Momento histórico: primera vinificación colectiva de uvas criollas rescatadas
Las uvas criollas se perfilan como el renacimiento enológico que cambia la vitivinicultura de Argentina.
Tras quince años de investigación sistemática, el INTA Mendoza consolidó la colección de uvas criollas más importante del país: 70 variedades diferentes junto a sus parentales, rescatadas de viñedos centenarios dispersos en distintas regiones.
Este patrimonio genético local, que estuvo a punto de perderse, hoy se transforma en una oportunidad concreta para diversificar la oferta vitivinícola y reposicionar a Argentina en el mapa mundial de los vinos con identidad propia.
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Productores y técnicos evalúan la fenología de Andina y Balsamina en parcelas CREA. Foto: INTA
Caracterización científica de 20 variedades
El equipo liderado por el investigador Santiago Sari seleccionó cuidadosamente 20 variedades que destacaron por su comportamiento agronómico y calidad enológica. Esta caracterización exhaustiva abarca desde la fenología y los componentes del rendimiento hasta el análisis químico completo de la uva y del vino: compuestos aromáticos, fenoles totales, antocianos y estructura polifenólica.
De las 20 variedades estudiadas, 11 son blancas, 4 tintas y 5 rosadas. Esta composición anticipa una enorme versatilidad: vinos frescos y aromáticos, tintos de media estructura con marcada personalidad, y rosados intensos y complejos que responden a las tendencias actuales del mercado internacional.
El análisis sensorial de los vinos experimentales elaborados en el INTA constituye uno de los pilares del proyecto. Los resultados obtenidos están demostrando que muchas de estas variedades no solo alcanzan niveles de calidad competitivos, sino que aportan perfiles organolépticos únicos muy difíciles de replicar con las cepas internacionales tradicionales.
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Vinos experimentales de variedades criollas durante la cata sensorial en INTA. Foto: INTA
De la teoría a la viña y la botella
Un hito reciente fue la firma de un convenio de cooperación con el Movimiento CREA, que permitió multiplicar e implantar cuatro variedades seleccionadas: Andina, Anís, Balsamina y Criolla Chica.
Durante la vendimia 2025, por primera vez se cosechó y vinificó material proveniente de estas parcelas de multiplicación. Los productores participantes pudieron constatar en primera persona que los vinos obtenidos presentan buenos niveles de calidad tanto en la versión blanca como en las elaboraciones tintas y rosadas. Este resultado práctico representa el punto de inflexión que necesitaba el proyecto para pasar de la investigación a la adopción real por parte del sector privado.
El incremento del volumen de uva disponible permite al INTA acelerar los ensayos de alternativas de vinificación: levaduras nativas, maceraciones prefermentativas en frío, crianza en ánfora, uso de madera de diferentes orígenes y tostados, entre muchas otras técnicas que buscan potenciar al máximo el carácter varietal.
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Nace la asociación de variedades Criollas
Paralelamente al trabajo técnico, el INTA acompaña la conformación formal de una asociación civil que nuclea a más de diez productores y elaboradores comprometidos con la revalorización de estas cepas históricas.
Jorge Prieto, investigador del INTA Mendoza y uno de los principales impulsores del movimiento, destacó el nivel de compromiso del grupo: “Estamos en la etapa final de definición del estatuto y reglamento interno. Este año ya colaboraron activamente en la organización del V Encuentro de Vinos y Variedades Criollas y la I Feria de Vinos de Criollas, demostrando que existe una verdadera comunidad dispuesta a trabajar de forma colectiva”.
La futura asociación apunta a objetivos estratégicos: estandarización de criterios de calidad, promoción conjunta en mercados internos y externos, defensa del origen y la identidad, y generación de conocimiento compartido entre productores, bodegas y centros de investigación.