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La vid más antigua del mundo: 450 años de historia y excelencia enológico en Eslovenia

La vid de 450 años en Maribor, Eslovenia, no solo produce vino, sino que genera turismo, exporta esquejes globalmente y refuerza la economía local con su legado.

En el corazón del casco histórico de Maribor, Eslovenia, crece la vid más antigua del mundo aún en producción: una cepa de ametovka de más de 450 años, reconocida por el Guinness Book of Records. Plantada durante la Edad Media, esta vid ha sobrevivido a guerras, incendios, la plaga de la filoxera y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, gracias a su ubicación en las antiguas murallas de la ciudad, los cuidados de generaciones de viticultores y la resistencia genética de la variedad.

Cada año, esta vid produce entre 35 y 55 kg de uvas, que se transforman en 15 a 35 litros de vino, embotellados en exclusivos frascos de 250 ml diseñados por Oskar Kogoj. Estas botellas, reservadas como obsequios protocolares para figuras como Bill Clinton, el Papa Juan Pablo II o el rey Abdullah II de Jordania, son un símbolo de prestigio y generan un impacto económico indirecto al posicionar a Maribor como un destino de enoturismo.

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La vid impulsa la economía local a través del turismo y la exportación de esquejes, plantados en más de 130 localidades en Eslovenia y 84 en el extranjero, incluyendo París, Berlín y Tokio. El festival Stara Trta, que culmina el 11 de noviembre, atrae a miles de visitantes con vendimias ceremoniales, degustaciones y eventos culturales, generando ingresos para hoteles, restaurantes y comercios locales. El museo Old Vine House, con exhibiciones multimedia, refuerza esta oferta turística.

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Además, la vid fomenta la innovación agrícola: un viñedo con sus esquejes en la Escuela Biotécnica de Maribor produce uvas desde 2018, apoyando la educación y la investigación en viticultura. Este legado no solo preserva la biodiversidad genética, sino que también atrae inversión en el sector vinícola esloveno, consolidando a Maribor como un referente en el mercado global del vino.

La vid, cuidada por el vinedresser municipal Stane Kocutar, es un “monumento natural vivo” que simboliza la resiliencia y la identidad de Maribor. Su impacto económico, cultural y turístico demuestra cómo un recurso patrimonial puede convertirse en un motor de desarrollo sostenible.