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Francia destina 130 millones de euros para arrancar vides y salvar a sus vinos en agonía

¿Puede arrancar 100.000 hectáreas de viñedos rescatar la industria del vino francés, o solo acelerará su declive ante el cambio climático y el rechazo millennial? Francia apuesta fuerte, pero el reloj corre.

El 24 de noviembre de 2025, el Ministerio de Agricultura francés lanzó una bomba en el mundo del vino: 130 millones de euros destinados a un nuevo plan permanente de arranque de viñedos. La medida busca "reequilibrar la oferta" y "restaurar la viabilidad" de explotaciones en regiones vulnerables, como Burdeos, Languedoc-Roussillon y el Valle del Ródano. La ministra Annie Genevard lo presentó como una "inversión estratégica" en un contexto presupuestario "particularmente difícil", supeditada a la aprobación de la ley de presupuestos.

Este arranque implica la eliminación total de cepas y raíces con arados profundos, a un costo aproximado de 1.000 euros por hectárea. No es una novedad histórica –recuerda la orden de Domiciano en el siglo I, que arrancó el 50% de las vides en la Galia–, pero hoy responde a una crisis estructural. Francia, hogar del 11% de los viñedos globales y segundo productor mundial (tras Italia), enfrenta un desequilibrio brutal: sobreproducción crónica y demanda en picada.

Genevard también solicitó al comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, fondos para la destilación de crisis de excedentes no comercializables. Esta práctica convierte el exceso en alcohol industrial, evitando el colapso de precios. En 2023, un programa similar absorbió 300 millones de litros, pero no se replicó en 2024 por falta de consenso presupuestario.

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Crisis triple en viñedos franceses: aranceles USA, Gen Z sin alcohol y 43ºC que secan cosechas en 2025.

Una crisis con 3 pilares: Geopolítica, consumo y clima

Genevard identificó tres pilares de la debacle: tensiones geopolíticas, caída del consumo y cambio climático. En el frente externo, la amenaza de aranceles del 200% de Donald Trump al alcohol europeo en inicios de 2025 –retirada rápidamente, pero seguida por un 15% a exportaciones a EE.UU.– golpea un mercado clave. Expertos estiman una pérdida de 1.000 millones de euros anuales en ingresos de vinos y espirituosos, agravada por fluctuaciones cambiarias.

Internamente, el consumo mundial de vino tocó mínimos de 60 años en 2024, con Francia registrando una caída del 3,6% a 23 millones de hectolitros. Los tintos de gama media-baja, el grueso de la producción, sufren más: la Generación Z (nacidos 1997-2021) abandona el alcohol por completo, según encuestas. En 2024, 211 bodegas francesas quebraron, un récord doloroso.

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Genevard también solicitó al comisario europeo de Agricultura fondos para la destilación de crisis.

El cambio climático: olas de calor a 43ºC en Charente y Aude este verano, sequías que agotan reservas hídricas y un tercio de Europa en alerta por sequía en junio de 2025. La producción francesa 2024 cayó 23% a 36,2 millones de hectolitros, y para 2025 se prevé un descenso adicional del 8%, un 18% por debajo del promedio quinquenal. Regiones como Languedoc-Roussillon pierden por sequías, incendios y 10.000 hectáreas arrancadas desde 2024; Burdeos, con 8.000 hectáreas menos, arrastra efectos de olas de calor previas.

Globalmente, la superficie vitivinícola se contrajo 175.000 hectáreas en cuatro años, con Francia liderando el ajuste. Hasta noviembre de 2025, 5.418 viticultores solicitaron arrancar 27.461 hectáreas, con plazo hasta el 2 de junio de 2026 para cobrar 4.000 euros por hectárea. El plan total apunta a 100.000 hectáreas para 2029, financiado con 120 millones de euros notificados a la UE en septiembre de 2024, más 80 millones coyunturales para el suroeste y sureste.

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Destilación de excedentes y arranque temporal: Metz advierte, calidad sobre cantidad o el sector colapsa.

Arrancar viñedos: ¿Medicina eficaz o riesgo ambiental?

Pierre Metz, socio del Domaine Alain Chabanon en Terrasse du Larzac, resume el pulso del sector: "Sobreproducción y caída del consumo, sobre todo tintos de entrada, a 0,80 euros por litro en Burdeos genérico". Los jóvenes beben menos, vendedores bajan precios y productores, estrangulados, optan por el arranque. Es más económico que destilar o almacenar excedentes, y un viñedo improductivo cuesta caro en mantenimiento (multas por enfermedades).

Existen dos modalidades: permanente (renuncia a replantar por seis campañas, 2024-2029) y temporal (reduce producción 2 años, permite variedades resistentes al calor). Sin embargo, el permanente altera ecosistemas: reduce biodiversidad y, paradójicamente, complica la prevención de incendios. Los viñedos actúan como cortafuegos, ralentizando llamas en discontinuidades de combustible. La UE estima que el 17% más de superficie en Francia estará en riesgo para 2040; un arranque masivo podría exacerbarlo, salvo mitigaciones como setos y labranza (costosas para explotaciones en crisis).

Alternativas emergen: reconversión a hortalizas o cereales, aunque muchos optan por barbecho para evitar inversiones iniciales. Metz aboga por "aumentar calidad reduciendo rendimiento por hectárea", no solo arrancar: "Es una gota de agua sobre una piedra caliente". Apoyo adicional: 5 millones de euros para cotizaciones sociales en 2025, prórroga de ayudas por sequía hasta 2026 y 10 millones para adaptación climática.

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Viñedos como cortafuegos vs incendios: arrancar 100.000 ha puede costar más caro de lo que Francia cree.

"Salvar nuestra industria a largo plazo"

Francia no está sola: Italia creció 7% en 2024, pese a desafíos, y España 18%, aunque por debajo de promedios. La OCM vitivinícola gestiona 260 millones de euros anuales (100M en reestructuración, 100M en infraestructuras, 40M en promoción), clave para el post-2026. El arranque impactará la cosecha 2025, con producción entre 40-42,5 millones de hectolitros, pero aún por debajo de históricos.

Este plan demuestra determinación: "Salvar nuestra industria a largo plazo", dice Genevard. Pero expertos cuestionan si priorizar calidad, enoturismo (ya 25% de ingresos globales) y variedades resilientes no sería más visionario. Para viticultores especializados, es un llamado a la adaptación: el vino francés, icono cultural, no puede ignorar que el mundo cambia más rápido que una cepa.

Fuente: Euronews con aportes de +P