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Golpe al agro chileno: quiebra histórica de Exportadora Santa Cruz tras millonarias deudas

La empresa frutícola, con más de 35 años de trayectoria, entra en liquidación forzosa tras acumular deudas cercanas a los USD 60 millones.

El sector agroexportador chileno enfrenta uno de sus momentos más complejos en los últimos años tras confirmarse la quiebra de Exportadora Santa Cruz, una firma emblemática con más de 35 años de trayectoria en los mercados internacionales. La decisión fue adoptada por el 1° Juzgado Civil de Santiago el pasado 18 de marzo, marcando el cierre definitivo de una compañía que supo posicionarse como referente en la exportación de frutas frescas.

Una crisis anunciada: deudas, pandemia e incendios

De acuerdo con información publicada por Diario Financiero, la empresa acumulaba pasivos cercanos a los CLP$55.000 millones, equivalentes a unos USD$60 millones. Esta carga financiera resultó insostenible, incluso luego de haber intentado un proceso de reorganización en abril de 2023, el cual representaba su segunda apuesta en menos de un año para evitar la liquidación.

La resolución judicial pone fin a un periodo prolongado de inestabilidad económica, en el que la compañía intentó adaptarse a un entorno cada vez más adverso. Entre los factores que explican su caída, la propia administración de la exportadora apuntó a las consecuencias de la pandemia de COVID-19, que alteró gravemente las cadenas logísticas globales, incrementó los costos operativos y redujo la competitividad en los mercados internacionales.

A ello se sumó un hecho crítico: un incendio ocurrido en 2021 que afectó una de sus principales plantas de proceso. Este siniestro impactó directamente en su capacidad productiva y operativa, generando pérdidas significativas y obligando a la empresa a asumir costos adicionales en un contexto ya debilitado. La combinación de estos elementos terminó por erosionar su estructura financiera, dejándola sin margen de recuperación.

La jueza Isabel Zúñiga Alvayay, a cargo del caso, dictó una serie de medidas estrictas para llevar adelante el proceso de liquidación. Entre ellas, se estableció la prohibición de realizar pagos o entregar bienes a la empresa deudora, así como la obligación de que cualquier persona o entidad que posea activos o documentos de la compañía los ponga a disposición del liquidador en un plazo máximo de tres días.

Impacto en la industria y etapas finales del proceso

En paralelo, se abrió un proceso para que los acreedores puedan hacer valer sus derechos. Estos disponen de un plazo de 30 días hábiles, contados desde la publicación oficial en el Boletín Concursal, para presentar los documentos que acrediten sus créditos. Este paso será clave para determinar la forma en que se distribuirán los activos disponibles de la empresa.

El calendario judicial ya contempla fechas relevantes en esta etapa final. El próximo 30 de abril se realizará la audiencia destinada a establecer el derecho a voto de los acreedores, así como la junta constitutiva, instancia en la que se definirán aspectos fundamentales del proceso. Posteriormente, el liquidador designado procederá a la incautación y remate de los bienes de la compañía, con el objetivo de cubrir, en la medida de lo posible, las deudas pendientes.

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La firma arrastraba millonarias deudas y fracasó en su segundo intento de evitar la quiebra en menos de un año.

La desaparición de Exportadora Santa Cruz no solo representa la caída de una empresa, sino también el cierre de un capítulo importante en la historia del sector frutícola chileno. Durante décadas, la firma desempeñó un rol clave en la exportación de productos como cítricos, paltas, kiwis y arándanos, contribuyendo al posicionamiento de Chile como potencia agroexportadora.

Su salida del mercado genera preocupación en toda la cadena de valor. Productores, proveedores y trabajadores se ven directamente afectados por este desenlace, en un contexto donde la industria ya enfrenta desafíos estructurales como el aumento de costos, la competencia internacional y las exigencias logísticas.

En este escenario, la quiebra de la compañía funciona también como una señal de alerta para el resto del sector. La necesidad de fortalecer la resiliencia financiera, diversificar riesgos y adaptarse a un entorno global cambiante aparece como una prioridad urgente para evitar que situaciones similares se repitan en el futuro.

Así, el caso de Exportadora Santa Cruz deja una huella profunda, no solo por su historia, sino por las lecciones que plantea en un momento crítico para la agroindustria chilena.

Fuente: Diario Financiero con aportes de Redacción +P.