Se trata de uno de los niveles más bajos de los últimos años, lo que confirma una tendencia descendente en el abastecimiento del mercado doméstico. En términos absolutos, el retroceso también es significativo: se enviaron más de 4.000 toneladas menos que en el mismo período de 2025.
El impacto de la menor cosecha
La principal explicación detrás de esta caída en los envíos radica en una menor producción durante la temporada 2026. El epicentro del problema se ubica en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, la principal región productora de manzanas del país.
De acuerdo con datos privados del sector, la cosecha —especialmente de variedades rojas, que dominan el consumo interno— sufrió mermas considerables que oscilan entre el 30% y el 40%, dependiendo de la zona analizada. Este recorte productivo tiene implicancias profundas, ya que el valle no solo abastece al mercado interno, sino que también es clave para la exportación.
En términos globales, una caída de esa magnitud implica entre 80.000 y 110.000 toneladas menos de fruta fresca disponibles para el mercado a lo largo del año. Esta reducción impacta directamente en la oferta comercial y genera una presión alcista sobre los precios.
Precios en góndola: niveles históricamente altos
La menor disponibilidad de manzanas ya se refleja con claridad en los precios al consumidor. Según el último informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el valor promedio de la manzana en la góndola durante marzo de 2026 alcanzó los 2,89 dólares por kilo, medido en moneda dura para aislar el efecto inflacionario.
Este valor se ubica entre los más altos registrados para un mes de marzo en la última década. Si bien representa una baja respecto de febrero (cuando el precio alcanzó los 3,27 dólares por kilo), se mantiene en niveles elevados en términos históricos.
La caída mensual responde a un factor estacional: marzo marca el ingreso de la nueva cosecha al mercado, lo que incrementa la oferta y genera una moderación en los precios. Sin embargo, esta dinámica estacional no logra revertir el hecho de que los valores actuales siguen siendo considerablemente superiores a los de campañas anteriores.
De hecho, en comparación interanual, el precio de marzo de 2026 es un 35% más alto que el registrado en el mismo mes de 2025, lo que evidencia la magnitud del incremento.
El rol del tipo de cambio
Un elemento adicional que influye en la lectura de los precios es la evolución del tipo de cambio. Durante marzo, la economía argentina experimentó una particular combinación: una inflación superior al 3% mensual junto con una apreciación del peso cercana al 2%.
Este fenómeno de revaluación cambiaria genera una distorsión en la medición en dólares, ya que tiende a inflar los valores expresados en moneda extranjera. En otras palabras, si el tipo de cambio se hubiese mantenido estable, el precio de la manzana medido en dólares probablemente habría sido inferior a los 2,89 dólares por kilo.
Aun así, el nivel sigue siendo alto y confirma la presión que ejerce la escasez de oferta sobre los precios.
Estacionalidad y volatilidad
Otro aspecto relevante del mercado de la manzana es su marcada estacionalidad. A diferencia de otros productos que muestran una evolución más alineada con el IPC, el precio de esta fruta presenta una alta volatilidad a lo largo del año.
Durante el segundo semestre de 2025, por ejemplo, los precios crecieron a un ritmo superior al del índice general de precios. Luego, con la llegada de la nueva cosecha, se produjo una caída más pronunciada que la variación del IPC.
Este comportamiento refleja una característica estructural del mercado: cuando la oferta es limitada, los precios suben rápidamente; cuando aumenta la disponibilidad, los valores se ajustan con igual intensidad.
En este contexto, la estabilidad relativa del IPC contrasta con la fuerte variabilidad del precio de la manzana, lo que la convierte en un producto particularmente sensible a los cambios en la oferta.
Perspectivas para lo que resta del año
De cara a los próximos meses, todo indica que la oferta continuará siendo restringida. La menor cosecha, especialmente de manzana roja, seguirá condicionando el volumen disponible en el mercado interno.
Durante el primer semestre, esta escasez se mantendría relativamente estable, pero hacia la segunda mitad del año podría intensificarse, a medida que se agoten los stocks disponibles.
En consecuencia, los precios tenderían a mantenerse firmes e incluso podrían experimentar nuevas subas, dependiendo de la evolución de la demanda.
Un interrogante clave es cómo reaccionará el consumo frente a precios sostenidamente altos. La manzana compite dentro de una canasta de frutas donde existen múltiples alternativas, algunas de las cuales podrían ganar terreno si la diferencia de precios se amplía.
Además, no se descarta un aumento en la oferta de manzana importada, particularmente desde Chile, que podría ingresar al mercado argentino con precios competitivos en términos de dólares.
Este factor podría actuar como un moderador de los precios locales, aunque su impacto dependerá de variables como el tipo de cambio, los costos logísticos y las políticas comerciales.
manzana góndola
El primer trimestre marcó uno de los niveles más bajos de oferta en años y los valores en góndola ya lo reflejan. Foto tomada en un supermercado de CABA el 14 de abril de 2026.
En este escenario, los productores que lograron conservar fruta de calidad en cámaras frigoríficas aparecen como los principales beneficiados potenciales. La estrategia de almacenamiento cobra especial relevancia en contextos de escasez, ya que permite dosificar la oferta y capturar mejores precios a lo largo del tiempo.
No son pocos los analistas que anticipan una campaña favorable para quienes dispongan de este recurso. La combinación de baja oferta y precios sostenidos configura un escenario propicio para obtener buenos márgenes, siempre y cuando la calidad del producto acompañe.
Conclusión
El mercado de la manzana en Argentina atraviesa un momento de fuerte tensión, donde la caída en la producción se traduce en menor oferta y precios elevados. La estacionalidad, el tipo de cambio y la dinámica de la demanda agregan complejidad a un escenario ya de por sí desafiante.
De cara al resto del año, todo indica que la escasez seguirá siendo el factor dominante, con precios que difícilmente retrocedan de manera significativa. En este contexto, el comportamiento del consumidor y la posible competencia de importaciones serán variables clave para determinar la evolución del mercado.
Mientras tanto, para los productores que lograron sortear las dificultades de la cosecha y cuentan con stock de calidad, el 2026 podría convertirse en una campaña con resultados positivos, en medio de un contexto general marcado por la incertidumbre.
Fuente: Redacción +P.