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¿Peligra el pistacho? Las 3 amenazas críticas del cultivo estrella en Argentina

El pistacho conquista San Juan y la Patagonia, pero enfrenta dos amenazas silenciosas: el loro barranquero y una crisis hídrica que avanza sin freno.

El pistacho se convirtió en uno de los cultivos más dinámicos de Argentina. Lo llaman "oro verde" por sus altos precios internacionales y su demanda creciente en mercados globales, pero detrás del auge se acumulan tensiones que la ciencia y el sector productivo ya no pueden ignorar: el impacto de la fauna nativa sobre los cultivos, la presión sobre el agua en zonas desérticas y la expansión del negocio hacia nuevos territorios como la Patagonia. En ese cruce complejo, la investigación científica busca respuestas.

Empecemos por el principio. El origen del pistacho en Argentina se remonta a 1980, cuando dos productores de San Juan introdujeron material vegetal proveniente de Irán y California. Desde entonces, el crecimiento fue sostenido hasta convertirse en explosivo. San Juan concentra hoy 6.500 hectáreas dedicadas a la producción de pistacho, lo que representa el 85% del área cultivada en el país.

La demanda global del fruto seco crece a un ritmo promedio del 6,5% anual, mientras la producción mundial se concentra en pocos países, lo que posiciona a Argentina como un nuevo polo productivo de relevancia. El valor del negocio es considerable: el kilo de pistacho alcanza los 23 dólares, impulsado por una suba del 17% en los precios internacionales.

La inversión es exigente y de largo plazo: los costos de recuperación se estiman en 14 o 15 años, y el cultivo requiere condiciones muy específicas de calor y frío, con infraestructura completa de riego por goteo.

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Dr. Exequiel Gonzalez. Biólogo. Investigador de la UNSJ-CONICET

La ciencia mide el daño del loro barranquero

En ese escenario de expansión, el biólogo Exequiel Gonzalez, investigador del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO) de la UNSJ y el CONICET, lidera un estudio pionero sobre la interacción entre el loro barranquero (Cyanoliseus patagonus) y el cultivo de pistacho. Su objetivo es claro: "Generar bases científicas sólidas para abordar un problema que viene creciendo en la región".

El loro barranquero es la especie que los productores identifican con mayor frecuencia como responsable de pérdidas, aunque Gonzalez aclara que no actúa sola: "En algunas ocasiones también hemos observado que la cotorra puede producir daño en el cultivo".

Los resultados preliminares aportan una perspectiva más matizada que la percepción generalizada en el sector. El daño existe, pero su intensidad varía considerablemente entre plantaciones y no se distribuye de manera uniforme: hay sectores dentro de las fincas significativamente más afectados que otros. Un dato central es que los niveles registrados se ubican por debajo del límite inferior de los umbrales que en otros cultivos se consideran críticos para aplicar medidas de manejo, aunque esos parámetros aún deben definirse específicamente para el pistacho.

"Uno de los factores más importantes es la alta movilidad del loro barranquero", explicó el investigador, característica que genera mucha variabilidad entre temporadas y entre distintas fincas, y que dificulta tanto la medición del daño como el diseño de estrategias de manejo.

El loro barranquero no es solo un actor productivo incómodo: es una especie nativa categorizada como amenazada a nivel nacional, con un rol ecológico concreto en los ambientes áridos que habita. Contribuye a la dispersión de semillas y forma parte del equilibrio natural de los ecosistemas de la región. Por eso, Gonzalez insiste: "Es clave poder diseñar estrategias que reduzcan las pérdidas económicas sin afectar la conservación de las especies".

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El Loro Barranquero busca el pistacho debido a su alto valor energético y nutricional.

El pistacho avanza hacia la Patagonia

Mientras San Juan consolida su liderazgo productivo, el negocio del pistacho comienza a expandirse hacia territorios que hace pocos años nadie imaginaba. Casa de Piedra, en La Pampa, emerge como un nuevo polo productivo en plena Patagonia, alimentado por el riego que llega del río Colorado. La firma Pampapist, con 18 hectáreas en funcionamiento y planes de expansión, apuesta por la marca "Pistachos de la Patagonia" para diferenciarse en mercados internacionales selectivos.

Una de las ventajas competitivas de Casa de Piedra frente a San Juan es el costo del agua: mientras en la provincia sanjuanina perforar pozos cuesta 100.000 dólares, en La Pampa el agua llega filtrada y sin costo adicional, lo que representa un ahorro de más de 10.000 dólares por hectárea.

El 80% de la producción argentina se destina a exportación, con Estados Unidos como principal mercado, seguido por Irán, Turquía y Brasil. La apertura del mercado chino en 2025 abrió además nuevas perspectivas: China importa anualmente unas 170.000 toneladas de pistachos, un volumen que supera ampliamente la producción total argentina.

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La mayoría de los cultivos de pistacho se concentran en 25 de Mayo. También hay plantaciones en San Martín, Pocito y Caucete.

La sombra de la crisis del agua

El crecimiento del pistacho en zonas áridas no está exento de costos ambientales. San Juan enfrenta más de una década de sequía hidrológica severa, intensificada por el cambio climático. El IANIGLA registra una reducción del 17% en los niveles de hielo expuestos durante los últimos 15 años, un 23% menos en manchas de nieve y una caída equivalente a siete metros de agua en glaciares monitoreados.

Aunque el pistacho tolera mejor la escasez hídrica que otros cultivos gracias a sus raíces profundas, los rendimientos comerciales siguen requiriendo cantidades considerables de agua. El 97% de las plantaciones utiliza riego por goteo, según datos de la Secretaría de Agricultura provincial, pero la tecnología avanzada es solo una solución parcial. El investigador del INTA Gonzalo Sánchez Cañete sintetiza el dilema de fondo: "La pregunta no es solo cuánta agua usa, sino de dónde sale y cuánto queda disponible para los demás".

Una finca de referencia del sector consume entre 7.000 y 8.000 metros cúbicos de agua por hectárea al año, lo que ilustra la escala del desafío hídrico que enfrenta la expansión del cultivo en territorios desérticos.

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San Juan concentra el 85% de la producción nacional de pistacho, con 6.500 hectáreas bajo cultivo en 2025.

Producción, fauna y agua: el triple desafío

El pistacho argentino enfrenta así tres tensiones simultáneas que ningún actor del sector puede resolver en soledad: el impacto de la fauna nativa sobre los cultivos, la presión sobre un recurso hídrico cada vez más escaso, y la necesidad de expandirse sin comprometer los ecosistemas que hacen posible esa misma producción.

La investigación de Gonzalez apunta en esa dirección integradora: "Nos permite avanzar hacia modelos productivos que integren conservación y desarrollo". En un escenario donde el oro verde seduce a inversores, productores y territorios enteros, la ciencia busca garantizar que el brillo no se apague por falta de agua, ni a costa de las especies que habitan el desierto desde antes que los pistacheros.

FUENTE: Facultad de Ciencias Exactas, UNSJ; Dialogue Earth y La Nación con aportes de Redacción +P.