Vitivinicultura argentina: cómo competir con dólar bajo y menor consumo mundial
La vitivinicultura argentina enfrenta atraso cambiario y caída de demanda. Lecciones de Chile y Australia para mantener la competitividad de las bodegas.
Por Jorge Day*
La vitivinicultura argentina enfrenta atraso cambiario y caída de demanda. Lecciones de Chile y Australia para mantener la competitividad de las bodegas.
Por Jorge Day*
La vitivinicultura argentina enfrenta dos problemas simultáneos. Por un lado, cae el consumo mundial de vinos, con menores volúmenes exportados y presión bajista sobre los precios. Por otro, desde 2023 el dólar aumentó menos que los costos argentinos, reduciendo la competitividad exportadora. Si continúa la estabilidad macroeconómica, este escenario podría prolongarse.
Chile y Australia enfrentaron estos problemas en etapas diferentes. Mendoza los enfrenta juntos, con dos desventajas adicionales: la distancia a los puertos y una economía poco abierta. En ese contexto, ¿qué alternativas existen?
Había una diferencia importante con la actualidad: en aquel entonces, el consumo mundial de vinos todavía crecía, al menos hasta la crisis de 2008. Desde entonces, las exportaciones australianas cayeron, mientras las chilenas continuaron aumentando.
Ante costos que suben más que los precios de venta, las empresas pueden vender más, buscar nuevos mercados, mejorar el valor de sus productos, ganar productividad o reducir costos. Chile y Australia combinaron estas alternativas de distinta manera.
En síntesis, Chile logró responder principalmente con más mercados y volúmenes, acompañados por productividad y posicionamiento comercial. Australia, más afectada por la apreciación, dio mayor importancia a la reducción de costos, la diferenciación y los ajustes de capacidad.
Desde la segunda mitad de los años 2010, el consumo mundial de vinos entró en descenso. Las bodegas buscaron mayores márgenes mediante marcas, venta directa y productos adaptados a nuevas preferencias: vinos más frescos, de menor graduación y presentaciones diferentes. Pero estas iniciativas no siempre compensaron la caída de la demanda tradicional.
Por eso, también redujeron la oferta. Australia disminuyó volúmenes procesados y revisó inversiones y activos, aunque persistieron excedentes. En Chile se redujeron viñedos y algunos productores cambiaron de actividad o cultivo.
La enseñanza es que cada problema exige una respuesta distinta. Ante un dólar apreciado, ayudan la productividad, la diferenciación y la apertura de mercados. Ante una demanda mundial que disminuye, también hay que revisar cuánto producir, dónde invertir y qué capacidad conservar. Argentina debe enfrentar ambas dificultades a la vez.
* Responsable de la sección Regional - IERAL (Fundación Mediterránea).
FUENTE: IERAL