Verde y sustentable: La acuaponía permite cultivar hortalizas como lechugas y frutillas reduciendo hasta un 80% el consumo de agua respecto a la agricultura tradicional.
Esta tecnología resulta idónea para zonas con escasez de agua, suelos poco fértiles o reducidos espacios urbanos. Al prescindir del suelo como sustrato agrícola indispensable, es posible instalar módulos verticales, utilizar sustratos porosos locales —como la puzolana o la cascarilla de arroz— o incluso adaptar estructuras mediante cañerías de PVC y contenedores reciclados.
Los orígenes del desarrollo regional
La bióloga e investigadora Andrea Tombari, acuarista desde la infancia, comenzó a integrar conceptos de la química, la física y la geometría para el diseño de instalaciones acuáticas. Tras un primer ensayo en la escuela rural del Valle Inferior ESFA, la iniciativa tomó impulso a partir de 2017 a través de un proyecto de extensión e investigación articulado entre la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el INTA.
Economía circular en el cultivo: Mediante un circuito cerrado, los desechos de los peces son transformados por bacterias en nutrientes para el desarrollo de las plantas.
En las instalaciones experimentales se probaron diversas especies vegetales con resultados favorables: lechugas, tomates cherry, ajos y variedades de frutilla. Asimismo, se incorporó una mirada ergonómica para optimizar las condiciones del trabajo en la huerta, disponiendo los cultivos a alturas accesibles para evitar esfuerzos físicos y adaptando los pasillos para personas con movilidad reducida.
Alimentación, conservación y escala local
A nivel productivo, la experiencia incluyó el aprovechamiento de la carpa y el trabajo junto a profesionales de la gastronomía para desarrollar alternativas de consumo nutritivo a partir de especies presentes en los cursos fluviales. En zonas de baja disponibilidad de hortalizas frescas —como la Línea Sur rionegrina—, la acuaponía ofrece una vía sustentable para el autoabastecimiento local.
Ciencia aplicada a la región: Tras los primeros ensayos escolares en el Valle Inferior, la UNRN y el INTA impulsaron el desarrollo experimental de la acuaponía desde 2017.
Paralelamente, las investigaciones abordan nuevos ejes vinculados a la conservación de la flora y fauna autóctona. Entre ellos se destacan la posibilidad de trabajar siempre con especies nativas y se están realizando ensayos de germinación acelerada de semillas para la restauración de la flora nativa en áreas intervenidas, como parques eólicos.
Otra de las ventajas en la cría de peces es que también se los puede pensar para el consumo. Pero es precisamente ahí donde la cultura se choca con la practicidad: la carne de pescado es poco atractiva para la mayoría de los productores.
Futuro productivo patagónico: Por su bajo costo y versatilidad, la acuaponía se posiciona como un modelo sustentable desde el ámbito hogareño hasta proyectos de mayor escala.
El sistema acuapónico es económico y sustentable. Su versatilidad permite implementar proyectos desde la escala domiciliaria hasta desarrollos de mayor envergadura, consolidándose como una alternativa técnica viable para potenciar la producción agrícola en entornos patagónicos.