René Wilfredo Colque nació en Villa Regina y ahora se afincó en Cipolletti. Forma parte de una asociación de horticultores que administra herramientas (tractores y sembradoras, por ejemplo), de manera comunitaria.
El productor René Colque apuesta a la frutilla para revertir la rentabilidad de la horticultura en el Alto Valle.
René Wilfredo Colque tiene 37 años y nació en Villa Regina. Su vida la pasó junto a los surcos de las huertas en las que trabajaba su familia. Conoce los mercados regionales, como el de Cipolletti, Cinco Saltos y Centenario. Y ha llegado a algunas conclusiones que lo llevaron a romper tradiciones, como el dedicarse a la verdura de hoja o la cebolla: De los casi 180 horticultores de la zona de la Confluencia, solo entre el 10 y el 15% hacen frutas finas. La otra certeza que maneja es que, con los años, de los grupos familiares originales de horticultores, surgieron desprendimientos, algunos se fueron independizando y hoy en la calle, con tal de vender, los precios andan por el piso.
Con eso estímulos, René tomo coraje y plantó 1 hectárea de frutillas, y en otra media hectárea plantó frambuesas y moras. Si bien su padre lo acompaña, este es su proyecto personal.
La chacra que trabaja tiene 5 hectáreas y está ubicada al sur de la ruta 22, en el límite entre Cipolletti y Fernández Oro.
Un gallo pequeño y vistoso picotea unos zapallos y todo es quietud. “Casi todos empiezan con 15 o 20 filas, pero yo arranque como con 70”, dice con cierta picardía. Es su primera vez con este cultivo. Igual ocurre con moras y frambuesas. Puso dos variedades de cada una para ver cual se da mejor en esta zona. Podría decirse que tiene su propia chacra experimental. Y puso el riego por goteo, y cuenta como a fuerza de mejores rendimientos, casi toda la horticultura regional está abandonando el riego por manto.
“Mi familia se dedica a esto hace 25 años. Mi viejo empezó en la fruticultura, en la poda, conjunto con mi mamá, venía en el norte. Yo nací acá, en Villa Regina, junto con mi hermano mayor. Mi hermano menor nació en Centenario, y la última, porque somos 4, nació en Cipolletti”, dice para trazar un resumen familiar.
“La experiencia de todo el trabajo en horticultura la tenemos”, esboza, como quien pone un primer capital sobre la mesa, aunque reconoce que “es un producto nuevo para nosotros, pero seguramente nos iremos adecuando sobre la marcha”. En su caso, cuenta con el asesoramiento de un ingeniero agrónomo privado. “Cuando tenemos una duda de algo, vamos corriendo a verlo a él”.
Sabe que la frutilla es un cultivo “delicado”, pero su método es “recorrer, caminar y observar. Eso hay que hacer todos los días: Ver los riegos, ver si hay alguna plaga”.
Recuerda que su padre tuvo por 10 años un socio que luego hizo su propio negocio. Y a partir de ahí la familia Colque siguió su camino en solitario: “Yo tendría 12 años, y junto con mis hermanos laburamos juntos, todos en conjunto. Y así surgió todo. Hasta el día de hoy seguimos produciendo, pero ya no es la escala que hacíamos antes, porque ahora queremos hacer un cambio, que es la fruta fina”.
Explica la mayor competencia actual desde su propia experiencia. Recordó que “mi familia trabajó con diferentes familias. Algunos trabajaban 2 años con nosotros y se independizaban, como todo productor. Y como mi viejo también lo hizo. Ahora, el problema de la horticultura, es cuando hay mucha producción. Todos queremos vender, y no hay un respeto tampoco entre nosotros. No valorizamos a veces nuestro trabajo, porque sabemos que estamos día y noche en la chacra y, por querer vender, terminamos rematando la mercadería un valor que ni a nosotros mismos no nos sirve, porque el precio no está acorde a los insumos que utilizamos, a los envases, al alquiler de las tierras”.
Ante este panorama, el atractivo de la fruta fina es que permite la opción de obtener más dinero por kilo, por tratarse de una fruta con una fuerte demanda también en la pastelería y la gastronomía.
Para este productor, “la fruta fina tiene un precio que no se desvaloriza tanto como las hortalizas, como la lechuga, el tomate, o el choclo. Hace dos años, por ejemplo, yo directamente no coseché la cebolla. Me querían pagar 2000 pesos o 2.500 pesos la bolda de 18 kilos. Solo el envase sale 500 pesos, más los meses que tenés que esperar, más el abono. Preferí perderla, porque cosecharla era otro gasto innecesario, porque al final iba a salir perdiendo”.
De esa lógica quiere escapar con su cuadro de frutillas, que está rodeado de 4 hilos de alambre eléctrico, para evitar que perros, caballos y otros depredadores arruinen su reciente plantación.
Y si bien la frutilla tiene un costo inicial más alto que el resto de los cultivos, “este cuadro va a quedar 2 o 3 años intacto”.
Parece que los que cultivan frutas finas, no son muy abiertos a la hora de compartir información. René lo ha podido comprobar y reconoce que “son muy celosos los productores de frutas finas, no quieren largar su secreto, tampoco te van a decir la posta. Yo los entiendo, porque nadie te va a tirar cómo se trabaja realmente. Es más, me han dicho algunos que hay cosas que se comparten y otras cosas que no”.
Así de francos son los intercambios, y eso obliga a “encontrarle la vuelta a los golpes, durante el proceso de trabajar en este cultivo. No te van a decir la verdad. Yo los entiendo, porque es un trabajo y una inversión que es bastante pesada”.
Reconoce que el paso inicial “es pesado”, pero una vez plantadas las frutillas “el trabajo, respecto de la mano de obra, no es tanto”. Y agrega que “es un trabajo más liviano de lo que estaba acostumbrado a hacer yo”.
En la media hectárea adyacente “nos mandamos a la frambuesa y a la mora. Tengo dos variedades de frambuesa, una roja y otra amarilla. Y de moras otras dos variedades, una con espina y otra sin espina”.
Y mientras espera a recolectar los primeros frutos dentro de una semana, el horizonte de abre con nuevas posibilidades. Dice que ya planea ampliar la producción, “porque ya en el poco tiempo que tengo en esto, me han ofrecido trabajar para una empresa que hace helado, y a mí me sorprendió”.
Con todos los cañones apuntando a los nuevos cultivos, para el resto de las 3 y media hecrárea restante, tiene pensado poner zapallo “y veré si le pongo otras cosas más, como para no tener los cuadros limpios, pero la idea es que las 5 hectáreas a futuro sean de frambuesa y frutilla”.
Por lo pronto, se prepara para esa etapa. La plantación de moras y frambuesas está pensada para sacar esquejes (tallos), para hacer nuestras propias plantas para ver cuál es la mejor que se adapta a la región.
En este caso, las filas están más separadas que las filas de frutilla. Se planearon de tal modo de que se puedan trabajar con tractor entre las filas. La mecanización lo cambia todo, “aunque ahora, estos meses, hay más mano de obra.
Por el momento, existe una demanda de frutillas insatisfecha, que los mayoristas cubren comprando las primeras frutillas que se producen en el cordón hortícola de La Plata. “Hay una demanda bastante grande ahora, en esta en este mes. Será todo octubre y algo de noviembre”, y no solo motoriza la demanda el consumo doméstico, sino lo que cambia el negocio “es la gente que hace dulces, la gente que hace tortas, o los que hacen helados, que hoy en día están buscando productores de fruta fina que se animen a producir para ellos, Para mí, vincularme con eso, sería un gol de media cancha”:
Una de las claves para convertirse en proveedores de la industria alimenticia, es garantizar al comprador una regularidad, de tal modo que sabe que por determinada cantidad de meses no deberá buscar nuevos proveedores.
René aseguró que “en este rubro, los que trabajan y se dedican a producir y a congelar, venden todo el año (a diferencia de las hortalizas de hoja que suelen ser estacionales si no hay invernadero). Yo los veo a ellos que venden todo el mix de frutos congelados, que va frutilla, frambuesa, mora y algunos le incorporan arándanos, aunque no sea de la región.
Colque orejea sus cartas. Aun no da pasos sin pensar. Pero ha detectado que “hay un crecimiento, hay demanda para para hacer ampliar hacia ese trabajo”.
La demana del mix congelado, viene de al menos una cadena de supermercados que los comercializa. Y el tener un canal comercial abierto “es una de las razones por las que me animo”.
La etapa del congelado implica agregar valor: Recolección, acopio en frio, preparar los envases, congelar y distribuir. “Yo creo que primero hay que producir y después avanzar con los congelados, que ya es otro nivel, que permite vender todo el año, y eso siempre me llamó la atención”.
Por lo pronto, tuvo esperar su turno y traer desde Plottier la máquina que hace todo el trabajo de hacer las filas, con la estructura para plantar la frutilla, que tiene todo riego por goteo.
Ese sistema, es el que ha ganado terreno en toda la actividad hortícola del Alto Valle. Su uso permite, en algunos cultivos, sacar dos o tres cortes más al año, como es el caso de la lechuga o rúcula. Los tiempos de crecimientos son más acelerados, y por eso se va dejando el riego por manto.
René tiene la certeza de que ahí afuera hay una nueva oportunidad. Que existen reposteros, fabricantes de dulces, tortas, y empresas de helados que buscan fruta fina local. Aunque todavía lleva poco tiempo en el rubro, sabe que sostener la regularidad durante todo el año es una de las metas para ganar terreno con sus frutillas.
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