FERTILIZANTES

Crisis de fertilizantes: el sobrecosto millonario que jaquea al campo de Argentina

¿Puede el agro argentino sostener su rendimiento ante un sobrecosto de USD 180 millones en insumos clave? La crisis de fertilizantes enciende las alarmas.

    El conflicto bélico de febrero de 2026 en Medio Oriente alteró la estabilidad del mercado energético global y provocó una honda crisis en el abastecimiento de fertilizantes. Los ataques contra infraestructura petrolera y el bloqueo en el Estrecho de Ormuz contrajeron con fuerza el flujo de insumos esenciales desde el Golfo Pérsico. Antes de esta crisis, por esa vía marítima circulaba el 20% del comercio de gas natural licuado (GNL) y la cuarta parte (25%) de la urea del planeta. La escalada de precios del petróleo y del GNL disparó de inmediato los costos de producción de urea, amoníaco y azufre.

    La escasez escaló velozmente cuando grandes productores tomaron medidas drásticas. India frenó temporalmente sus plantas de fertilizantes debido a la falta de gas, mientras que China limitó sus exportaciones para asegurar su demanda interna. Esto generó un estrangulamiento de la oferta internacional que duplicó el valor de la urea en comparación con enero de 2026. Si bien la urea no superó los picos históricos del año 2022, la logística sufrió fuertes encarecimientos por el desvío de rutas marítimas.

    La escalada del azufre y los fosfatados

    El mercado de fertilizantes fosfatados también enfrenta tensiones graves debido a factores logísticos e históricos. La escasez de azufre, que representa el insumo base para tratar la roca fosfórica, elevó sustancialmente los costos fabriles. Cabe destacar que la región en conflicto concentra la mitad del comercio de azufre del mundo. Los bombardeos en Qatar e Irán paralizaron la producción local de amoníaco y azufre, lo que duplicó el precio internacional del azufre en relación con enero. Como consecuencia, el superfosfato triple (TSP) escaló un 39% y el fosfato diamónico (DAP) trepó un 27%.

    Estos incrementos profundizan un desequilibrio que ya existía desde fines de 2025. En septiembre de ese año, el DAP registró precios superiores a los de esta última crisis, mientras que el TSP quebró su propio récord poco después. La menor disponibilidad de azufre, el uso creciente de ácido sulfúrico en la minería metálica y las trabas chinas para exportar MAP y DAP sostienen los precios en niveles sumamente elevados.

    El balance importador argentino en rojo

    Argentina sintió de inmediato los coletazos de este escenario adverso. Durante la primera mitad de 2026, las compras externas de fertilizantes sumaron un valor de USD 1.762 millones, el segundo registro más alto de la historia nacional. Este monto récord obedeció a los elevados precios unitarios, ya que los volúmenes físicos resultaron notablemente bajos. De hecho, el país importó apenas 437.000 toneladas de nitrogenados, 767.000 toneladas de fosfatados y 39.000 toneladas de fertilizantes potásicos. Esto conforma el segundo peor desempeño logístico para un primer semestre desde el año 2019, cifra que se ubica apenas por encima del mínimo histórico de 2023, año que sufrió las consecuencias de una sequía extrema.

    La urea sufrió la mayor caída física debido a la escalada en su cotización. En junio de 2026, la compra de nitrogenados retrocedió a niveles de 2015, lo que representa un derrumbe del 60% frente al promedio del último quinquenio. Los fosfatados mostraron un comportamiento similar: registraron su nivel más bajo desde 2018, un 34% por debajo de su media de cinco años. La suba generalizada de valores provocó un sobrecosto teórico de USD 180 millones para el sector agrícola local en el primer semestre de 2026, al comparar los valores con el promedio de 2025 para iguales volúmenes.

    El desafío de la campaña de granos gruesos

    El futuro productivo de la campaña agrícola nacional depende directamente de la evolución del mercado externo de insumos. En condiciones de normalidad, Argentina importa el 50% de sus necesidades de nitrogenados y el 80% de los fosfatados. El problema apremia dado que el 75% de las compras de nitrogenados ingresa durante la segunda mitad del año, momento clave que coincide con la siembra de granos gruesos. Sin una pronta normalización de las cadenas comerciales y de las tarifas, la rentabilidad del agro para el ciclo 2026/2027 enfrentará severas restricciones.

    El RIGI abre una ventana de soberanía

    Frente a esta gran dependencia externa, el nuevo Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) brinda un horizonte optimista. El país genera actualmente entre 1,4 y 1,9 millones de toneladas de fertilizantes anuales según el período. Durante 2025, la industria local produjo 1 millón de toneladas de nitrogenados, 0,4 millones de toneladas de fosfatados y 0,2 millones de toneladas de azufrados. Estas cifras apenas cubren entre el 30% y el 35% de un consumo doméstico que ronda las 5 millones de toneladas de fertilizantes anuales.

    En este contexto, la aprobación de un millonario proyecto de inversión bajo RIGI para construir una planta de urea granulada en Bahía Blanca marca un hito histórico. La obra demandará USD 2.700 millones y aprovechará el flujo creciente de gas natural de Vaca Muerta. Una vez activa, la fábrica elaborará 2,1 millones de toneladas anuales de urea, lo que otorgará al país relevancia a escala global. Con esta producción, Argentina dejará de ser importador neto de urea y podrá abastecer la demanda de Brasil, uno de los principales compradores mundiales.

    FUENTE: Bolsa de Comercio de Rosario con aportes de Redacción +P.

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