiente
Pese a la magnitud del hallazgo, persisten preguntas sin responder. El equipo de investigación todavía no logró determinar cuántos pingüinos captura cada puma, un dato clave para evaluar el impacto real de la depredación sobre la colonia, aunque hasta el momento su población se mantiene estable o en aumento desde la creación del parque. Tampoco está claro si la alta concentración de felinos observada es un fenómeno transitorio o una característica estable del ecosistema.
Un interrogante especialmente sensible para la región es cómo este cambio de comportamiento impacta sobre el guanaco, el herbívoro dominante de la Patagonia y presa tradicional del puma. Los científicos remarcan que todavía resta comprender cómo se propagan estos cambios por el resto de la red trófica.
El estudio deja una conclusión que trasciende el caso puntual de Monte León: la restauración ecológica no reconstruye una fotografía del pasado, sino que da lugar a interacciones inéditas entre especies que regresan a ecosistemas ya transformados. El puma que hoy caza pingüinos en la costa de Santa Cruz es la prueba de que, cuando se retira la presión humana —en este caso, la que impuso durante décadas el conflicto con la ganadería ovina—, la naturaleza no repite su historia anterior, sino que la reescribe.
FUENTE: NatGeo con aportes de Redacción +P