Temor a un cierre permanente
Los empleados de la planta bonaerense expresan preocupación por el carácter definitivo que podría adquirir la suspensión. Según información difundida por medios especializados, el retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de las oficinas por parte del directorio alimentan la sospecha de que la paralización no será temporal. Esta percepción se refuerza al observar el patrón de decisiones recientes de la empresa en otras localizaciones.
La suspensión de Capitán Sarmiento no constituye un hecho aislado. Se alinea con una serie de cierres, suspensiones y despidos que se suceden en las distintas sedes de la estructura productiva de Granja Tres Arroyos. A principios de agosto de 2026, la compañía comunicó el despido de más de 250 trabajadores de su planta industrial La China, ubicada en Concepción del Uruguay. La empresa atribuyó esa medida a la caída de la actividad provocada por la gripe aviar.
Antecedentes de paralizaciones y recortes
En lo que va del año, la firma ya había paralizado por un mes la planta de Avex en la ciudad cordobesa de Río Cuarto. También suspendió a todo el personal de la planta Pinazo, situada en Pilar. En Wade II se registraron paralizaciones originadas en conflictos salariales y bloqueos. En Wade I la producción se redujo de manera notoria. Estos episodios configuran un panorama de contracción sostenida de la actividad industrial.
Con anterioridad, la empresa cerró la planta de Tristán Suárez, lo que implicó 200 despidos. Asimismo, cerró la planta de Becar en Concepción del Uruguay y trasladó a sus 270 trabajadores a la planta La China, ubicada en la misma ciudad. El movimiento de personal y el cierre de unidades productivas reflejan una estrategia de reorganización forzada por las dificultades financieras y operativas.
La crisis de Granja Tres Arroyos se extiende a múltiples plantas en distintas provincias argentinas.
El peso de la deuda y el proceso de reestructuración
Granja Tres Arroyos enfrenta un crítico panorama de deudas. Arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares. En la actualidad negocia con sus acreedores una reestructuración que contempla quitas de hasta el 75% del capital, plazos de pago a siete años y la venta de al menos cinco activos no estratégicos. Estas condiciones revelan la magnitud del desequilibrio patrimonial que atraviesa la compañía.
A fines de 2024, la empresa ingresó en un proceso preventivo de crisis. Desde entonces aceleró los recortes internos mediante un programa de retiros voluntarios. Al mismo tiempo, afronta sus obligaciones de manera escalonada y en cuotas. El proceso preventivo de crisis marca un punto de inflexión en la gestión de la deuda y en la redefinición de la estructura operativa.
La combinación de problemas de suministro eléctrico, restricciones productivas, impacto de la gripe aviar y un pasivo elevado configura un escenario de máxima complejidad. La suspensión de la planta de Capitán Sarmiento representa un nuevo eslabón en una cadena de decisiones que afectan de manera directa al empleo y a la capacidad productiva del sector avícola nacional.
Los trabajadores y las comunidades vinculadas a las distintas plantas observan con atención la evolución de las negociaciones con los acreedores y las posibles resoluciones sobre el destino de los activos. La incertidumbre respecto del carácter temporal o definitivo de la medida en Capitán Sarmiento se mantiene como el principal factor de tensión. Mientras la empresa sostiene que la paralización responde a circunstancias de fuerza mayor, el retiro de maquinaria y el vaciamiento de oficinas alimentan la hipótesis de un cierre permanente.
En este contexto, la evolución de la reestructuración de la deuda y la capacidad de la firma para recuperar niveles de actividad resultarán determinantes. El sector avícola argentino, históricamente dinámico, enfrenta en esta coyuntura un desafío que combina factores sanitarios, energéticos, operativos y financieros. La suspensión de Capitán Sarmiento concentra la atención sobre el futuro de una de las principales compañías del rubro y sobre las consecuencias laborales y productivas que de ella se deriven.
La notificación formal del cese de actividad a partir del 31 de agosto de 2026 marca un hito en el proceso de ajuste que la empresa desarrolla desde el ingreso al proceso preventivo de crisis. La continuidad de las negociaciones con acreedores y la definición del destino de los activos no estratégicos serán elementos clave para comprender el alcance real de la medida adoptada en Capitán Sarmiento y su eventual impacto sobre el resto de la estructura productiva.
FUENTE: Redacción +P