Mirta Vera Barrea tenía 30 años cuando perdió a su marido. En noviembre de 2005, Pedro Alvarado Bustamante, de 40 años y buzo desde los 18, realizaba tareas en un centro de cultivo cuando fue succionado por un tubo mientras operaba bajo el agua. "Le succionó los labios, el brazo y luego lo mató", recuerda Vera. Como en tantos otros casos, la empresa intentó responsabilizar al trabajador de su propia muerte, y el proceso legal se extendió durante años. "El daño que nos hicieron, a mí y a mi hija, fue enorme. Ella tenía solo ocho años cuando murió su padre", dice entre lágrimas.
Una industria de escala global con control mínimo
Chile gestiona el 31% del mercado mundial del salmón, posicionándose como el segundo productor global detrás de Noruega. Durante el último año registrado, el país produjo más de 750.000 toneladas que alcanzaron a más de 80 países. El salmón no es un pez nativo de sus mares: los primeros ejemplares llegaron en los años 80, durante la dictadura de Augusto Pinochet, importados desde Noruega.
Esa escala productiva contrasta con las condiciones en que operan quienes hacen posible la industria. "Los trabajadores se desempeñan en un entorno peligroso, en medio del océano y con condiciones meteorológicas adversas. A menudo se incumplen las normas de seguridad y hay poca fiscalización por parte del Estado", afirma Juan Carlos Cárdenas, presidente de Ecoceanos.
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Seis trabajadores murieron en el Estuario de Reloncaví en enero de 2026 por fallas de seguridad.
El País
Accidentes evitables y muertes recientes
El 23 de abril de 2025, Fabián Quezada Rain, de 31 años, murió mientras realizaba tareas de mantenimiento bajo el agua. La hélice de la embarcación succionó la manguera de oxígeno que lo conectaba a la superficie, lo arrastró y le provocó amputaciones que le causaron la muerte. "El motor de la embarcación debería haber estado apagado", sostiene Francisco Paredes Adams, abogado de la familia. "Fue una muerte horrible y completamente evitable."
El 27 de enero de 2026, seis trabajadores que prestaban servicio para las empresas Salmones Austral y Trusal murieron en un naufragio en el Estuario de Reloncaví, en Puerto Varas. Solo dos sobrevivieron. Las investigaciones preliminares revelan que las víctimas dormían bajo cubierta con las escotillas como única salida, bloqueadas por seis toneladas de cadenas apiladas sobre la cubierta —material que no debía encontrarse allí—. Los dos sobrevivientes eran los únicos que dormían en la parte superior de la embarcación.
Paredes, que también representa a familias de estas víctimas, denuncia que las empresas obstaculizaron el proceso legal: durante tres meses se negaron a llevar a tierra la embarcación naufragada, pese a una orden de la Armada, lo que impidió a la fiscalía avanzar con la investigación.
Denise Mansilla Otey, de 26 años e hija de una de las víctimas, resume el sentimiento de las familias: "Nos sentimos impotentes y abandonados. Mi padre dejó huérfanos a tres hijos; uno tiene tres años." Claudia Antilez, esposa de Luis Figueroa, otra de las víctimas, agrega: "Nadie nos devolverá al esposo y padre que perdimos. Una muerte que se podía evitar."
Prevención local donde el Estado no llega
En el puerto de Carelmapu, Juana Díaz Delgado, paramédica jubilada de 63 años, gestiona una pequeña sala de prevención de accidentes para buzos artesanales. Cuando llegó al pueblo hace casi 40 años, el equipo médico estimaba que ocurrían uno o dos accidentes diarios y moría un buzo por semana. Tras años de trabajo en educación y asistencia inmediata, el resultado es contundente: en los últimos diez años no registran muertes ni accidentes graves entre los pescadores artesanales de Carelmapu.
El médico Jorge Calderón, de 55 años, instaló en 2006 una cámara hiperbárica en el hospital público de Ancud, en la isla de Chiloé. La herramienta trata el "mal de presión" —la formación de burbujas de gas en la sangre al ascender demasiado rápido de una inmersión—, condición que puede causar parálisis, coma o muerte. El centro atiende a unos 60 buzos por año, la mayoría provenientes de las salmoneras. La cámara más cercana se ubica a más de mil kilómetros de distancia.
"Aquí, en un hospital público y con pocos recursos, estamos haciendo lo que empresas multimillonarias no hacen", señala Calderón. "La mayoría de los accidentes mortales en las salmoneras se podrían evitar."
Este medio contactó al Consejo de Salmón y a SalmonChile para conocer los protocolos de seguridad aplicados a sus buzos, así como a las empresas Salmones Austral y Trusal. Ninguna respondió antes del cierre de esta edición.
FUENTE: El País con aportes de Redacción +P.