“Somos los que más producimos en la zona, aunque hay otros productores”, señaló en diálogo con "Al final de todo" (LU5), al describir el desarrollo del emprendimiento y el lugar que ocupa la producción de huevos dentro de la actividad familiar.
Tres gallineros y una demanda que crece
Actualmente, el establecimiento cuenta con 130 gallinas en distintas etapas de desarrollo, distribuidas en tres gallineros. El plantel incluye pollitas de tres meses y aves de uno y dos años, una organización que permite renovar progresivamente las ponedoras y sostener la producción.
La alimentación se basa principalmente en maíz y se complementa con alfalfa y restos vegetales provenientes de los invernaderos. Las aves reciben alimento dos veces al día y los huevos se recolectan periódicamente para mantener la calidad del producto.
La demanda también fue creciendo. Vidal explicó que cuentan con unos 25 clientes fijos que, con el tiempo, aumentaron sus compras: quienes antes llevaban un cartón de huevos al mes ahora adquieren uno por semana. Esa evolución impulsa la renovación del plantel de ponedoras, aunque la incorporación de nuevas aves depende de las posibilidades del emprendimiento.
Integración y miel artesanal: Las colmenas del predio se nutren de las flores aromáticas de la granja, superando los desafíos del clima para llevar un producto puro y directo al consumidor.
La miel, las flores y las aromáticas
Además de los huevos, la miel constituye otro de los productos centrales de la granja. Las abejas encuentran en las flores de las aromáticas una fuente de alimento, en una relación que integra distintas actividades dentro del mismo establecimiento.
Sin embargo, la sequía afectó el rendimiento de las colmenas durante los últimos años. “Produjimos 150 o 170 kilos, pero hemos llegado a sacar 500 kilos”, contó Vidal, al comparar las cosechas recientes con las de temporadas más favorables.
La comercialización se realiza directamente en ferias y entre los clientes del emprendimiento, sin intermediarios. El ciclo de ventas suele extenderse hasta abril, aunque este año se prolongó hasta junio, una señal de la importancia que tiene la demanda para definir los tiempos de comercialización.
Un abanico de productos propios
El establecimiento también cultiva unas 25 variedades de aromáticas y hierbas medicinales, entre ellas cedrón, burrito y poleo. La diversidad amplía la oferta y permite aprovechar distintos recursos del predio durante el año.
Con la cera de abejas elaboran pomadas y también producen algunos destilados, incorporando nuevas formas de aprovechamiento de las materias primas que obtienen. Así, los huevos, la miel y las aromáticas forman parte de una estrategia que busca diversificar los ingresos y sostener la actividad familiar.
La experiencia de Erna Vidal muestra cómo una pequeña unidad productiva del centro neuquino puede articular granja, huerta, apicultura y transformación artesanal. Con una clientela que crece y una oferta que va más allá de los productos frescos, el emprendimiento apuesta a consolidar la venta directa y aprovechar las posibilidades de la producción local.