El desafío pendiente es la medición precisa de esa absorción a escala de finca. En paralelo, grandes empresas alimentarias han comenzado a ofrecer condiciones de compra más favorables para la materia prima proveniente de suelos con carbono incrementado, lo que amplía el incentivo económico más allá de los mercados de compensación.
En segundo lugar, se habló del relevo generacional. Su falta continúa como uno de los problemas estructurales más graves del sector. La edad media de los agricultores en España alcanza los 62 años, y los jóvenes enfrentan barreras concretas: acceso a la tierra, capital de inversión y disponibilidad de medios de producción.
Expo AgriTech reunió a más de 8.000 profesionales del agro en Málaga.
Diversas comunidades autónomas han puesto en marcha iniciativas para revertir esta tendencia. Murcia lanzó un banco de tierras orientado a nuevos agricultores; la Comunidad de Madrid propone concursos de tierras públicas para su explotación; y Castilla y León desarrolló un programa de extensión agraria digital. En este marco, también se destacó el rol de los agroinfluencers como vectores de visibilidad para el emprendimiento rural.
Le sigue: presión regulatoria, mercados externos y nueva competencia. El contexto macroeconómico y geopolítico continuará condicionando las decisiones del sector. Tres factores concentran la atención: la presión regulatoria europea, las condiciones de los mercados exteriores y la irrupción de nuevos países productores con costos más bajos.
A esto se suma la nueva Política Agrícola Común (PAC), que prevé articular menos presupuesto para ayudas directas. El acuerdo UE-Mercosur representa otro frente de cambios con impacto directo sobre la competitividad de las producciones europeas, incluida la vitivinicultura.
Los primeros 5 puntos se completan con los espacios de datos. Fueron presentados como una tecnología estratégica de primer orden. Se trata de entornos digitales para recoger, almacenar, gestionar y compartir información sectorial de alto valor. En Expo AgriTech se presentaron los planes del Centro Demostrador del Espacio de Datos en Agroalimentación en Andalucía, que promueve el desarrollo de estas infraestructuras en la región.
El reto central no es tecnológico sino cultural: lograr que los agricultores compartan sus datos y perciban ese ecosistema como una oportunidad estratégica y económica concreta.
Los créditos de carbono ya pagan entre 40 y 90 euros por hectárea cultivada.
Otros cinco pilares
A las tecnologías ya instaladas como blockchain, realidad virtual e inteligencia artificial, se suma una preocupación creciente: la ciberprotección. Los expertos insistieron en la necesidad de concientizar a los productores sobre herramientas para blindarse ante el aumento de ataques cibernéticos.
En cuanto a automatización y robótica, el robot Vitibot —especializado en la automatización de trabajos en viñedos— fue uno de los casos más concretos exhibidos en la feria. Los especialistas también reclamaron la relajación de la normativa europea sobre maquinaria autónoma para facilitar su integración en las explotaciones.
El siguiente punto mencionado en Málaga fue a la salud del suelo. Propuestas como las nanotecnologías, las nanoburbujas y la microbiología apuntan a reducir la dependencia de los productores respecto de los fitoquímicos. Asimismo, la pirólisis se explora como alternativa para recuperar suelos afectados por sequía, dado que el biochar puede mejorar la retención de agua e incorporar carbono estable al perfil edáfico.
Por otro lado, la gestión del agua se mantiene como prioridad absoluta. Entre las soluciones presentadas se destacó la hidroinfiltración, desarrollada por el Grupo Operativo Hidrolivar, un sistema que permite que el agua de lluvia alcance directamente las raíces sin acumularse solo en superficie. Las estaciones meteorológicas virtuales y las herramientas de gestión inteligente también se posicionaron como instrumentos clave para la toma de decisiones basada en datos reales.
Finalmente, los productores avanzan hacia modelos de venta directa al consumidor, impulsados por plataformas digitales que garantizan precios más justos y mayor rentabilidad. En el ámbito del retail, emergen esquemas de pago innovadores que articulan acuerdos entre minoristas, agricultores, bancos e instituciones financieras, y que facilitan la adopción de certificaciones que reconocen el impacto positivo de las buenas prácticas productivas.
FUENTE: Tecnovino con aportes de Redacción +P