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Crédito del BID: ¿Cómo se financiarán las líneas eléctricas en los campos?

Uno de los productores más experimentados en riego, advierte que las líneas eléctricas previstas, pasan a 7 u 8 kms de la costa del río donde están las bombas.

En el campo del productor de Guardia Mitre, Luis Zágari, los funcionarios y técnicos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que terminaron diseñando un financiamiento de 80 millones de dólares para sumar miles de hectáreas bajo en Río Negro, estuvieron tres veces. Está ubicado apenas se toma la ruta de tierra N°53 que va directo desde el pueblo hasta Conesa. Toda esa zona es la que se pretende poner bajo riego mediante el tendido de costosas líneas eléctricas y transformadores. Zágari hace Horticultura (cebolla) y también cultiva forrajes (cebada, avena, maíz). Pero admite que “la gran pasión mía son las vacas”.

Hace 30 años su padre desembarcó en esta zona con la premisa de comprar un campo con agua. Fue así que comenzaron el desarrollo de un campo que hoy emplea 3 motores diésel para regar los lotes nivelados donde se hacen los cultivos. “Pasamos años reclamando por la luz”, reconoce este productor que, por experiencia, conoce el negocio de los campos de secano bajo riego y pone, como pocos, blanco sobre negro para entender porque es tan atractiva la nueva agricultura en Río Negro.

El componente ambiental

Pone sobre la mesa un componente poco destacado a lo largo de las sucesivas evaluaciones del proyecto y es el ambiental. Las líneas eléctricas permitirán desplazar los motores convencionales. Luis tiene 3 para bombear el agua del río: Uno de 190 hp, y dos de 125 hp. Los que, en época de alta demanda, consumen decenas de litros a la hora, descargan humo al ambiente, gotean aceite y demandan de un despliegue importante de logística. Además, el gas oíl, a 500 kilómetros de Vaca Muerta, pasó de los históricos 90 centavos de dólar, o 1,10 dólares, a los actuales 1,60 dólares por litro.

“Yo no tengo la certeza, pero intuyo que una de las causas por las cuales el crédito fue aprobado, justamente, es por el tema ambiental”, confía en un diálogo ameno y franco con +P. Luego de repasar como es el esquema actual de riego en su campo, admite que “hay un impacto ambiental, que con energía eléctrica no existe. Pasás a tener un motor que no hace ruido, no genera ningún tipo de emisión de gases, no necesita cambios de aceite. Que en definitiva es mucho más limpio y sano.

Luis Zágari analiza los números que explican el auge que tienen los campos de Río Negro que pueden ser regados.

La nueva preocupación

Pero, no todo es un lecho de rosas cuando se mira al futuro a la luz de las nuevas inversiones. Ocurre que muchos productores, los que ya lo hicieron saber a las autoridades, la costa del río queda a unos 7 u 8 kilómetros de la ruta provincial N°53 por donde pasará la línea de alta tensión. Y hay que llevar los cables hasta la costa. Se habla, en los primeros sondeos, de hasta 100.000 dólares el kilómetro. SI así fuera, se estaría ante la necesidad de desembolsos superiores al medio millón de dólares. Y también es necesario comprar los motores nuevos.

“Lo que implica sacar muy bien las cuentas para ver en qué plazo amortizo esa inversión”, dice este productor. Y reconoce que “ese es un planteo que le hemos hecho a esta gente, para que haya algún tipo de crédito. Yo no pido, y nunca pedí, un subsidio, porque no quiero que me regalen nada. Lo que sí, ya sé de varios, que han dicho que, si no tienen un crédito a mediano o largo plazo, les va a resultar muy difícil hacer esa obra. Porque si estamos hablando 10 kilómetros (de nueva red eléctrica adentro del campo), estamos hablando de mucha plata. Y de acuerdo a lo que estuve averiguando, sin mucho detalle, son como 100.000 dólares el kilómetro”, resume al explicar el desafío de mediano plazo que se les abre a los productores de esta comarca.

Un futuro promisorio

De todos modos, luego de haber experimentado por año en su campo, Zágari se muestra muy optimista cuando habla del futuro, sobre todo por lo conveniente que resulta invertir en campos de secano del norte de la Patagonia con agua cerca.

El crédito anunciado por el gobierno provincial, a su criterio, “abre un panorama muy promisorio para este Valle, porque tiene una posibilidad de sumar miles de hectáreas, y porque indudablemente regar con motores a explosión, como riego yo, implica un gasto mucho más elevado que con energía eléctrica”.

Sobre las expectativas, revela que en la actualidad hay gente que ya tiene un campo en la zona, “y no puede ampliarse porque está limitado por la cantidad de energía que les habilitan”.

Y se le pregunta por el horizonte que ve en esa zona a la luz de su experiencia. Confía que, en la zona de Guardia Mitre, “hay gente que adelantó la jugada. Que ha comprado algo y no ha hecho nada esperando. Como inversión. Después hay varios productores que han encarado proyectos por su cuenta y han nivelado. Y después está la otra parte del valle, que va de Guardia Mitre hasta China Muerta, donde empiezan las bardas, y allí la energía ha limitado los desarrollos. Entonces, con esta obra, esa gente va a poder agrandar sus campos. Estamos hablando en total de 40.000 hectáreas de valle. Y no nos olvidemos que arriba de las bardas, hay suelos muy distintos, suelos arenosos, que son mucho más fáciles de trabajar y que te permiten regar con pivot.

Las estimaciones iniciales efectuadas por los equipos técnicos de la provincia y del BID dan cuenta que se pueden sumar otras 20.000 hectáreas bajo riego entre Guardia Mitre y Conesa.

Sin romanticismo

Desmontar y nivelar campos de meseta. Llevar caños. Regar y formar suelos durante años sin recibir en el corto plazo muchas gratificaciones. Todo empujado por un interés, obviamente.

Pero lejos de plantarse en el rol de pionero, Zágari corta con la dulzura:Dejando de lado el romanticismo, esto es un negocio. Y hay gente que ha invertido en esta zona, y los tipos sacan esta cuenta...”. Y se adentra en un asunto medular cuando se buscan explicaciones al “boom” o auge que existe por desarrollar tierras bajo riego. Y la cuenta es la siguiente: Para comprar una hectárea, por ejemplo, en Pergamino, en la denominada “Zona Núcleo” de la agricultura Argentina, se deben disponer de 20.000 dólares. Al mismo tiempo, en la zona entre Patagones y Guardia Mitre, “se han hecho operaciones por 1.000 dólares la hectárea”, y a eso hay que ponerle arriba todo el paquete tecnológico, y antes las labores de desmalezamiento y emparejado. Son otros 2.000 dólares más.

“Entonces, regulando el riego, tienen por 3.000 o 3.500 dólares, una hectárea productiva, que les da casi lo mismo que en la zona núcleo. Entonces, es un negocio inmobiliario y un negocio productivo”, resume una de las explicaciones determinantes para entender lo que está pasando con los campos en el norte de la Patagonia.

Pero a las ventajas ya descriptas, como un acceso a la tierra no muy oneroso, y la disponibilidad de agua, se le suma que “en el caso específico del maíz, por ejemplo, tenemos una amplitud de horas de luz mucho más grande que en otras zonas”.

Y hace una aclaración con tintes bien camperos: “Y si bien los suelos son obreros, porque agarrás una parte que es buenísima, y podés tener otra parte que hay que trabajarla mucho, no es una locura pensar en rindes de 10 u 11.000 kilos de maíz por hectárea. No es nada loco, haciéndolo bien y se puede superar eso”.

Y remata: “Entonces, podés producir a nivel de otras zonas, con costos más bajos, más que nada respecto de la inversión inmobiliaria”.

Pero, se coincide en la charla, que en estos campos patagónicos, hay que hacer llover. Que depende los cultivos, se deben garantizar sobre la tierra entre 800 y 1.000 milímetros al año.

Zágari mientras habla se asoma al río Negro. Vive en Patagones y su casa da al río. Luego de tanto análisis reflexiona: “La zona puede ser atractiva y esto es muy lindo. Soy un enamorado de donde vivo. Pero cuando hablamos de negocios, nadie pone la plata si no tiene perspectiva de hacer negocio”.

A comeinzos de año, una capacitación sobre sistema de riego y energía solar reunió a unos 100 productores en Guardía Mitre.

Qué cultivar y para qué

Una vez que la tierra está lista, hay experiencias anteriores a replicar y es bueno escuchar a los que ya hicieron su intento de ganarle tierras al desierto. Hoy, con precios “interesantes” en dólares, “para poder vender en cantidad, ya sea cebada o un trigo, tenemos un factor distorsivo importante que es el flete. A mí, el flete me representa, del campo a puerto (Bahía Blanca), un 25% del producto. O sea, mando 4 camiones y cobro 3”.

Por eso una de las premisas es maximizar los rindes. Pero los muy buenos rindes “implican un paquete tecnológico acorde, como una buena semilla, buen laboreo, fertilizantes, herbicidas. Y siempre estás mirando para arriba porque en la época de cosecha, podés tener granizo”.

Y Luis no pierde de vista que “nuestros suelos son frágiles”. Hace dos años niveló un lote de 100 hectáreas y le ha puesto centeno “justamente para armar el suelo”.

En su caso, “la cebada es como con el maíz, doble propósito. Si me sale algún negocio bueno a puerto, va a puerto, y si no, la convertirlo en carne”. Se la cosecha, y el grano se usa como alimento de los animales: “Y si bien no es tan eficiente en la conversión como el maíz, dentro de las gramíneas, la cebada está apenas un 20% por debajo en energía que el maíz. Por lo tanto, es perfectamente utilizable”.

El maíz es un capítulo aparte. Zágari comenzó a sembrarlo hace 15 años. Recuerda que “fuí el único restaurant para los chanchos”, y su experiencia lo lleva a concluir que “los jabalíes son como las ratas, se reproducen de una manera infernal”.

En ese momento “tenía una demanda local, de la zona, muy grande de maíz”, pero eso cambió porque en toda la zona “hoy se produce bastante maíz porque hay muchas hectáreas de maíz en el Valle del Guaria Mitre. Entonces, ya esa demanda local se dividió entre muchos proveedores. También se diluyó o se dividió el daño por los jabalíes”.