El crecimiento está vinculado a una mayor búsqueda de productos sostenibles y menos intervenidos, pero también a la intención de pequeños productores de diferenciarse frente a los procesos de industrialización del vino.
Para Nacho Martínez, responsable de catálogo y compras de Decántalo, el fenómeno tiene un antecedente en el crecimiento de la cerveza artesanal. La aparición de productores independientes que comenzaron a elaborar bebidas con identidad propia, generó curiosidad entre los consumidores y abrió la puerta a propuestas alejadas de los productos estandarizados.
La pandemia como punto de inflexión
El crecimiento de las ventas online también está relacionado con un cambio en los hábitos que se aceleró durante la pandemia. El confinamiento llevó a consumidores que hasta entonces desconfiaban de comprar bebidas por internet a incorporar ese canal y, al mismo tiempo, despertó el interés por probar productos diferentes.
El cambio se hizo especialmente visible a partir de 2024. Ese año, la cantidad de clientes que compraron vino natural en Decántalo aumentó un 41%, mientras que la facturación general del catálogo creció un 17,3%. La tendencia continuó en 2025, con incrementos del 29,1% en clientes y del 28,8% en facturación.
El fenómeno no se limita a los consumidores de mayor edad. Las generaciones más jóvenes, particularmente los millennials, muestran interés por productos asociados al territorio, las tradiciones y el comercio de proximidad.
La tendencia se refleja especialmente en el comercio electrónico de vinos naturales.
Beber menos, elegir mejor
Una de las claves de esta transformación es el concepto de mindful drinking, que plantea una relación más consciente con el consumo de alcohol. En ese marco, el comprador presta mayor atención al origen, el proceso de elaboración, el etiquetado y la presencia de aditivos.
La tendencia también demuestra que el consumidor no necesariamente busca una alternativa económica. En Decántalo, el precio medio de las botellas de vino natural aumentó un 16,6% en cinco años. Quienes eligen estos productos parecen estar dispuestos a pagar más por una experiencia asociada con la identidad, la calidad y la sostenibilidad.
La identidad como valor productivo
El crecimiento del vino natural muestra así una transformación que va más allá de una moda de consumo. Para los productores, representa una oportunidad para recuperar prácticas tradicionales, expresar las características de un territorio y construir una identidad propia.
En un mercado donde la cantidad deja paso progresivamente a la búsqueda de experiencias, el vino natural encuentra su fortaleza precisamente en aquello que lo diferencia: menos intervención, mayor conexión con el origen y una historia detrás de cada botella.
FUENTE: Tecnovino con aportes de Redacción +P.